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‘Star Wars’ y la inoportuna llamada de la mesa electoral

Vocales y presidentes de mesa renuncian a planes como ver el nuevo episodio de la saga, 'Star Wars', esquiar o celebrar su cumpleaños

Elecciones generales 2015
Mario Torija este domingo en la mesa de Villarejo de Salvanés.

La jornada del domingo será para algunos miembros de las mesas electorales el recuerdo de lo que no hicieron. No fui a esquiar, no celebré mi cumpleaños, no fui a ver Star Wars VII. La nueva película de la saga es un acontecimiento esperado desde hace meses por la granadina Alba Ruiz, estudiante de Turismo de 22 años. Star Wars es algo más que una película para toda su familia. Sus padres vieron en el cine la primera trilogía cuando ella y su hermana aún no habían nacido, y en cuanto tuvieron uso de razón les acompañaron a ver en la gran pantalla los siguientes episodios y viajaron por la galaxia desde el sofá.

"Desde pequeñas nos ponían las pelis originales en casa y nos hicimos fans", recuerda Alba. Su padre, panadero, trabaja de lunes a sábado de dos de la madrugada a tres de la tarde y descansa el resto del día, lo que deja el domingo como única jornada para ir al cine. Por eso, cuando a su madre le notificaron que debía ser segunda vocal en una mesa electoral en Motril este domingo, el primero desde el estreno del filme, el sentimiento fue de decepción. "Somos de ir al cine en familia y es un poco faena porque somos fanáticos de la saga", cuenta Alba.

El reto ahora es aguantar una semana aislados de toda información sobre la película. "No quiero saber nada que me pueda estropear la sorpresa. Hasta estar en Twitter es peligroso", dice inquieta. El próximo domingo toda la familia recorrerá los 66 kilómetros que separan Motril de Granada para ver la película —en 2006 cerró la última sala de cine del municipio— y continuar así con un ritual que trasciende generaciones.

Si para la madre de Alba será la primera experiencia en una mesa electoral, en otros casos la reiteración es el problema. Cuando el padre de Mario Torija le avisó de que la Junta Electoral le había enviado una carta certificada, a Mario no le hizo falta preguntar qué había dentro. Su relación epistolar compite con la que mantiene con bancos o eléctricas y cumple ya varios capítulos: son las cuartas elecciones en las que exigen sus servicios, y salvo contadas excepciones, la ley no permite negarse a formar parte de una mesa.

Mario, ingeniero de telecomunicaciones madrileño de 42 años, ha sido todo lo que se puede ser en el mundo de las mesas electorales: segundo vocal, vocal y presidente. Dada la imposibilidad de ascender en estas lides, este domingo repite en el puesto de segundo vocal en Villarejo de Salvanés, un pueblo de poco más de 7.000 habitantes situado a 54 kilómetros de Alcalá de Henares, donde vive. "Lo primero que pensé fue ¿otra vez yo? Después me di cuenta de que en esa fecha tenía planeado un viaje de esquí con mi mujer y hemos tenido que aplazarlo", lamenta.

La retribución para los miembros de las mesas es de 62,61 euros y una reducción de jornada de cinco horas en el trabajo al día siguiente. "Mucha gente valora eso, pero en mi caso pienso en la gente que hay en paro y a la que le vendría genial ese dinero. Además, soy autónomo por lo que al día siguiente no puedo permitirme el lujo de estar cinco horas sin trabajar", señala. Tras esta nueva llamada, Mario se plantea empadronarse en su actual municipio, aunque reconoce que no lo pasa tan mal durante la votación: "Los políticos que están por allí rondando suelen ayudar llevando los periódicos, cafés, churros... Y al final se pasa de forma amena".

600 kilómetros más al sur, en Ojén (Málaga), un joven cumplirá 23 años comprobando en un listado que el documento de identidad del votante se corresponde con la persona que porta el sobre y aparece en la lista del colegio electoral. No era el plan inicial de José Javier Beltrán, estudiante de psicología en la Universidad de Málaga, que afronta con cierto nerviosismo su rol de segundo vocal. "No sabía prácticamente nada sobre lo que tengo que hacer, pero hemos tenido una charla previa y nos lo han explicado, aunque imagino que me surgirán dudas conforme avance el día", comenta. Responder a las felicitaciones vía WhatsApp será uno de sus entretenimientos durante las horas de menor afluencia de votantes propias de una localidad con una población de algo más de tres mil habitantes. La celebración tendrá que esperar al final del recuento.

Si José Javier está a punto de acabar la carrera, el burgalés Lorenzo Muñoz Hernando la está empezando. La llamada de la democracia ha sido prematura para él: le informaron de que formaría parte de una mesa electoral cuando aún no había cumplido los 18 años, que ahora ya tiene, y si de momento nunca ha introducido un voto en una urna, en un solo día deberá hacerlo centenares de veces mientras pronuncia la palabra "vota" en su condición de presidente de mesa. Entre los sufragios aún no sabe si estará el suyo. Es uno de los millones de indecisos que no tienen clara su opción este 20-D.

Su primera experiencia democrática no le ha hecho gran ilusión por razones prácticas: tendrá que desplazarse desde Madrid, donde estudia filosofía, hasta Burgos, su ciudad natal, donde le toca estar en la mesa. Las cuentas no le salen. "El billete de ida y vuelta me cuesta 40 euros por lo que entre unas cosas y otras no voy a ver el dinero que dan", se queja. A eso se suman tres horas y media en autobús para ir y el mismo tiempo para volver, y elegir entre llegar a su casa en Burgos bien entrada la noche o saltarse la clase de Historia del Mundo Contemporáneo, la última del viernes. El reencuentro con la familia tampoco sirve de argumento. "Ya iba a ir por Navidad".

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