La constitución de las Cortes
Crónica
Texto informativo con interpretación

Pendientes para septiembre

La gente da la espalda a la apertura del Congreso y espera que todo esté resuelto a la vuelta del verano

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El carillón Plus Ultra, inaugurado por Pilar de Borbón en 1993, da las diez de la mañana en la plaza de las Cortes para ver si hay un más allá en la política española, o va a seguir igual el resto del verano. Apenas hay nadie para escucharlo, y es una tristeza ver la estatua de Miguel de Cervantes con el esqueleto de una corona de flores, una especie de flotador de plástico negro con hojas, símbolo del desinterés nacional. Solo hay unas 40 personas frente a la puerta del patio del Congreso, en la acera de enfrente soportando el sol, porque te echa la policía si vas por la otra, la de la sombra y el Parlamento. Hay más gente desayunando en el Museo del Jamón, ahí al lado. En la calle solo hay turistas extranjeros, que ni se enteran de lo que está pasando y preguntan para que se lo expliquen, porque fuera de España, digámoslo, esto no le interesa a nadie, y dentro cada vez menos. No se esperan grandes cosas de esta sesión ni de estos políticos. En ese momento pasa un autobús turístico con una publicidad gigante de una obra teatral, Milagro en casa de los López. Al rato otra del Museo de Cera. Todo muy propio.

“Ya he dicho yo: verás como los periodistas se acercan a preguntarme a mí, que destaco más”, apunta Olga Pallés cuando se le pregunta su opinión. Lo dice porque va en silla de ruedas, tiene perfectamente calados los tics de los periodistas. Es de Barcelona y está de turismo con una amiga, Ana García, y se ha acercado por curiosidad ya que estaba en Madrid, pero no ha visto nada porque han ido tarde, solo a Íñigo Errejón. "Pues por ver un momento histórico, que es cada cuatro años, o bueno, ahora cada cuatro meses", explica. Luego, efectivamente, se acerca otra periodista de una emisora a hablar con ella. No hay mucha gente a la que preguntar, todo el mundo pasaba por allí. Ni un grupito de militantes para animar. Qué diferencia con la última vez, hace seis meses, con un clima efervescente, y esa emoción de muchos de la primera vez, aunque no sabían que iba a ser la primera vez… de este año. Ninguna puesta en escena ni numeritos de los partidos, se acabaron las tonterías. España ya no está para espectáculos, entre otra cosas porque está de vacaciones y espera que a la vuelta esto se haya arreglado. Los políticos son como malos alumnos que tienen que estudiar en verano y deben presentarse en septiembre a ver si ya.

Los curiosos son muy pocos y encima a los diez minutos les echa la policía. "Tienen que circular arriba o abajo, aquí no se puede estar", informa el agente. Parece una exageración, pero la gente se va sin rechistar porque es que en el fondo les da igual, tienen cosas mejores que hacer. Solo aguantan por allí dos pequeños colectivos de manifestantes, los únicos que se han acercado: Recortes Cero, nueve personas, y Derecho a Vivir, siete. Los primeros piden en su pancarta un Gobierno de PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos. Los segundos, muestran carteles con un feto y el lema "¿Quién pacta conmigo?". "Levantad la pancarta, que viene otra tele", dice uno. Para los medios es el único recurso para ilustrar el ambientillo en torno al Parlamento, que en realidad es inexistente. Los de Derecho a Vivir también tienen una unidad móvil de seis bicicletas que pasan por delante del Congreso cada cinco minutos, dando la vuelta a la manzana. "Verás que al final uno se cae, le atropellan", les dice un agente tras reñirles porque pasan por la acera.

Una señora extranjera rubia casi se rompe la crisma al tropezarse con un escalón y sin lugar a dudas fue lo más emocionante de toda la mañana. Entretanto en la puerta del congreso asoma Andrea Levy a hacer entrevistas para las cámaras. Más que lo que dice, sobre consenso, diálogo y otros conceptos de rabiosa actualidad, llaman la atención sus tacones, de más de un palmo de altura. A eso del mediodía ya llevaba 15 entrevistas, confesado por ella misma, camino de récord. Dentro del patio el concepto más manejado, con diferencia, entre periodistas y políticos es "vacaciones". Cuándo se las coge cada uno y a dónde, dicho con expresión de hartazgo. Es implícito el aburrimiento, ya ni se comenta, sobre si habrá Gobierno o no, y cómo. Los políticos intoxican un poquito a la prensa, pero como sin ganas. Es una película ya vista, una reposición veraniega. De hecho, hay sitio de sobra en las tribunas del hemiciclo.

En medio del gentío chirrían tres chavales encorbatados un poco fuera de lugar. Son un caso insólito: resulta que son estudiantes universitarios de Granada, 19 años, han venido por su propia voluntad y se han cogido un autobús a las dos de la mañana, cuatro horas y media de viaje. Luego, se vuelven por la noche. Rafael López y Juan Escribano estudian políticas y derecho, y Jesús Ruiz, bioquímica. Aseguran que no son de ningún partido y lo han hecho solo por interés ciudadano, algo asombroso. Todo esto con la playa ahí al lado de su casa.

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Sobre la firma

Íñigo Domínguez

Es periodista en EL PAÍS desde 2015. Antes fue corresponsal en Roma para El Correo y Vocento durante casi 15 años. Es autor de Crónicas de la Mafia; su segunda parte, Paletos Salvajes; y otros dos libros de viajes y reportajes.

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