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Arantza Quiroga se queda fuera de juego al redefinir al PP vasco

La dirección nacional respaldó en un argumentario su polémica ponencia antiviolencia hasta que cedió a las presiones de Alonso

Arantza Quiroga, Iñaki Oyarzábal, Alfonso Alonso, Borja Sémper y Antón Damborenea, durante una reunión del PP vasco en 2014. Ampliar foto
Arantza Quiroga, Iñaki Oyarzábal, Alfonso Alonso, Borja Sémper y Antón Damborenea, durante una reunión del PP vasco en 2014. EFE

Arantza Quiroga lleva dos años planeando por dónde redefinir un nuevo rumbo para el PP de Euskadi tras el final de ETA y cuando se atrevió a dar el paso más valiente se quedó, por error de cálculo, de oportunidad y de estrategia, fuera de juego. Su futuro político ahora parece sentenciado para continuar como presidenta del partido en el País Vasco tras proponer y retirar en 24 horas una ponencia para deslegitimar la violencia terrorista que no exigía de entrada la condena de ETA. El martes acudirá a Madrid para consensuar una salida con la secretaria general, Dolores de Cospedal, una de las pocas aliadas que aún mantiene, pero también en sus horas más bajas y sin fuerza interna.

El PP vasco aún no sabe muy bien qué quiere ser en una Euskadi sin ETA, sin violencia, sin atentados y con unos actores políticos polarizados en otro tipo de mensajes y Bildu intentando fijar su relato. El PP de Euskadi no pudo formar con normalidad sus estructuras, cuadros y sedes durante la época del terror, porque eran la fuerza más amenazada y atacada, y ahora sus dirigentes se sienten aún atenazados por esa herencia, por su pasado y por colectivos como la Asociación de Víctimas (AVT), que tanto les marcaron y ayudaron entonces.

Las pérdidas de votos

Aquel PP llegó a sumar en las elecciones municipales de 2007 un total de 153.200 votos (15,46%) frente a los apenas 102.000 que recabó el PP de Quiroga en las locales de mayo pasado. En el camino de la ambiguedad e indefinición han perdido 50.000 apoyos y casi 100 concejales y cuatro puntos con respecto a las generales de 2011, lo que también tiene que inquietar a Mariano Rajoy ante el 20-D.

Quiroga heredó el cargo de presidenta del PP vasco hace dos años de Antonio Basagoiti y su llamado estilo pop, con incrustaciones modernas y progresistas para esa formación, como los líderes en Guipúzcoa y Álava (Borja Sémper y Alfonso Alonso, Iñaki Oyárzabal y Javier Maroto), con la meta de resetear la formación ante los nuevos tiempos. Hizo algunos movimientos internos, para asentar su poder, pero ya fueron contestados. Apenas ha podido esbozar su impronta.

Su meta estaba fijada en rediseñar un PP para el futuro que no fuera un “tapón” para Euskadi y que pudiera ofrecer alternativas en otros asuntos de progreso que no estuvieran marcados por el monotema de ETA. Para llegar a ese punto había que superar el anatema de la condena a la violencia y los asesinatos. Y la propuesta para abordar ese escollo en una ponencia de “deslegitimación definitiva del terrorismo” en el parlamento, que llevaba encallada años, pareció su momento. El problema surgió por cómo lo planteó, en solitario y sin contar con el conocimiento previo de sus compañeros en Euskadi y en Madrid, y por cómo gestionó luego el fracaso y la retirada.

Antes de que cediera a las presiones de Alonso y su equipo, la dirección nacional del PP envió a sus cargos un argumentario justificando la medida y explicando que no variaba su posición.

Los demás dirigentes claves del PP vasco respaldan, en realidad y con pocos matices, su idea. Los representantes alaveses, encabezados por el ministro Alfonso Alonso, cuestionan sobre todo las formas. Preferirían no hacer ruido ahora, a dos meses de unas elecciones, tener más sensibilidad con las víctimas y haber fraguado antes algunos consensos básicos. Cometido el error, tampoco defienden un cambio de liderazgo precipitado en Euskadi porque ni Alonso ni Maroto tienen marcado en su hoja de ruta regresar a hacer política a su tierra sino a nivel nacional, en una época que se prevé crucial y llena de oportunidades.