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Los pasos torcidos de Ignacio González

La renuncia a la privatización hospitalaria se suma a los reveses que ha sufrido el presidente madrileño con Eurovegas o el sistema de financiación

Ignacio González, ayer, entre el nuevo consejero de Sanidad madrileño, Francisco Javier Rodríguez, y el saliente, Javier Fernández-Lasquetty. Ampliar foto
Ignacio González, ayer, entre el nuevo consejero de Sanidad madrileño, Francisco Javier Rodríguez, y el saliente, Javier Fernández-Lasquetty.

Ignacio González no ha tenido éxito en ninguna de sus principales decisiones y apuestas desde que accedió a la presidencia de la Comunidad de Madrid en septiembre de 2012. Por más que ha conseguido forjarse un perfil propio en un tiempo relativamente récord —todo un reto si se tiene en cuenta que sucedió ni más ni menos que a Esperanza Aguirre—, el barón del Partido Popular no ha salido bien parado de ninguno de los pulsos que ha planteado. Muchas veces con la dirección nacional de su propio partido.

La renuncia a la privatización de la gestión de media decena de hospitales es el último ejemplo. Los argumentos dados —la incertidumbre y falta de seguridad de las concesionarias que emanaba el proceso, empantanado en los tribunales desde el verano—, no esconden la inquietud que dentro del PP provocaba un horizonte en el que el polémico proyecto siguiese abierto... Con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina y las autonómicas de 2015 asomando en el horizonte.

Con el que más ha chocado ha sido con el Gobierno de Rajoy

Pese a que el Ejecutivo autonómico insiste en las bondades del modelo que planteaba, y al que no renuncia en un futuro, el cambio de paso de González se añade a una larga lista de chascos. El euro por receta fue el primero de ellos. No llegó a estar un mes en vigor (enero de 2013), tras la intervención del Gobierno de Mariano Rajoy, que lo llevó al Tribunal Constitucional con una celeridad que sorprendió a Madrid frente a la intervención más pausada con el Gobierno de Artur Mas, que lo había aplicado medio año antes.

González tampoco ha sido escuchado en la primera batalla que inició, en julio de 2012: un nuevo sistema de financiación autonómico. Por más que la Comunidad reclama más de mil millones de euros y ha denunciado en numerosas ocasiones que beneficia sin fundamentos a Cataluña (CiU), en plena deriva independentista, y a Andalucía (PSOE), el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro (la animadversión es mutua), ha ignorado sus peticiones. Igual que con el déficit asimétrico. Las expectativas, retrasadas una vez más, pasan porque se revise el sistema el próximo julio y se aplique con carácter retroactivo. Sería un gesto que en Madrid esperan como el maná. Especialmente después de los 2.700 millones que la Comunidad recortó de una tacada el ejercicio pasado. Ese fue el estreno de González tras la precipitada marcha de Aguirre, que cada vez más ven como una espantada. Sin un candidato decidido para 2015, el PP se arriesga seriamente a perder uno de sus prioritarios caladeros de votos tras 20 años de Gobiernos ininterrumpidos de la derecha.

Con tan poco margen, en el PP de Madrid y el Ejecutivo autonómico valoran que González haya aplicado la mayor rebaja fiscal (en vigor desde el pasado 1 de enero) realizada nunca por una autonomía. Y destacan que por primera vez en 30 años se hayan congelado las tarifas del transporte público. O las del agua.

Unos gestos que no le han valido al dirigente del PP para tapar el fiasco de Eurovegas, el mayor en la etapa de González a los mandos de la Comunidad. De un plumazo, los 17.000 millones en inversión y los 250.000 empleos prometidos se volatilizaron. Como si fueran un castillo en el aire. Como la candidatura olímpica de Madrid 2020, que al Gobierno regional tocó de refilón. Sin ases en la manga, con Barajas sin terminar de repuntar, el turismo a la baja y el desempleo engrosando sus cifras —690.000 parados (21,03%, cinco puntos por debajo de la media nacional) según la última EPA, la mayor subida de toda España con 25.600 desempleados más—, González afronta meses de incertidumbre. Y sin quitarse de encima la sombra que rodea a su ático de lujo en Estepona.

Pese a todos los lastres que se le acumulan, González mantiene todavía sus opciones, según distintas voces autorizadas. “Con la renuncia a la externalización de la gestión de los hospitales y la dimisión de Javier Fernández-Lasquetty ha soltado lastre”, observan en el PP. “Queda libre para gestionar con lo que hay”, añade otra fuente autorizada.

Aun así, el cierre de filas que el Partido Popular pretendía transmitir ayer en la toma de posesión del nuevo consejero de Sanidad, Francisco Javier Rodríguez, quedó aguado por la ausencia de Esperanza Aguirre. El centenar de cargos populares que acudió en masa a la sede del Gobierno madrileño no disimuló la baja de la presidenta del PP regional. Mientras Rodríguez juraba su cargo y “recomponer las relaciones maltrechas” con los profesionales de la sanidad, Aguirre permaneció en la sede del partido en Génova. “Desde que dejó de ser la presidenta regional, Esperanza no asiste a las tomas de posesión de los consejeros. Que no estuviera fue un gesto de deferencia a Ignacio González, no un feo”, argumentan desde el partido. “Que no acudiera fue relevante, su presencia no hubiera molestado... Habría venido bien”, reflexiona otro alto cargo.

El primer pulso que perdió fue su intento de aplicar el euro por receta

Quien sí estuvo fue Manuel Cobo, el exvicealcalde de Madrid y exconsejero de Presidencia con Alberto Ruiz-Gallardón. Cobo y Aguirre pugnaron en 2004 por la presidencia del partido en Madrid. Rodríguez fue uno de los pocos que apoyó a Cobo abiertamente frente a la candidatura de Aguirre, ganadora de aquel proceso: Cobo perdió la carrera al no reunir los avales necesarios.

Mientras a González le rodean las dudas, el que más claro tiene el panorama desde el lunes es Lasquetty. Ya fuera del Ejecutivo autonómico, ahora combinará sus funciones como diputado regional y vicepresidente del PP de Madrid. Bajo el ala de Aguirre, de la que casi no se ha separado desde 1994. “Desde entonces han pasado 20 años, y en todo este tiempo Lasquetty ha sido fiel al partido, errara o acertase”, le valoran internamente en el PP. Justo al revés que en la calle, por más que su relevo en Sanidad afirme que ha sido “el mejor” consejero de la cartera. Los vítores chocan con el poso ideológico que se terminó dando al proceso de privatización, o con los errores o “las cabezas de playa” en los pliegos de los contratos con las adjudicatarias que sirvieron para paralizar la iniciativa en los tribunales.

Con todo, el abrazo que Lasquetty se dio con González frente a la puerta principal de la sede de la Comunidad, con el kilómetro cero y algunos viandantes como testigos, corrobora la tesis de que el consejero de sanidad se quemó de forma voluntaria por el partido y el Gobierno autonómico. Asumiendo, casi en solitario, el desgaste del plan de privatización. Un plan del que González sale tocado. Habrá que ver cuánto.