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Por qué Sánchez dijo ‘barriga’ y evitó decir ‘Hendaya’

Quizá porque no estaba previsto que el socialista se le subiera a las barbas a Rajoy en el debate fue por lo que Iglesias y Rivera han salido escandalizados

Es interesante comprobar cómo ha cambiado Pablo Iglesias, el líder de Podemos. Albert Rivera, su compañero en el ámbito de los partidos emergentes, ha sido más armónico en su evolución, pero Iglesias ha pasado mil pueblos, hasta centrarse. Ahora habla de otra manera, ha adquirido modales muy propios de un líder político acomodado a su nuevo lenguaje y pasa de decir exabruptos que en otro tiempo le hicieron notorio en las tertulias y en sus propios programas de televisión. Algunos compañeros suyos lo quisieran desmelenado, pero es verdad que así cala más, dice más cosas: es más interesante, se pierde menos en metáforas que hay que destripar, es más directo y sencillo. Pasó, por ejemplo, de llamar pantuflo en público a un interlocutor a reclamar que en los debates las cosas se digan de otra forma. Forma parte de su evolución, con la que persigue llegar al poder llamando al timbre.

Nada que objetar: Tony Leblanc tiene un chiste famoso sobre cómo refrasear los refranes: en lugar de decir “De los cuarenta para arriba no te mojes la barriga” habría que decir, en aras del buen decoro, “Si has cumplido los cuarenta y vas a Hendaya no pases de la arena de la playa”. Desde mi punto de vista, es mejor la segunda fórmula que la primera, pero a veces barriga es mejor que Hendaya, de cara a situaciones en las que Hendaya queda como una metáfora que duerme a le gente.

A lo largo de estos últimos cuatro años, los que el presidente del PP ha sido jefe de Gobierno, se le ha preguntado por la corrupción en su partido, y las respuestas han sido más de Hendaya, menos de barriga, qué quieren que les diga. En las últimas semanas, los líderes políticos (incluido Iglesias y Rajoy) coincidieron en mostrar a Sánchez como un bambi que ya estaba fuera de la campaña electoral. De pronto salió con la barriga donde se solía decir Hendaya y, como decía Francisco Candel, ¡¡Dios la que se armó!!

Es cierto que después de haber dicho barriga una o dos veces, tres ya parecía demasiado, pero no está uno en la cabeza de los debatientes para hacerles callar cuando no nos gusta lo que están diciendo, ni estamos en la cabeza de los dirigentes políticos (presentes en la sala Vip de La Sexta) para advertir por qué exactamente estimaron que la actuación de su oponente, el que indignó a Rajoy hasta la exasperación (“Hasta ahí hemos llegado”), representaba el fin de la política, si es que ellos tenían otra fórmula para preguntarle por Bárcenas (que fue el meollo de toda la cuestión, al fin y al cabo) o simplemente porque a quien daban por muerto (y bien muerto) había resucitado.

En los poemas de César Vallejo hay una figura, el cadáver que sigue muriendo; sorprendió en las casas (en la mía, por supuesto) que después de haber escuchado tanto sobre Bambi Sánchez resucitara como (también se ha dicho) El Soldado Sánchez. Aquí no se resucita tan pronto, y menos en el curso de una campaña en la que te dan por muerto los adversarios: habría que ser como Jesucristo para aguantar tanto dardo.

Quizá porque no estaba previsto que el socialista se le subiera a las barbas al popular fue por lo que Iglesias, y en menor medida Rivera, han salido escandalizados de que en lugar de quietud hubiera tarantantán, en lugar de Hendaya hubiera barriga.

Tony Leblanc tenía otro chiste, por si no les vale aquel: “Qué horror esa gente que dice ´¡Éramos cuatro y parió la abuela! ¡En lugar de decir: ´Éramos cuatro en casa ya y tuvo un hijo la mamá de papá”. Pues eso es lo que pasa, que quizá esperaban que Pedro Sánchez le hiciera caso a Toni Leblanc, cuando en realidad, vistos los antecedentes, le hizo caso a la historia de otros debates, en los que Hendaya estuvo tan ausente como el parto de la abuela. Cuando acabó el debate y escuché a los partidarios de sí mismos poner verde a Sánchez me pasó por la mente la sensación de que Rivera e Iglesias, pero sobre todo Iglesias, tenían sus argumentos preparados contra tanto si hubiera dicho barriga como si hubiera dicho Hendaya.

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