Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El fotógrafo Morenatti insta a ejercer el periodismo hasta el final

El reportero imparte una conferencia en la graduación de la 27ª promoción del máster de periodismo UAM- EL PAÍS

El fotógrafo Emilio Morenatti, durante su conferencia.
El fotógrafo Emilio Morenatti, durante su conferencia.

La guerra. La tragedia. En Pakistán, en Afganistán. La crisis en España, que también ha dejado imágenes de tinte casi bélico. Y el periodista, en el corazón de todo conflicto, metido “hasta la cocina”, arriesgando su propia vida. Sufriendo, como las víctimas, las consecuencias de la barbarie. Es la historia del fotoperiodista Emilio Morenatti (Zaragoza, 1969), una historia de éxito y reconocimiento profesional –por su trabajo ha recibido el World Press Photo o el Premio Ortega y Gasset de periodismo gráfico— pero también de graves secuelas, como la amputación de una pierna que sufrió tras un atentado en Afganistán. El reportero transmitió a los 36 futuros periodistas que este miércoles recogían los diplomas de graduación de la vigesimoséptima promoción de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS que la esencia del oficio está en saber llegar hasta el final de las historias, hasta las últimas consecuencias. “Hay mucho, mucho que contar. Va a depender de lo afilados que seáis”, les interpeló.

El presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, entrega los diplomas del máster de la Escuela UAM- EL PAÍS a los alumnos. ampliar foto
El presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, entrega los diplomas del máster de la Escuela UAM- EL PAÍS a los alumnos.

“Siempre he sido un follonero, siempre he intentado meterme hasta en la cocina”, contó Morenatti en la conferencia que impartió en la Universidad Autónoma de Madrid, con motivo de la ceremonia de clausura del máster, a la que asistieron el expresidente del Gobierno Felipe González, el presidente del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, el presidente de honor de PRISA, Ignacio Polanco, y el rector de la Universidad Autónoma, José María Sanz, entre otros.

El director de EL PAÍS, Antonio Caño, había presentado a Morenatti como “un ejemplo que contradice la degradación del oficio”. Y así, llegando hasta el final de las historias, el reportero, que hoy dirige la agencia Associated Press para España y Portugal, desgranó su propia trayectoria y cómo de un día para otro saltó del periodismo local que durante 15 años había desempeñado en la agencia Efe a enfocar con su cámara la crueldad de la guerra en Kabul.

“Una buena foto es incontestable”, dijo Antonio Caño, director de EL PAÍS

El “punto de inflexión” en su carrera, el paso que le transportó al periodismo de “primer nivel”, le llegó con el conflicto por la ocupación marroquí de la isla de Perejil, en 2002. El fotoperiodista estimuló a los alumnos a tomar la iniciativa para aprovechar las oportunidades. Aquella fue la suya. Pidió días de descanso para viajar hasta la isla porque Efe no estaba interesada en la cobertura. “Hay decisiones que tiene que tomar uno mismo sin que el jefe te lo mande”, admitió ayer. Con su trabajo a pie de campo logró las evidencias —la primera, una simple imagen de una bandera marroquí sobre la roca— que desembocarían en una escalada de tensión entre España y Marruecos que acabaría con el Gobierno español llamando a consultas al embajador marroquí. Hasta el final persiguió Morenatti aquel conflicto y, aunque los periódicos lo daban por terminado, volvió a tomar por su cuenta la decisión de llegar hasta la cocina. En una balsa hinchable se plantó en Perejil, cuando ya todos se habían ido. Algunas de las imágenes que captó entonces no salieron de su disco duro, reveló ayer. En una (que mostró durante la conferencia) podía leerse, grabado en una piedra, “Matar moros”, escrito por los legionarios españoles. La agencia decidió que era mejor no difundirla para evitar mayores controversias. Associated Press le ofreció tras ese trabajo el pasaporte a la guerra de verdad.

“Los fotógrafos no tenemos nada que decir, pero mucho que mostrar", reflexionó ante los graduados. El mejor resumen del mejor periodismo fueron así las secuencias proyectadas de sus fotografías. Ya lo había dicho antes el director de EL PAÍS: “Una buena foto es la verdad más incontestable del periodismo”, apuntó Caño.

Los 36 jóvenes de la 27º promoción se sumaron ayer a los más de 1.100 alumnos con título de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS, que está a punto de cumplir tres décadas. El máster, de dos años de duración, es eminentemente práctico, e incluye prácticas remuneradas en medios del grupo PRISA, también en México o en Bruselas. Bankia ofrece varias becas de estudio. Los aludidos recogieron con interés los consejos de Morenatti. “Yo venía del periodismo local. Como él dice, el máster me ha enseñado a abordar los temas desde una perspectiva más amplia, a buscar las mejores historias y a contarlas en profundidad”, contaba José María Jiménez Gálvez, graduado. Su compañera Marilén Echapare aseguró en su discurso en representación de los alumnos: “Nos han enseñado a que en esta profesión no vale con conformarse, siempre se puede ser mejor”.

Belén Cebrián, directora de la escuela, reivindicó un “gremio desprestigiado pero absolutamente necesario” y pidió a los alumnos que en su futuro profesional ejerzan el periodismo “cerca del poder, pero para vigilarlo”.

El rector de la UAM pide abrir un debate sobre la universidad

El rector de la Universidad Autónoma de Madrid, José María Sanz, aprovechó ayer su discurso con motivo de la ceremonia de graduación de la vigesimoséptima promoción del máster de EL PAÍS para reclamar la apertura de un debate “entre las Administraciones públicas, la comunidad universitaria y el conjunto de la sociedad” para decidir sobre “qué universidad queremos y cuánto estamos dispuestos a pagar por ella”. Sanz reconoció la necesidad de que los campus españoles aborden reformas y afronten “un proceso de modernización e internacionalización”, pero al mismo tiempo clamó contra su “continuo desprestigio”.

“Desde distintos ámbitos se está trasladando a la sociedad una visión tan dañina como falsa de la realidad universitaria, cuando lo que se necesita es confianza, respeto y colaboración por parte de la sociedad y las administraciones”, criticó el rector.

Sanz admitió que “la universidad española de hoy muestra deficiencias y debilidades para poder desarrollarse en un entorno cada vez más competitivo”.

Según datos recientes del Ministerio de Educación, la endogamia alcanza al 73% de los docentes —o lo que es lo mismo, que ese porcentaje del cuerpo docente de la universidad pública del curso 2013/14 estudió en el mismo centro en el que está contratado— . Por otro lado, las clasificaciones internacionales se resisten a las instituciones de educación superior españolas: 12 de los 50 campus públicos nacionales se cuentan entre los 500 mejores del mundo.

En opinión del rector, es necesario “abordar cambios estructurales y de financiación, cambios de gobernanza, racionalización en la oferta de titulaciones y mejorar en sus relaciones con la sociedad”.

“Creemos que el momento actual es un momento de gran responsabilidad, en el que se hace necesario tomar decisiones muy importantes”, pidió Sanz, a la vez que reclamaba un “análisis riguroso en lugar de las simples descalificaciones y la crítica superficial de la realidad universitaria”. Para ello, insistió en que se reconozca “lo excelente, que existe, y lo bueno”. En caso de la universidad que representa, la Autónoma de Madrid, recordó que algunos de los últimos rankings la sitúan entre las 200 mejores del mundo.