Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

Origen y remedio (parcial) de la corrupción

Unos guardias salen tras un registro en el Ayuntamiento madrileño de Collado Villalba. Ampliar foto
Unos guardias salen tras un registro en el Ayuntamiento madrileño de Collado Villalba.

Ante todo, hay que decir que los resortes del Estado están funcionando, lentamente, pero el trabajo de jueces, fiscales, policías, guardias civiles e inspectores de Hacienda contra la corrupción es admirable. También el de los medios de comunicación. La corrupción absoluta sería que estos resortes no funcionaran, pero lo están haciendo.

En estos días descubrimos que la corrupción se ha transformado. Hace años estaba ligada a la financiación de los partidos y, de ella, algunos espabilados lograban pingües beneficios y los partidos dinero para retribuir a sus excesivos empleados y pagar campañas electorales. Ahora, emerge otra corrupción cartelizada, ramilletes de desaprensivos de todos los partidos y sindicatos saquean cajas de ahorro o trucan concursos públicos o acciones urbanísticas. Y, en paralelo, hay otra corrupción silente, la de colocar a “propios” en las Administraciones, en puestos de trabajo injustificables, que sirven para conseguir votos en las organizaciones partidarias y sindicales.

Los partidos y sindicatos se rasgan ahora las vestiduras. Unos con rapidez, otros con una lentitud que da que pensar qué ramificaciones tendrán sus casos de corrupción. Expulsan sumariamente a sus presuntos, como si eso fuera una absolución que lavara sus culpas.

Pero es que durante años sus organizaciones y dirigentes han consentido esto, porque les venía bien. Sólo cínicamente pueden los dirigentes de los partidos y sindicatos afirmar que desconocían esto. El uso discrecional de las tarjetas de Caja Madrid era conocido, que los consejos de las cajas los habían llenado de personas que no reunían las cualificaciones para estar ahí lo sabían porque ellos los nombraron, que se dedicaban a cobrar por no hacer nada también lo sabían, que en algunas promociones de Cartagena o Valdemoro pasaba algo era conocido, por ceñirnos a lo reciente.

¿Ha terminado esto? No, en algún momento se generó una avaricia enloquecida en la que gente que tenía acceso al dinero decidió quedárselo. El problema es que los partidos y sindicatos no controlaron, ni controlan, a estas gentes. Los sistemas de control de los partidos y sindicatos (congresos, parlamentos internos, elección nominal de los dirigentes y de todos los candidatos a cargos públicos, no sólo los cabezas de lista) fueron inutilizados en los ochenta y noventa para permitir a las direcciones hacer lo que quisieran con su organización, entre otras cosas, para nombrar a muchos discrecionalmente. La inmensa mayoría de los afiliados y cargos de los partidos son personas honestas, sorprendidos y asqueados de todo esto (créanme).

En Alemania y Reino Unido se vota, aquí se designa, ese es el origen y la diferencia de todo

Ellos saben que en los partidos los corruptos son siempre los más leales a la dirección (no al revés necesariamente). Estos “leales” fueron agraciados con estas canonjías, se les permitió olisquear en el urbanismo y en los concursos públicos, tentaron a políticos y funcionarios (estas cosas no serían posibles sin la complicidad de algunos funcionarios, véanse los fraudes en los cursos de formación en varias comunidades que tienen como denominador común la falta de supervisión). Pero los partidos los promocionaron porque con ellos controlaban sus organizaciones, o caían bien a algunos dirigentes. Muchos de estos caraduras son simpáticos.

¿Cómo desenredar esto? Podemos pensar que el caos es inevitable. Mejor confiar en que el PP y el PSOE tendrán altura de miras para sanear sus organizaciones y aprobar una ley de partidos igual que la alemana (que la copien) que regula su actividad interna con contrapesos al poder de los dirigentes. En Alemania o Gran Bretaña los dirigentes están alerta para que no pasen ciertas cosas a su alrededor. Y, si pasan, actúan sin contemplaciones, porque los mecanismos internos los obligan a competir con otros compañeros capaces y ambiciosos que tienen el respaldo de afiliados para exigirles cuentas. Allí se vota, aquí se designa. Esa es la diferencia y el origen de todo.

José Antonio Gómez Yáñez es profesor de Sociología en la Universidad Carlos III y miembro de MasDemocracia.