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Las minorías no son de chiclé

Un referéndum sin cuórum contraviene la fórmula de consulta "útil e inclusiva” que propuso el 'president'

Pleno del 'Parlament' el pasado martes. Ampliar foto
Pleno del 'Parlament' el pasado martes. EL PAÍS

Un referéndum de independencia sin cuórum de participación y con un suelo de votos afirmativos del 50% más uno del total de los depositados, es, con la venia, una broma. Contraviene la fórmula de consulta “factible, rigurosa, útil e inclusiva” que el propio president postulaba el pasado 11 de septiembre. Con ese cuórum, aplicados al pseudo-referéndum del 9-N de 2014 (participación del 33% del censo, votos afirmativos del 80,7%), una cuarta parte de los votantes (menos del 27%) habría decidido la secesión: ni es riguroso, ni útil, ni inclusivo.

Una exigua minoría de ese tipo contraría también el paradigma de Canadá, que solía evocar el secesionismo. El Tribunal Supremo federal exigió en su famoso dictamen del 20 de agosto de 1998 una mayoría clara e incontestable de quebequeses indepes, si aspiraban a que su parecer fuera tenido en cuenta por el conjunto de los canadienses.

Incumple también el Código de Buenas Prácticas de la Comisión de Venecia (del Consejo de Europa), actual mantra del independentismo. El código ordena que los referendos respeten “toda ley superior”, con lo que descarta el unilateralismo. Es partidaria de mayorías reforzadas que legitimen el resultado, postula suelos del entre el 55% y el 65% de votos afirmativos a la pregunta. Y en base a ello, la UE impuso a Montenegro un mínimo del 55% de los votos para reconsiderar su relación con Serbia. ¿Será Cataluña más unilateral y menos inclusiva que Montenegro? Si fuese así, Europa le haría la peineta.

El criterio del voto popular, sin mayoría cualificada y ayuno de un cuórum de participación y de otros requisitos democráticos, violaría también el Estatut de Cataluña, base de la legitimidad de su actual Gobierno (como de los anteriores). El texto exige en su artículo 222.1.B:: “La aprobación de la reforma requiere el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros del Parlamento…”. Si el umbral para lo mínimo (reforma) es de dos tercios, también debe serlo al menos para lo máximo (la ruptura), en aplicación del principio romano a minore ad maius: quien no puede lo menos tampoco puede lo más. Y hoy el secesionismo ostenta 72 de los escaños del Parlament, no los 90 que suponen dos tercios.

Las elecciones plebisicitarias del 27-S de 2015 supusieron una derrota del independentismo, en su pretendida cualidad de referéndum: 47,5% de los votos. Aunque le dieran la mayoría de escaños en su vertiente de elección parlamentaria. Todo intento de convertir en chiclé expansivo esa minoría social será un fraude. Y Europa lo sabrá en directo, de primera mano.

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