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COLUMNA

Los responsables de una abstención

La UE sigue siendo la historia de un éxito, con los claroscuros que se quiera, pero un éxito.

¿Cómo lograr que los electores acudan a las urnas en los próximos comicios europeos? Este interrogante es el que inquieta a todos los europeístas: la desafección a la UE puede alentar la fuerza de los movimientos populistas y euroescépticos. Comparto este temor. Ojalá no se cumplan estas fúnebres profecías. Pero en buena parte la culpa de haber llegado a esta situación es de quienes ahora la temen.

En efecto, en España - el ejemplo que mejor conozco - la inmensa mayoría de partidos se declaran europeístas y, además, creo que sinceramente lo son. Sin embargo, no se comportan con lealtad a la unidad europea cuando echan la culpa a las instituciones de Bruselas de todas las medidas que puedan ser impopulares y, sin embargo, en privado confiesan que son necesarias. Este victimismo frente a la Unión está en la raíz de esta bajada de la popularidad del ideal europeo.

Al principio parecía que entrar en Europa nos convertiría de golpe en un país tan próspero como Francia, Alemania o los pequeños estados nórdicos. Evidentemente no fue así, los imposibles no suelen darse, al menos cuando lo son de verdad. Pero si echamos la mirada atrás, no muy atrás, tan sólo 25 años, nos daremos cuenta que la colosal transformación social de España en estos años debe mucho a las inversiones provenientes de los fondos de la UE. Pero una actitud así no es europeísta sino simplemente egoísta, fundada en la creencia cierta de que hemos ordeñado con provecho la vaca europea. Ahora debemos pensar de otra manera: los esfuerzos europeos deben dirigirse ahora en otras direcciones, hacia países más atrasados para que nos vayamos igualando en bienestar económico y derechos sociales. Esta ya es una posición europeísta, federal, cooperativa, solidaria.

Pero, además, en la presente crisis formar parte de la Unión ha sido esencial para encontrarle una salida. Las reformas estructurales y el proceso hacia la unión bancaria, aún forzando notables sacrificios (recortes en los gastos de las administraciones públicas, reforma laboral) eran las únicas orientaciones razonables: si los salarios han caído, los precios y los intereses bancarios también. Es por todo ello que la UE sigue siendo la historia de un éxito, con los claroscuros que se quiera, pero un éxito.

Lo que les falta a nuestros políticos es el coraje de proclamar que las políticas impuestas por la UE, aunque momentáneamente sean impopulares, son las únicas que nos pueden conducir a una nueva etapa de crecimiento y bienestar. Dar la culpa a Europa para evadir responsabilidades propias, es una forma de hacer antieuropeísmo y alentar eso tan temido: que los ciudadanos se abstengan de votar.