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Pulso al Estado

La situación en Cataluña es excesivamente demencial para ser lo que a simple vista parece

Segunda jornada del juicio a Artur Mas por la consulta del 9-N.
Segunda jornada del juicio a Artur Mas por la consulta del 9-N.

La situación en Cataluña es excesivamente demencial para ser lo que a simple vista parece. Un juez cuenta en público importantes secretos de la conspiración en que anda metido sabiendo que sus palabras están siendo grabadas para la televisión; una manifestación contra la ley y los tribunales la encabeza el presidente de una comunidad autónoma; se intenta crear un nuevo Estado contra las normas de derecho internacional.

Es demasiado y demasiado alucinante. Como dijo de su país el escritor y gran guionista de cine Ennio Flaiano: “La situación política en Italia es grave, pero no es seria”. En Cataluña, igual.
Pero algo se nos escapa. ¿Qué se esconde tras el llamado proceso independentista de Cataluña? Quizás es una hipótesis atrevida pero creo que en el nacionalismo catalán todavía hay seres inteligentes que saben perfectamente que el camino emprendido es erróneo y sólo puede conducir a la frustración.

Piensan que todo se precipitó, sin estrategia preparada alguna, tras el 11 de septiembre de 2012; que la Declaración de soberanía de enero de 2013 imposibilitó cualquier diálogo; que las cuentas de los Pujol en el extranjero fueron una sorpresa imprevista y fatal para el proceso; que la farsa del 9-N de 2014 desacreditó al independentismo; que las elecciones, llamadas plebiscitarias, del 27 de septiembre de 2015, demostraron una vez más que la mayoría de catalanes son contrarios a la independencia; que el pacto con la CUP en 2016 ha asustado a muchos catalanistas moderados alejándolos de las opciones separatistas.

En resumen, estos independentistas están convencidos de que no tienen fuerza social suficiente y que la estrategia emprendida no es viable y conduce al fracaso porque al salirse de los cauces jurídicos no tendrá ningún apoyo internacional. Habrá que esperar, por tanto, a mejor ocasión. Todas estas razones, y otras, he escuchado en los últimos años por boca de personas que, aún siendo oficialmente independentistas, están convencidas de que, por el momento, la independencia aún tardará en llegar.

Entonces, ¿qué esperan?, ¿por qué insisten?, ¿qué pretenden?. A mi modo de ver buscan una negociación con el Gobierno siempre que se les asegure una salida que les salve la cara frente a los suyos. Están echando un pulso al Estado para sacar tajada, quedar bien y así salir del maldito embrollo. Han puesto el listón muy alto y no quieren quedar agarrados a la brocha mientras les quitan la escalera. Saben que es tiempo de rebajas pero desconocen el descuento a aplicar. Sacan pecho porque son débiles. ¿Hay que tenderles la mano y ayudarles a salir del hoyo? ¿O hay que dejar que se estrellen solitos?

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