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Urkullu convoca las elecciones vascas el 25 de septiembre

El lehendakari asegura que es la fecha "más conveniente" ante la "incertidumbre" de la política nacional

Íñigo Urkullu comparece este viernes para anunciar la fecha de las elecciones vascas.

El lehendakari, Iñigo Urkullu, ha anunciado este viernes que las elecciones autonómicas vascas se celebrarán el próximo 25 de septiembre. Urkullu ha optado por adelantar los comicios vascos con la finalidad de esquivar en lo posible el clima de inestabilidad que se ha instalado en la política nacional por las dificultades para formar Gobierno.

El mandatario vasco ha asegurado que el adelanto electoral está fundamentado en tres razones: el cumplimiento del programa del Gobierno, la culminación de la actividad parlamentaria y porque "se mantiene la incertidumbre e inestabilidad" en la política nacional.

Urkullu ha comunicado públicamente el anticipo electoral en una comparecencia en la sede de la Presidencia tras presidir un consejo extraordinario y comunicar a todas las fuerzas políticas su decisión de adelantar las elecciones. El Boletín Oficial del País Vasco publicará el próximo martes el decreto del lehendakari de disolución de la Cámara autonómica y convocatoria de elecciones.

La convocatoria de los comicios para el último domingo de septiembre impedirá que el PNV, su partido, cumpla con una de las tradiciones más arraigadas en la política vasca, como es la celebración del Alderdi Eguna (Día del Partido), la fecha en que la formación nacionalista aprovecha para inaugurar el curso político en el País Vasco y marcar la hoja de ruta del siguiente año.

Las opciones que le quedaban a Urkullu iban desde convocarlas el 25 de septiembre como fecha más próxima o alargar los plazos hasta el tope máximo del 20 de noviembre. Ha esperado a que el Rey finalizase ayer la ronda de consultas con todos los grupos parlamentarios, que cerró con el candidato del PP, Mariano Rajoy, para anunciar la convocatoria de elecciones en la fecha más próxima. A la vista de que se mantiene la incertidumbre sobre la investidura del presidente del Gobierno y que sobrevuela la posibilidad de convocar unas terceras elecciones generales en menos de un año, el mandatario vasco ha decidido cambiar los planes que tenía previstos.

Aunque su intención inicial era agotar al máximo la legislatura y fijar la cita con las urnas a finales de octubre, justo cuatro años después de las pasadas elecciones autonómicas (el 21 de octubre de 2012), la situación de bloqueo en Madrid ha empujado al lehendakari a precipitar su decisión.

"He decidido convocar las elecciones el día 25 de septiembre con la intención de que el escenario de inestabilidad e incertidumbre de la política española afecte lo mínimo posible a la situación en Euskadi. Esta es la mejor decisión", ha manifestado. La decisión ha sido comunicada mediante un mensaje telefónico al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y trasladada también al presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo (PP), quien recientemente le había confesado a Urkullu su deseo de que vascos y gallegos acudiesen el mismo día a las elecciones, como ha ocurrido en las dos anteriores citas en 2009 y 2012.

Urkullu ha reconocido que esperó a la reunión entre Felipe VI y Rajoy para decantarse por el adelanto electoral y tras constatar que el candidato popular "acepta el encargo de formar Gobierno, pero no dice si se presentará a la investidura". "Se ha perdido un mes desde las elecciones del 26 de junio", ha lamentado el presidente vasco, muy crítico con "la incapacidad de los partidos políticos para llegar a acuerdos" en España.

En su despedida de la legislatura, ha realizado un balance triunfalista de su gestión, de la que ha destacado la aprobación de 34 leyes y 14 planes estratégicos, además de "sentar las bases de la Euskadi del futuro, con la contención de los servicios esenciales de las políticas publicas". El único punto negro, que Urkullu ha calificado de "agujero negro" de sus cuatro años de Gobierno, ha sido "la relación con el Gobierno español", ha dicho en alusión a la falta de sintonía con Rajoy y los numerosos contenciosos que el Ejecutivo central ha planteado contra las decisiones del Gobierno y el Parlamento vascos.

Los cuatro años de mandato de Urkullu, según el balance que él mismo realizó en abril pasado al cumplirse los mil días de gobierno, se han cimentado en el impulso de las políticas de empleo y reactivación económica, lo que ha permitido reducir el número de parados a 128.700 personas y situar la tasa de desempleo en el 12,50%. Su gabinete destacó asimismo el control del gasto corriente en la administración o la reducción del déficit público, muy por debajo de la media nacional.

La actividad legislativa del Ejecutivo autonómico, lejos de los compromisos adquiridos en 2012, ha tenido como principal hito la aprobación de la Ley Municipal, pactada por el PNV y EH Bildu y con el rechazo del resto de formaciones políticas. Es una ley que ha tardado 35 años en establecer el entramado institucional del País Vasco. Y en el tramo final de la legislatura, el Parlamento aprobó en su último pleno, celebrado esta misma semana antes de la disolución de la Cámara, las leyes de turismo y la de reparación y reconocimiento de las víctimas de abusos policiales.

Precisamente, las políticas sobre las víctimas de la violencia y la recuperación de la memoria han sido otro de los puntales de su acción de Gobierno, así como la defensa de un cambio de la política penitenciaria que sea más flexible y permita el acercamiento de los presos de ETA a cárceles vascas.

Sin embargo, Urkullu no ha conseguido avanzar apenas en la tramitación de un nuevo estatus político para Euskadi. La falta de apoyos del PNV en el Parlamento han impedido cumplir la hoja de ruta que se había marcado el lehendakari, quien durante todo su mandato se ha decantado por un modelo pactista con el Estado, frente a la opción rupturista que ha escogido Cataluña para avanzar hacia su independencia.

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