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Último vuelo a ninguna parte

La venta del aeropuerto de Ciudad Real por una décima parte de su valor culmina la gestión ruinosa de un proyecto con perspectivas poco realistas

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Aparcamiento vacío del aeropuerto de Ciudad Real.

Hubo una época en que los aviones volaban. En Ciudad Real han adelantado las manecillas del reloj hasta el momento en que se extinguieron estos pájaros inmensos. Su aeropuerto, en venta desde el lunes porque no puede pagar las deudas, espera vacío las ofertas para reflotarlo. Su agonía ha sido lenta desde que se inauguró en 2008. Durante años la encargada del duty free ha tenido que comprarse cada día un paquete de chicles para poder cerrar la caja, cuentan fuentes de Aldeasa. El programa informático de la tienda no estaba diseñado para no vender nada.

De momento, la triste historia del primer aeródromo privado de España termina así. Sus 71 puestos de trabajo se han extinguido. Ahora en el aparcamiento sin coches solo se ven plumas de ave. La terminal de pasajeros está desierta. No hay carritos para equipajes y las escaleras mecánicas se han detenido con los peldaños a medio formar. Las limpiadoras han mantenido impolutos los suelos, conteniendo a la naturaleza que espera fuera para recuperar lo que era suyo: conejos, cardos de un metro de altura y urracas cercan el edificio.

Pero el aeropuerto no está completamente vacío. Además de la limpieza, sigue trabajando un retén de empleados de mantenimiento, seguridad, una secretaria y el director. Un dicharachero guardia explica que lo del director es necesario para no perder la licencia aérea.

—¿Y se le podría entrevistar?

—Es que acaba de marcharse.

Todos se han ido de Ciudad Real, un proyecto que esperaba alcanzar los 2,5 millones de viajeros y que costó mil millones de euros, muchos procedentes de la quebrada Caja Castilla-La Mancha. En octubre de 2011 Vueling dejó de operar allí al concluir un contrato por el que recibía subvenciones. Poco ha pasado desde entonces, aparte del rodaje de anuncios y Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar. Eso y 407 vuelos privados entre 2012 y 2013 en temporada de caza.

Después de tres años en concurso de acreedores, el Juzgado de Primera Instancia y Mercantil número 4 de Ciudad Real ha ordenado la venta ante la evidencia de que a la sociedad CR Aeropuertos S.L. le quedaban 176.000 euros cuando mantener el aeródromo cuesta al mes 130.732. El precio de salida es de 100 millones, y si no hay comprador se subastará por menos. Este diario no ha conseguido recabar la versión del principal administrador concursal, Francisco Pérez

Diez aeródromos recibieron menos de 1.000 viajeros en noviembre

¿Y quién comprará? La prensa local maneja rumores de proyectos militares y oscuros inversores que el guardia de seguridad niega: “No han venido aviones rusos ni militares”.

Entre tanto misterio solo se sabe que una empresa llamada Kriber ha estado años ofreciendo 40 millones de euros que la Agencia Estatal de Seguridad Aérea y el juzgado no han estimado suficientes. “Puede que fuese poco, pero éramos los únicos que queríamos dar un uso aeroportuario a las instalaciones”, asegura su presidente, Amadeo González, que también dice haberse retirado de la puja. La razón que esgrime es que, a pesar de que en las condiciones del concurso se especifica que el material del aeropuerto no se despiezará (se plantean tres lotes según la cantidad de terreno aledaño adquirida), González augura que se venderá por separado material tecnológico vital. “Lo que quedará será inservible”, asevera. El objetivo de su empresa, formada por directivos de aerolíneas, habría sido convertir Ciudad Real en un punto de escala para vuelos intercontinentales.

A principios de 2000, el proyecto original se presentó como un puerto de cargas para mover 90.000 toneladas de productos por toda la península Ibérica aprovechando la posición central de Ciudad Real. El plan no rechinaba porque la provincia ya era un centro de paquetería (Manzanares) y tráfico ferroviario (Alcázar), pero pronto comenzó a crecer desmesuradamente. Se ideó una terminal de viajeros de 28.000 metros cuadrados para competir con Barajas mediante una estación de AVE que llevaría a los viajeros a Madrid en 50 minutos. Se recalificaron terrenos para levantar un polígono. Y se empezó a hablar de un pelotazo especulativo. Pero nadie protestó, porque se esperaban riquezas y, como muy poco, 300 empleos. Lo confirma José María Serrano, de CC OO: “Nunca rechazamos el proyecto a pesar de que no aprobábamos cómo se gestionaba. Guardábamos la esperanza de que generara el trabajo que nos prometieron. Pero la crisis terminó de machacar lo que fue mal planteado”.

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El AVE a su paso por el aeropuerto.

Ahora, los últimos despedidos ya han agotado el paro por culpa de los periodos de inactividad que guardaron durante el Expediente de Regulación de Empleo Temporal (ERTE) que vivieron. Desde hace un año esperan la indemnización del FOGASA. Y, aun así, no quieren hablar. La razón es el compromiso del administrador concursal de que intentará que los readmitan cuando haya comprador. A nadie le consuela que la pista de aterrizaje del aeropuerto sea, con cuatro kilómetros de longitud, de las más largas de Europa.

Pero el único pecado no es el aeropuerto. Son las carreteras abandonadas que lo circundan. Son los terrenos sin urbanizar de los polígonos, rodeados de vallas de obra tumbadas por el viento. También es la estación de AVE que nunca llegó a construirse, aunque junto al aeropuerto pasen las vías. La plataforma aérea destinada a conectar la terminal con el tren ha quedado como un palomar de 200 metros de longitud en el que las aves ululan al escuchar el tren. La estructura, suspendida en el aire, se pierde en la bruma castellana como un espigón en el mar.

Al otro lado de la carretera, un gran edificio con forma de volcán alberga un centro de convenciones y una pantalla de cine en la que el día de la inauguración se proyectó cuál sería el brillante futuro del aeropuerto.

Aunque aquella inauguración ya llegó cargada de malos presagios. Se anunció sin contar con los permisos de aviación civil, y los primeros billetes que se vendieron tuvieron que anularse para aplazar el primer vuelo dos meses. “Bien está lo que bien acaba”, celebró pese a todo el presidente de Castilla La Mancha, José María Barreda.

Para alivio de sus gestores, el resbalón no solo ha sido en Ciudad Real. Diez aeropuertos españoles recibieron menos de 1.000 viajeros en noviembre. El récord es de Huesca-Pirineos, con cinco pasajeros (268 en todo el año). Albacete, a unos kilómetros de Ciudad Real, tuvo 118 (1.112 en el año). Y tras el hundimiento de los dos aeropuertos privados creados hasta el momento (el segundo es Castellón), el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, anunció esta semana que avalará con 200 millones un préstamo para Aeromur, la empresa encargada de abrir el tercero, el de Corvera, segundo aeródromo de la comunidad.

El plazo de la primera fase de la venta del gigante de Ciudad Real se cerrará a las tres de la tarde del viernes 27. Ya que ha sido desestimada su utilidad como moraleja, hasta entonces seguirá siendo lo único que puede ser hoy: una metáfora sobre la futilidad de los sueños de la ingeniería frente a la impasible meseta castellana.