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elecciones gallegas

Jugar en campo propio

El contexto gallego favorece de manera especial las expectativas del PP

Alberto Núñez Feijóo durante una visita, este viernes, a su pueblo natal.
Alberto Núñez Feijóo durante una visita, este viernes, a su pueblo natal.

El 25-S el PP juega en Galicia en campo propio y sus competidores en campo contrario: el contexto gallego favorece de manera especial las expectativas del PP. En primer lugar, el campo de juego electoral. Baste un dato: los 265.448 habitantes de Ourense con derecho a voto eligen 14 representantes en el Parlamento de Galicia; los 932.947 de A Coruña (3.5 veces más) eligen 25 (solo 1.8 veces más). En segundo lugar, el factor demográfico. Baste otro dato: en la provincia de Ourense, más de un tercio de los potenciales votantes (el 36.2%) se sitúa en la franja de los mayores de 65 años frente al 28.8% (siete puntos y medio menos) de A Coruña o el 26.5% (10 puntos porcentuales menos) de Pontevedra. Allí donde el PP tiene sus mayores fortalezas electorales (Ourense y Lugo, por un lado, y los mayores de 65 años, por otro) la distribución le favorece.

El hecho de que, además, los candidatos competidores sean escasamente conocidos y carezcan entre la población de un perfil político relevante, acentúa aún más las diferencias. La estabilidad y firmeza del modelo electoral gallego —nítida mayoría del PP y fragmentación de la izquierda— contrasta con la relativa fluidez que ofrece la distribución y disputa de los escaños. El centro derecha podría incluso ensanchar su espacio dentro del mapa con la presencia de Ciudadanos. Y el PP verse perjudicado por la mayor capacidad competitiva, sobre todo de los núcleos urbanos, de Ciudadanos en relación a la de UPyD hace cuatro años: mientras el partido de Rivera se aproxima en A Coruña y Pontevedra al 5% necesario para entrar en el reparto de escaños, UPyD se quedó el 2012 en 1.8% y el 1.6%, respectivamente.

En la izquierda se produciría una notable recomposición interna entre las “marcas” políticas —PSOE, BNG y En Marea— a favor de esta última favorecida por una nutrida transferencia de votos del BNG que le permitiría superar al PSOE relegándole a la tercera posición en el ranking autonómico. Se produciría, por tanto, un cambio en el liderazgo opositor de la izquierda que pasaría del PSOE a En Marea.

Todos estos factores nos sitúan ante una campaña de claro ganador anticipado —el PP— y ante un electorado más proclive a la continuidad que al cambio, con la única incertidumbre del efecto que los problemas de la marca nacional del PP pudieran tener sobre los electores populares de A Coruña y Pontevedra.

Marcos Sanz Agüero es analista senior de Metroscopia