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La cocaína incautada a bordo del ‘Elcano’ valía cuatro millones

Uno de los militares detenidos planeaba transportar 300 kilos de droga en 2015

Un guardia frente al pañol con la cocaína.
Un guardia frente al pañol con la cocaína.

El alijo de de cocaína incautado el pasado 30 de julio a bordo del buque escuela de la Armada española Juan Sebastián Elcano habría valido una fortuna en el mercado de la droga: nada menos que 4.194.555 euros, según el informe realizado por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. La titular del Juzgado Togado Militar Territorial número 12, la capitán Patricia Moncada, que acaba de levantar el secreto de sumario, mantiene en prisión a cinco marineros y a un empleado civil, acusados de sendos delitos contra los deberes de la navegación y contra la salud pública. Sin embargo, aún no ha conseguido aclarar la principal incógnita del caso: quién y cómo logró introducir 127 bolsas de cocaína, de un kilo de peso cada una, a bordo del barco, burlando todas las medidas de seguridad. Todo parece indicar que no era la primera vez que el buque más emblemático de la Armada española, calificado de Embajada flotante, era utilizado por las redes del narcotráfico pero es seguro que, de no haberse interceptado el alijo, tampoco sería la última: en una conversación por WhatsApp intervenida judicialmente uno de los detenidos expresaba su intención de doblar la apuesta y trasladar, en el próximo crucero del Juan Sebastián Elcano, de 300 a 400 kilos de droga.

La investigación se inició el pasado 13 de julio, cuando la Homeland Security Investigations (HSI) de EE UU informó a la Guardia Civil de que cinco camellos detenidos en New Jersey con 25 kilos de coca habían señalado a tripulantes del Juan Sebastián Elcano como los suministradores de la mercancía. Gracias a las cámaras de seguridad de un hotel y una bolera — y a la enviada vía móvil por el suministrador de la droga en Colombia a sus clientes norteamericanos para que reconocieran al intermediario— se identificó a los marineros F. J. B. V., R. V. H. y J. E. V. C., todos ellos españoles aunque el último de origen ecuatoriano.

Los tres fueron detenidos el 12 de julio a la llegada del buque a Bueu (Pontevedra), al término de un crucero que le llevó a atracar en abril pasado en Cartagena de Indias (Colombia), donde supuestamente se cargó la droga, y en mayo en Nueva York.

Los tres primeros negaron sus implicación en los hechos, pero sus compañeros M. J. R. F. y F. R. M. S., detenidos en San Fernando (Cádiz) el pasado 29 de octubre, sí confesaron. En este caso, el chivatazo llegó de la agencia antidrogas estadounidense (DEA) que, en una operación en Nueva York diferente a la anterior, detuvo a unos narcotraficantes con 10.9 kilos de cocaína y 5,5 de heroína. De nuevo los supuestos suministradores eran marineros españoles.

F. R. M. S. reconoció que un taxista colombiano les ofreció 16.000 dólares (13.008 euros) a cada uno por llevar ocho kilos de cocaína a Nueva York. Les entregó una faja rellena con ocho láminas, en cuyo interior iba la droga. Una vez en Nueva York, quedaron con su contacto, quien les condujo a una casa en el barrio del Bronx, donde les entregaron 9.000 dólares a cada uno, la mitad de lo prometido. No hubo lugar al regateo: lo primero que hizo el comprador fue poner una pistola sobre la mesa.

Lo que hizo que el caso pasara de ser un mero trapicheo de droga a un tráfico internacional a gran escala fue el hallazgo, el pasado 30 de julio, por parte de los responsables del Juan Sebastián Elcano, de 127 kilos de cocaína. Los paquetes estaban ocultos en el compartimento de cables del pañol del contramaestre, donde prestaban servicio dos de los tres primeros detenidos, pero los investigadores sospechan que debieron contar con algún cómplice, ya que ninguno estuvo de guardia en el pañol donde se halló el alijo.

En teoría, la dependencia estaba cerrada y para poder acceder a la misma había que pedir la llave al oficial de guardia y dejar constancia de ello en un libro de registro. La investigación evidenció, sin embargo, que el registro no era riguroso y que incluso podía existir una copia irregular de la llave, por lo que “no se puede determinar quién y cuándo accedió a ese pañol”.

Por su volumen, los 127 kilos de cocaína no pudieron entrar al barco ocultos bajo la ropa, como dijeron dos marineros. El sumario no arroja ninguna luz sobre este asunto, pero los investigadores sospechan que pudo embarcarse disimulada con los suministros de comida que se compraban en las escalas. Uno de los tres primeros arrestados estaba destinado en la cocina. El último detenido, el pasado 19 de noviembre, fue el cocinero.

 

 

 

El taxista, el cocinero y su mujer

En teoría, los tres marineros detenidos en Bueu ignoraban que sus dos compañeros arrestados en San Fernando se dedicaban también al tráfico de drogas. El único nexo de unión entre ambos era Manolo, el cocinero del Juan Sebastián Elcano. Fue este quien les recomendó a los cinco un taxista de Cartagena de Indias, apodado Mondongo, que podía conseguir cualquier cosa, desde prostitutas y alcohol a un apartamento, y que les ofreció embarcarse en un negocio tan sencillo como lucrativo: llevar cocaína a EE UU.

Al contrario que los marineros, que pueden cambiar en cada crucero, Manolo, o Naca, un trabajador civil, llevaba 18 años en el Juan Sebastián Elcano, por lo que conocía a la perfección cada puerto. Y parece que su papel no se limitaba a recomendar a taxistas locales.

El marinero F. R. M. S. declaró que al llegar a Nueva York se retrasaron unos días en entregar la droga y que Manolo se le acercó para decirle que “el pájaro no había salido del nido”. Además, les pidió a él y a su compañero 2.000 euros, que le pagaron para que guardara silencio, así como una comisión de 1.000 euros en futuros negocios. El cocinero reconoce que transmitió el recado de Mondongo, pues le preocupaba que los narcos pudieran tomar represalias, y negó que hubiese pedido una comisión al marinero, aunque sí admitió que el taxista le ofreció 4.000 dólares (3.252 euros) por transmitir su aviso. A los investigadores les sorprendió el nivel de vida del cocinero. Su compañera sentimental hizo un viaje en avión paralelo al del buque, alojándose en hoteles de lujo en Cartagena de Indias, Nueva York, Dublín o Hamburgo. Lo supo por las fotos que ella colgó en Facebook.