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COLUMNA

¿Qué pretende Artur Mas?

A estas alturas creo que se contentaría, simplemente, con no hacer el ridículo, cosa que no tiene fácil

Nadie sabe con certeza lo que pretende Artur Mas al intentar concurrir a las elecciones en una lista en la que figuren personalidades independentistas ajenas a su partido y contar con el apoyo de las entidades soberanistas que le montan las grandes manifestaciones. Por los mentideros de Barcelona circulan varias respuestas.

Decir que CDC atraviesa su peor momento es quedarse corto, en realidad se está desintegrando, pierde fuerza por todos lados

Una de ellas es que Mas pretende retrasar las elecciones autonómicas al 2016. Ello es lo que desean algunos miembros de su partido y, sobre todo, el establishment catalán, un difuso pero importante grupo de presión social y empresarial que aún confía en Mas, aunque éste haya incumplido todas la promesas que les hizo al empezar su mandato, en especial ser un gobernante business friendly, crear un entorno político favorable para los negocios y el crecimiento económico. De hecho, estos años han resultado ser todo lo contrario por el tiempo perdido con la dichosa cuestión de la independencia. Sin embargo, este patriciado catalán, bastante inepto para la política, aún confía en él porque no le ha encontrado sustituto.

Una segunda respuesta es que Mas quiere pasar a la historia como un patriarca del nacionalismo, el presidente que intentó la independencia aunque fracasara, una figura similar a Macià y Companys. Es posible que esta sea la ambición de Mas, además es humano que lo sea, pero a estas alturas creo que se contentaría, simplemente, con no hacer el ridículo, cosa que no tiene fácil.

Mi impresión es que Mas tiene ganas es de largarse en cuanto pueda... Se ha convertido en un juguete en manos otros, es un simple actor, no es autor ni director

Una tercera respuesta es que Mas quiere evitar el fin de Convergència (CDC), por lo menos el fin de lo que hasta ahora ha sido y representado este partido en Cataluña. Decir que CDC atraviesa su peor momento es quedarse corto, en realidad se está desintegrando, pierde fuerza por todos lados. Durante el último año, el espectáculo de la familia Pujol le ha situado en su lugar: utilizar la bandera para llenar la cartera… de algunos. La decepción de tantos votantes y militantes de buena fe ha sido tremenda y la fuga de votos, espectacular. Cambiar el partido, de dirigentes y hasta de nombre, mendigar ayuda a las entidades soberanistas, son gestos patéticos y significativos. Tampoco lo tiene fácil.

Mi impresión es que Mas tiene ganas es de largarse en cuanto pueda. Había alcanzado la presidencia de la Generalitat para desarrollar una cierta política que no ha podido llevar a cabo: se ha convertido en un juguete en manos otros, es un simple actor, no es autor ni director. No me extrañaría que tras el 27 de septiembre, al comprobar sus magros resultados electorales, utilice la frase que Josep Pla atribuye a Estanislao Figueras, presidente de la I República española, justo un minuto antes de dimitir: "Me voy porque estoy hasta los c… de todos nosotros".