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Trillo acusa de mentir al exdirector del CNI: ¿quién dice la verdad?

El exministro de Defensa asegura que los cadáveres de los agentes asesinados en Irak eran "claramente reconocibles", aunque fueron quemados y pisoteados

Trillo y Dezcallar, en diciembre de 2013, tras una comparecencia la comisión de secretos oficiales del Congreso para informar de las circunstancias del ataque que costó la vida a siete miembros del CNI en Irak, en noviembre.
Trillo y Dezcallar, en diciembre de 2013, tras una comparecencia la comisión de secretos oficiales del Congreso para informar de las circunstancias del ataque que costó la vida a siete miembros del CNI en Irak, en noviembre.

El exministro de Defensa y actual embajador del Reino de España en Londres, Fedrico Trillo, ha remitido una carta a EL PAÍS en la que acusa de mentir al exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) Jorge Dezcallar sobre el 11-M o la identificación de los cadáveres de los siete agentes del servicio secreto asesinados en Irak. “En lo relativo a los agentes [del CNI] asesinados en Irak [en noviembre de 2003], lo narrado por el Sr [Jorge] Dezcallar [director del centro en aquella época] es falso de principio a fin”, sostiene Trillo, ya que “en ningún caso se planteó ningún problema [de identificación de los cadáveres] semejante al del Yak-42, puesto que los cuerpos de los agentes asesinados en Irak eran claramente identificables”.

La versión de Trillo

En el periódico EL PAIS de la edición correspondiente al día 1 de octubre se titula una información de la siguiente manera: “Trillo trató de repetir el caso Yak-42” al referirse a los agentes del CNI asesinados en Irak, recogiendo, al parecer, lo narrado en sus memorias por el Sr Dezcallar, entonces director del centro.

Esa información falta totalmente a la verdad.

1.      1.  En lo relativo a los agentes asesinados en Irak, lo narrado por el Sr. Dezcallar y recogido por EL PAÍS es falso de principio a fin.

2.      2En ningún caso se planteó ningún problema semejante al del Yak-42, puesto que los cuerpos de los agentes asesinados en Irak eran claramente identificables. Yo viajé a la zona para recoger los cadáveres y traerlos a Madrid, acompañado entre otros, por el Sr Dezcallar.

3.       3. Los preparativos del funeral los encomendé al prestigioso arquitecto D. Ignacio Vicens, reconocido experto en la organización de eventos públicos –que colaboró de manera desinteresada y puede ratificarlo—al objeto de darle al funeral mayor dignidad y a las familias el debido consuelo.

4.       4. Como ministro de Defensa, no recibí en ningún momento durante la crisis del 11-M ninguna otra versión del Sr. Dezcallar “ni de viva voz ni por escrito” que la que aparece en los informes escritos que se desclasificaron luego por el Consejo de Ministros.

5.       5. Me sorprende, además, que el Sr. Dezcallar diga ahora que dimitió porque, como ministro de Defensa, tendría que habérmelo comunicado. Muy al contrario, el Sr. Dezcallar continuó en su puesto hasta la formación del Gobierno de Rodríguez Zapatero, que le nombró primero embajador ante la Santa Sede y, segundo, embajador en Washington, puestos de máxima confianza. Los hechos históricos hablan por sí mismos y demuestran que al Sr. Dezcallar, en efecto, le “Valió la pena”.

Asegura, además, que no recibió “en ningún momento durante la crisis del 11-M ninguna otra versión del Sr Dezcallar ni de viva voz ni por escrito que lo que aparece en los informes escritos que se desclasificaron luego por el Consejo de Ministros”, en los que se apuntaba a la autoría de ETA. Y expresa, finalmente, su sorpresa de que Dezcallar revele ahora que presentó su dimisión tras la desclasificación parcial y selectiva de informes del CNI sobre los atentados de Madrid "porque, como ministro de Defensa, tendría que habérmelo comunicado y el director del servicio secreto siguió en el cargo hasta que fue relevado por Zapatero".

Consultado por EL PAÍS, Dezcallar no ha querido entrar en polémica con Trillo, pero ha recordado que, como director del CNI, dependía funcionalmente de Aznar (que fue quien le propuso para el cargo y presidió su toma de posesión) y solo a efectos orgánicos (es decir, administrativos), del ministro de Defensa, por lo que fue al presidente del Gobierno a quien le presentó su dimisión, que finalmente retiró.

En cuanto a la autoría del 11-M, las autoridades con las que Dezcallar despachó este asunto -y a las que trasladó sus sospechas sobre la autoría yihadista- fueron, como era lógico, además del propio Aznar, el ministro del Interior, Ángel Acebes, y el secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Astarloa, pero no el ministro de Defensa.

Respecto a la identificación de los agentes asesinados en Irak, el exdirector del CNI se remite a su autobiografía Valió la pena (Península), y recuerda que los médicos del hospital Gómez Ulla fueron testigos de la tensa discusión que mantuvo con Trillo, quien alegaba que tenía órdenes de Aznar para que el funeral se celebrara al día siguiente, aunque los cuerpos aún no estaban plenamente identificados. Dezcallar se plantó y el funeral se celebró cuatro días después de las muertes de los agentes. En el caso del Yak-42 solo pasaron 48 horas desde el accidente aéreo hasta el funeral.

En la versión de Trillo hay dos aspectos que resultan sorprendentes. El primero es que reconozca, implícitamente, que existió un problema de identificación con los cadáveres del Yak-42. En su momento, el entonces ministro de Defensa aseguró que los cuerpos de los 62 militares muertos en el accidente aéreo eran reconocibles y que por eso no fue necesario hacer pruebas de ADN. El segundo es que sostenga que los cadáveres de los agentes del CNI asesinados en Irak eran "claramente identificables". La cadena de televisión Sky News difundió unas imágenes, rodadas poco después del ataque, en las que se veía como una turba pisoteaba los cuerpos de los agentes secretos españoles, que habían sido tiroteados y quemados. En ese caso, sí que se hicieron pruebas de ADN. Treinta de los 62 cadáveres de las víctimas del Yak-42 fueron entregados a sus familias con identidad falsa. Pero eso no se sabía aún entonces.

La versión de Dezcallar

Allí en el hospital, Trillo me dijo que tenía órdenes del presidente de organizar el funeral al día siguiente. No me lo podía creer. Me negué en redondo y discutimos. Trillo insistía en que eran órdenes de Aznar, pero yo me planté y me alegro de haberlo hecho porque además sigo convencido de que Aznar no sabía una palabra de esto. Le dije al ministro que le dijera al presidente que era imperativo identificar bien los cuerpos y que eso llevaría un tiempo que los médicos no eran capaces de determinar de antemano, que mientras los restos no estuvieran identificados con certeza no se podía celebrar el funeral; asimismo estaba seguro de que el presidente entendería que yo no estaba dispuesto a entregar restos equivocados a los familiares y de que tampoco él desearía hacer algo así. […] Pero Trillo seguía insistiendo y la situación se puso un poco violenta, mientras los médicos asistían atónitos a la escena. “Mira ministro –le dije--, mientras los cadáveres no estén debidamente identificados, aquí no hay funeral, y si no se lo quieres decir tú al presidente se lo diré yo”. […] Al final, el ministro aceptó mi postura, que era la misma que defendían los profesionales del Gómez Ulla, y fue él quien habló con el presidente, que tal y como yo pensaba no puso ninguna objeción a aplazar el funeral el tiempo que hiciera falta hasta completar la identificación sin ningún género de dudas.

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