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ANÁLISIS

Referéndum contra la crisis

En la entrevista realizada este lunes al presidente catalán, tres cuartas partes de su duración fueron destinadas al referéndum de autodeterminación que los partidos soberanistas han pactado para celebrar el 9 de noviembre del año próximo. Artur Mas, no obstante, dio a su soberanismo un efecto multiusos con varios objetivos. El primero, consolidar su liderazgo –“la pregunta de la consulta es mía”, dijo-; el segundo para lanzar su mensaje de buena administración, pobre pero honrada, al afirmar que Cataluña es la comunidad más transparente de España. Y el tercer objetivo era el de convertir la consulta en un mensaje social “para construir un país que valga la pena, con políticas públicas, sanidad, educación y servicios sociales”.

Las virtudes del referéndum –en el que de celebrarse Mas votará “sí” y “sí”- topan con algunas defectos. La falta de diálogo de Mariano Rajoy, a juicio del presidente catalán, es el principal. Hay otros accesorios pero no de menor calado: nadie sabe cómo se van a contar los votos de esa consulta con tres variaciones válidas posibles. Pero, como en el poema de Kavafis debió pensar Mas, camino de la anhelada Ítaca lo importante no es llegar, sino lo que se puede aprender en el trayecto. Y en ese camino lo que más flojea son las políticas sociales. No se puede decir, después de haber recortado en más de 50 millones de euros la Renta Mínima de Inserción, que el principal objetivo del Gobierno catalán en caso de ingresar más fondos es combatir la pobreza; no se puede prometer reducir el paro a la mitad en el programa electoral y ver cómo llega al 23% en Cataluña; no se puede, en fin, exhibir esas credenciales de defensor del Estado de bienestar y votar a favor de la Reforma Laboral. O ante la corrupción del caso Palau, que afecta a su partido, no se puede responder a los periodistas “me hace sufrir que el caso esté en los tribunales”.

El discurso de Mas durante la entrevista se movió en dos planos: lo que puede lograr la voluntad y lo que es irreparable. En el terreno del primero se halla la consulta soberanista; en el segundo, las plagas bíblicas a que condena la situación económica. Claro que con la independencia todo mejorará.