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El segundo estreno de Patxi López

El exlehendakari alcanza el puesto más alto de un socialista vasco en la política nacional con la necesidad de armar consensos en una legislatura de “grandes cambios”

El socialista Patxi Lopez.

Patxi López (Portugalete, Bizkaia, 4 de octubre de 1959) parece estar acostumbrándose a los estrenos con regusto histórico. El primer y único lehendakari socialista —salvando al histórico Ramón Rubial al frente del Consejo General Vasco a fines de los setenta— se convierte hoy en el primer presidente del Congreso de un partido distinto al ganador de unas generales. Y, a la vez, en el dirigente socialista de Euskadi que en 130 años de historia del partido más lejos llega en la política nacional: de la calle Coscojales, la vía portugaluja donde creció —“me gusta decir que soy un vasco de Coscojales” es la segunda frase del esbozo autobiográfico que escribió en su blog, numerosas veces repetida al abordar su perfil—, a ser la tercera autoridad del Estado.

“Hasta este lunes no se había hecho a la idea”, dice uno de sus colaboradores más cercanos. Ahora tiene ante sí un papel y una experiencia que pueden resultar claves para armar consensos en “una legislatura de grandes cambios y reformas”, palabras que emplea en uno de sus últimos tuits, escrito el martes a cuenta de la primera reunión del Grupo Socialista en esta legislatura.

López regresa al Congreso como parlamentario por Bizkaia, provincia por la que ya ocupó un escaño entre 1987 y 1989. Con 28 años recién cumplidos, se convertía en el segundo diputado más joven, solo tras José Luis Rodríguez Zapatero. El mismo Zapatero que como presidente del Gobierno urgido a lograr el apoyo del PNV supuso un dolor de cabeza para el entonces lehendakari. Su mayor experiencia en una Cámara legislativa son los 13 años (de 1991 a 2014) como parlamentario autonómico.

En su caso resulta muy cierto el tópico “mamar la política desde la cuna”. Es otra de las partes más repetidas de su perfil: hijo y nieto de obreros del metal de la Margen Izquierda, su padre fue Eduardo López Albizu, Lalo, dirigente del partido en la clandestinidad, varias veces encarcelado, varias veces, como su madre, desterrado. López recuerda en su blog el ejemplo de lucha antifranquista de ambos, los registros policiales mientras él dormía encima de documentos comprometedores, el paso por su casa de buena parte de quienes encarnan más de medio siglo de historia socialista, el ingreso en las Juventudes con 16 años y en el PSOE con 18,… La política es su vida profesional. Por ella abandonó en el último curso los estudios de Ingeniería Industrial y en ella recorrió el escalafón ganando batallas internas hasta hacerse en 2002 con la secretaría general del PSE.

Antes de hoy, el otro día clave en su carrera política llegaba el 5 de mayo de 2009. Los números de las elecciones de dos meses antes daban: 25 parlamentarios propios más 13 del PP de Antonio Basagoiti. Resultado: un pacto para la mayoría absoluta en una Cámara de Vitoria sin la izquierda abertzale y el primer lehendakari socialista, investido esa tarde de mayo, tras tres décadas de hegemonía del PNV. Fue la legislatura de un histórico cambio en Euskadi; fue, sobre todo, la del fin de ETA, en el que López, junto a su fiel Rodolfo Ares y en sintonía con Zapatero en La Moncloa y Alfredo Pérez Rubalcaba en Interior, jugó un papel clave desde un Gobierno autónomo que nació bajo la amenaza explícita de una banda que llegó a trazar planes para asesinarle en 2010.

El anuncio del fin de ETA el 20 de octubre de 2011 le pilló en un tren, de viaje oficial en EEUU. Ese hecho, criticado, incluso hasta la befa, por el nacionalismo, ilustra en cambio, según medios socialistas, su forma de actuar: “Tiene olfato para los momentos clave. Le cuesta decidir, pero cuando, tras escuchar, tiene las ideas claras va adelante hasta el final. Ese día se sabía perfectamente qué iba a hacer ETA y no íbamos a cambiar por esperar lo que llevábamos esperando 40 años”.

Fue la legislatura que intentó normalizar la vida en Euskadi, además de hacer frente a una crisis ante la que tuvo que disparar la deuda pública. Con Mariano Rajoy en La Moncloa, López hizo de sus últimos meses de gestión un ariete contra los recortes populares.

Repetir el cambio en Ajuria Enea era muy difícil con la izquierda abertzale de nuevo legal y López fue derrotado por Iñigo Urkullu en 2012. Tras casi cuatro años de enfrentamiento con un PNV al que le costó digerir su salida del Gobierno vasco, las respectivas necesidades políticas han terminado haciendo a ambas formaciones socias presupuestarias toda la etapa del actual lehendakari.

Los socialistas vascos han vivido en los últimos años un progresivo declive electoral. Obtener en las europeas de 2014 su peor resultado terminó de convencer a López de la necesidad de abandonar la secretaría general. “Era consciente de que debía dar un paso atrás. Ahora participa, pero no tutela a [su sucesora] Idoia Mendia”, indican fuentes de la formación.

Los cuatro últimos años han visto su afianzamiento en la primera fila del socialismo español. Entró en la ejecutiva federal en febrero de 2012 con Rubalcaba, a quien apoyó frente a Carme Chacón. Y repite desde hace año y medio con Pedro Sánchez, al que respaldó contra Eduardo Madina, en otra secretaría de relieve. Convertirse en presidente del Congreso eleva mucho sus activos en la Bolsa del PSOE. Cada vez que se especula sobre hipotéticos candidatos al liderazgo socialista o aspirantes a La Moncloa surge su nombre, aunque su entorno insiste en que “ni se ha planteado” tales opciones. Eso sí, hoy por hoy. Uno de los hombres fuertes de Sánchez, mantiene, según sus próximos, “buena relación” con Susana Díaz.

Su “gran pasión”, reconoce, es su esposa, Begoña Gil, de 48 años, vicepresidenta de las Juntas de Bizkaia y miembro de la ejecutiva del PSE, mucho más que pareja y correligionaria. No tienen hijos. Desde su entrada en la ejecutiva federal, vive a caballo entre Madrid y Bilbao con lo que su vida personal no cambiará mucho. Música, lectura y gastronomía son sus aficiones confesas.

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