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El PP teme el tirón por el centro de Rivera en sus siete provincias clave

Los populares diseñan una campaña para que Rajoy recupere los electores que ven a Ciudadanos como una "marca Premium"

Mariano Rajoy, durante su acto con militantes en Finestrat (Alicante), este sábado.
Mariano Rajoy, durante su acto con militantes en Finestrat (Alicante), este sábado.

El candidato Mariano Rajoy actuó ayer en Alicante, la cuarta provincia en población, electores y escaños a reparto de toda España, tras hacerlo hace dos semanas en Valencia, la tercera. El PP se va a volcar con su cabeza de cartel en esta larga precampaña en las denominadas provincias prioritarias, que apenas son siete y donde se juega la mayoría de los diputados para seguir siendo presidente. El PP constata que es en esos territorios donde Ciudadanos le disputa más de 30 actas y la hegemonía del centro, pero como “marca Premium, limpia, que puede hurtar votos también al PSOE”, según fuentes de su dirección.

La mayoría de las encuestas coinciden en una preocupante conclusión para los intereses del actual presidente del Gobierno y candidato del PP. Ciudadanos se acerca en distinto grado en porcentajes de voto estimado a los niveles del PP y del PSOE pero con algunas ventajas a su favor. También con inconvenientes. Los puntos a favor son claros y se comprobaron en la campaña y la noche electoral catalana. Ciudadanos recogió allí con su estilo “nuevo, fresco y no contaminado del pasado” el espacio tradicional del voto útil del centro derecha que ocupaba el PP pero también mordió terreno en otros ámbitos, tanto socialistas como convergentes. El PP espera que ese efecto Albert Rivera en Cataluña no se extienda por toda España y está diseñando una precampaña de Rajoy para amortiguar ese golpe.

Los estrategas de campaña del PP y el propio Rajoy insisten en que siguen siendo la primera fuerza política del país y esa es la condición indispensable para pensar en seguir en La Moncloa. Oficialmente no transmiten temor ante una hipotética “hecatombe” ni por un “hundimiento” que facilite el sorpasso de Ciudadanos ni la victoria del PSOE. No observan ese escenario del PSOE en primer lugar aún en ningún sondeo, ni externo ni interno, y ahora trabajan para limitar al máximo los daños que Ciudadanos va a provocar en sus filas.

El PP mantiene un suelo importante de votantes, esos 5,5 millones de personas que les llevan a contar de partida con más de 100 diputados, pero Ciudadanos le disputa al menos 30 escaños en la siete provincias prioritarias del país. El principal problema a día de hoy de Ciudadanos es su falta de estructura en media España, en las ciudades pequeñas y el mundo rural. Sus carencias de implantación en provincias como Segovia, Ávila, Zamora, Palencia, Huesca, Ourense, Lleida, Lugo o Albacete, donde PP y PSOE se reparten tradicionalmente sus tres o cuatro diputados.

Donde el PP teme que Ciudadanos le dispute unos 30 diputados clave son Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia, Málaga y Sevilla, que reparten en total 127 actas y son además las zonas donde su discurso dirigido a las clases medias profesionales cala mejor y donde tienen más impacto sus estrellas mediáticas.

Rajoy ha estado este sábado en Alicante porque allí se juegan 12 escaños, el PP se quedó con ocho de ellos en 2011 y ahora el último trabajo de Metroscopia da a Ciudadanos cuatro y deja a los socialistas y populares con tres. Algo similar ocurre en Valencia, donde el PP acaparó nueve de sus 16 actas hace cuatro años y ahora se apunta un triple empate a cuatro.

La propia dirección del PP valenciano, renovada tras el fracaso de Alberto Fabra en las autonómicas de mayo lastrado por los casos de corrupción y la crisis, sabe que se juegan allí en parte que Rajoy repita en el poder. Algunos de sus responsables territoriales se lo expresaron en público en un mitin en Finestrat. Y en privado le han trasladado otras dos cuestiones vitales: hay que renovar a fondo y sin miedo las listas y hay que resolverlas cuanto antes. El objetivo es frenar la caída electoral que padecen, superar el mal resultado de mayo (658.000 votos) y acercarse lo más posible al techo logrado en 2011: 1.348.000 votos y 20 actas en el Congreso. Los nuevos dirigentes asumen que superar ahora los 10 diputados, la mitad que entonces, podría ser un buen resultado.

La exigencia inexcusable para abordar ese reto es cambiar el perfil de las listas con candidatos más jóvenes, sin vinculaciones con el pasado y, sobre todo, “más peleones, más luchadores en el día a día de sus provincias, que hagan ruedas de prensa por las comarcas, visiten a los alcaldes y se impliquen más, porque la legislatura que viene será en cualquier caso muy dura: eso es lo que nos está pidiendo a gritos la situación”, admiten fuentes de la dirección actual del PP valenciano.

El rejuvenecimiento lo facilitarán la marcha de los que en 2011 coparon los primeros puestos, como Esteban González Pons, José María Michavila, Ignacio Gil Lázaro, Federico Trillo o Gerardo Camps. Pero para relevarles Rajoy tiene también algunos compromisos, como situar de número uno en Valencia al ministro José Manuel García Margallo, de 71 años.