Guerra abierta en el PP de Madrid

Las últimas encuestas alimentan las teorías sobre la continuidad de Botella y González

Ana Botella (izquierda), Ignacio González y Cristina Cifuentes, en febrero de 2013.
Ana Botella (izquierda), Ignacio González y Cristina Cifuentes, en febrero de 2013.Luis Sevillano

El PP de Madrid, uno de los principales graneros de votos de la formación conservadora, afronta con inquietud la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas de 2015, que la dirección tiene previsto comenzar en septiembre. Mariano Rajoy aún no ha comunicado su decisión sobre quiénes serán los candidatos, y las últimas encuestas —que pronostican una pérdida de la mayoría absoluta, con un 32,5% en el Ayuntamiento y un 36% en la Comunidad, según Metroscopia— alimentan las dudas sobre la continuidad de la alcaldesa, Ana Botella, y del presidente autonómico, Ignacio González.

La propia regidora ha afirmado esta semana que no teme movimientos para desplazarla del cargo que ocupa, sugiriendo así que esas presiones existen. La esposa del expresidente José María Aznar nunca lo ha expresado con claridad, pero su entorno señala que le gustaría que se dieran las condiciones para encabezar la candidatura, en referencia al apoyo de los votantes y de la cúpula de la formación, donde dirigentes como Manuel Cobo, secretario de política local, salen en su defensa: “El PP está orgulloso de su gestión en una época tan difícil para Madrid”.

Botella, que ha atravesado varias crisis —de la tragedia del Madrid Arena a la huelga de los servicios de limpieza—, se muestra fiel al partido y hará, asegura, lo que finalmente decidan Rajoy y la número dos del PP, María Dolores de Cospedal. “Hay una frase: solo hay que tener miedo a tener miedo, y afortunadamente he tenido la suerte en mi vida de que no tengo miedo a nada”, declaró el lunes a Europa Press. Estas palabras llegaron después de meses de incertidumbres, amagos de anuncios y mensajes cruzados en los que destacan cuatro actores: la propia Botella; González; la presidenta regional del partido, Esperanza Aguirre, y la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes.

El 'efecto Cifuentes'

El Nombre de Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, suena en todas las conversaciones sobre el futuro del Ayuntamiento y de la región desde hace más de un año. En el PP se la sitúa como futura candidata a la alcaldía y algunos, incluso, a la Comunidad. Ella evita pronunciarse para no tensar el clima. “No voy a entrar en el asunto de las candidaturas, porque creo que entrar en estos momentos en ese debate a lo único que contribuye es a que haya personas que se pongan nerviosas. No quiero que nadie se ponga nervioso conmigo, todo lo contrario”, declaró recientemente en una entrevista con Efe.

Cifuentes no tiene una dilatada experiencia de gestión, pero en cambio tiene buena relación con María Dolores de Cospedal. En el PP hay quien cree que, entre todas las hipótesis sobre candidatos, es la dirigente que quizá mejor se amolda a las circunstancias actuales de fragmentación política, con vistas a posibles pactos con UPyD. Incluso, señala un cargo del partido, “podría tener perfil de líder de la oposición”, en el caso de que el PP perdiera las elecciones.

Aguirre, sin pronunciarse abiertamente sobre su futuro, ha dejado claro que quiere influir en el proceso de elección. En julio redobló las presiones para que el líder de los populares decida los candidatos y hasta fijó un plazo límite: noviembre. Pero Rajoy, enfrentado a Aguirre desde el congreso de 2008, suele apurar los tiempos y es posible que evite mover fichas si esos cambios no le garantizan resultados.

En este contexto, según fuentes de la dirección del partido, en el PP se contemplan al menos dos escenarios, susceptibles de variar en función de las encuestas. En primer lugar, mantener a Botella y a González, quien quiere seguir y que en los últimos dos años se ha fraguado un perfil propio. En segundo lugar, presentar nuevos candidatos a la alcaldía o a la Comunidad, o a ambas instituciones. Los nombres serían Aguirre y Cifuentes. También circula una tercera hipótesis, que apunta a un perfil político de la máxima confianza de Rajoy, quizá algún miembro del Gobierno, aunque la mayoría le resta credibilidad.

“En política, en general, tiene muchas posibilidades de mantener el puesto quien ya está gobernando, sobre todo en las grandes ciudades y en las comunidades. Porque los partidos son conscientes de que poner a otros supondría reconocer un fracaso”, apunta un veterano miembro de la cúpula. Además, el cambio de candidatos aporta generalmente muy poco diferencial en las encuestas.

Ocurrió en 2002, cuando Aznar llamó a Alberto Ruiz-Gallardón a La Moncloa para pedirle que dejara la presidencia de la Comunidad para frenar el efecto Trinidad Jiménez, la candidata socialista a la alcaldía, que encabezaba todas las encuestas. “Pero en las circunstancias actuales [con el tablero electoral muy fragmentado y la irrupción de Podemos], dos puntos no supondrían un giro”, agrega. Y ni siquiera la hipotética introducción de la elección directa de alcaldes, en la que el PP baraja un premio de mayoría para la lista con el 40% de los votos, le permitiría gobernar. La única buena noticia en la sede nacional del partido es la división de la izquierda y que, según Metroscopia, la mitad de los votantes del PSOE de Madrid no están satisfechos con la gestión que hace su partido en la oposición.

Sobre la firma

Francesco Manetto

Estudió Filosofía y Letras y en 2006 empezó a trabajar en EL PAÍS tras cursar el Máster de Periodismo del diario. En Madrid se ha ocupado principalmente de información política y, como corresponsal en la Región Andina, se ha centrado en el posconflicto colombiano y en la crisis venezolana. Actualmente trabaja en la redacción de Ciudad de México

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