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Gobiernos provisionales

Los resultados en Andalucía inauguran una nueva etapa política, la de los Gobiernos en minoría que adolecen de provisionalidad

Los pactos comprometen, los compromisos señalan, los señalamientos desdicen. Los resultados electorales en Andalucía inauguran una nueva etapa política, la de los Gobiernos en minoría que por su propia naturaleza adolecen de provisionalidad. Ninguna formación política quiere la coalición para evitar colorearse antes de los comicios municipales y autonómicos señalados para el domingo 24 de mayo y de la subsiguiente convocatoria de las legislativas en otoño. Ni siquiera la amenaza compartida, que representa el surgimiento de nuevos actores para los componentes del bipartidismo menguante PPSOE, es capaz de inducirles a ninguna alianza de Gobierno en Sevilla, como tampoco en Madrid donde hubiera podido abrirse un periodo de saneamiento, que extirpara la corrupción más abyecta y diera paso a la reforma conveniente de la Constitución.

Los beneficiarios de las políticas peperas de creación de millones de empleos parecen poseídos por el síndrome de la ingratitud

El presidente Mariano Rajoy se ha empleado a fondo como pregonero de la recuperación económica y heraldo de las bondades inherentes a la estabilidad. Pero los beneficiarios de las políticas peperas de creación de millones de empleos, de mantenimiento del Estado de bienestar, de bajadas de impuestos, parecen poseídos por el síndrome de la ingratitud, incapaces de apreciar el bien que se les hace. Se ha hecho oídos sordos al clamor presidencial contra los “adanes, tertulianos, zascandiles y amateurs”. Tampoco han conmovido al electorado ejemplos como el de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, con el caloret a cuestas.

Un partido que ha señalado hitos históricos como la Ley de Transparencia, que ha multiplicado las leyes contra la corrupción, que ha colaborado con la justicia para el esclarecimiento de los desfalcos, que remitió al juez Ruz el ordenador de su extesorero, una vez eliminado el disco duro como señalan las normas de Génova, que ha rehusado ser partícipe a título lucrativo de los millones afanados y depositados en Suiza al atribuir su pertenencia exclusiva a Luis Bárcenas, que resiste de modo ventajoso la comparación con Cáritas, parece afectado de una parálisis comunicativa, a la que se culpará de los resultados andaluces.

Queda claro que la campaña de la presidenta en funciones y cabeza de cartel socialista ha tenido todos los ingredientes del populismo

Queda claro que la campaña de la presidenta en funciones y cabeza de cartel socialista ha tenido todos los ingredientes del populismo, que sus intervenciones en los debates fueron manifiestamente mejorables, que ayuna de programa prefirió enardecer a los auditorios prodigando cariños. Su adversario principal, Juan Manuel Moreno Bonilla, que lucía la divisa pepera, pareció venirse arriba en Canal Sur y, encandilada, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría le espetó a Susana Díaz un imperdonable “menuda campaña te espera, bonita”.

Ahora, podrá discutirse la dimensión de la victoria socialista pero no el de la derrota popular. Ha sido demasiado fácil conseguirla, pero lograr otro tanto en la cita del 24 de mayo requerirá que Rajoy se emplee mucho más a fondo. Mientras, el disentimiento con el líder pudiera llegar a ponerse de moda. Veremos.