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OPINIÓN

La importancia del precedente

Los gravísimos acontecimientos de Ucrania ponen de relieve la importancia del precedente en cuestiones jurídicas. En efecto, fuerzas rusas han invadido Crimea o Rusia ha violado la integridad territorial de Ucrania, escojan la expresión que prefieran. En todo caso, razones políticas e históricas aparte, se ha producido una clara vulneración del derecho internacional por parte de Rusia. Ahora bien, esta vulneración tiene precedentes similares y todo ello complica la solución.

Nos podríamos remontar a la primera guerra de Irak en 1992, cuando tropas de numerosos países no solo se limitaron a desalojar a los iraquíes de Kuwait, de acuerdo con el mandato de la ONU, sino que siguieron avanzando hacia el norte, hasta llegar a las mismas puertas de Bagdad, excediendo este mandato. Pero hay casos que ofrecen mayores similitudes con Crimea. En 1998 las tropas de la OTAN —nuestras tropas— bombardearon durante dos meses zonas de Serbia, incluida Belgrado, para apoyar la secesión de Kosovo, entonces una simple provincia Serbia, violando así su integridad territorial. En general nos pareció bien, no hubo manifestaciones populares en favor de Serbia, la sensación general fue que era una guerra, quizás ilegal, pero justa. Al año siguiente, ante el súbito bombardeo de zonas de Georgia con mayoría rusa, Putin manda ocuparlas y crea dos nuevos mini-Estados, Osetia del Sur y Abjasia.

En todos estos supuestos, el derecho es violado flagrantemente. Con la excusa de proteger a las minorías nacionales, que casi siempre ocultan problemas relacionados por el control de los suministros de petróleo y gas, los Estados occidentales, la UE y la OTAN, se saltan cuando les interesa el derecho internacional en nombre de una abstracta justicia. Pero la justicia a secas no tiene justificación alguna si vulnera las normas jurídicas.

El buen juez que imparte justicia según sus propios criterios —en ocasiones muy respetables— pasó a la historia para ser sustituido por la ley general, la única que debe aplicarse sin hacer excepciones, tanto en derecho interno como internacional. Cualquier caso moralmente bien solucionado pero contrario a la ley crea un precedente que sirve para que en otros supuestos la solución sea aberrante. El derecho es un conjunto de reglas que regulan nuestra convivencia, tanto entre individuos como entre Estados, y saltarnos estas reglas —aun con buena intención— conduce al caos. Una buena solución para un caso concreto, al sentar un precedente, puede ser un grave error para casos futuros. Aplicar el doble rasero, uno para los amigos y otro para los enemigos, es la negación del derecho, que debe ser aplicado siempre de acuerdo con el principio de igualdad.

Irak, Kosovo, Georgia: de aquellos polvos vienen estos lodos.