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Menos avales y facilidades en las primarias para bajar la presión

El PSOE somete a votación las páginas que marcan su giro radical

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Militantes socialistas, entre ellas Elena Valenciano, Soraya Rodríguez y Trinidad Jiménez, llegan a la sede de la Conferencia Política.

El PSOE lleva ocho meses preparando un documento que da un vuelco total a su línea política, sobre todo a la de los últimos años del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, marca un claro giro a la izquierda del partido e intenta ser la base para tratar de salir del agujero en el que le sumió la durísima derrota electoral de 2011. La dirección ha hecho todo para evitar que la presión de algunos barones para adelantar las primarias y el desfile de candidatos fuera el centro de este fin de semana. Y ayer lo logró, pero a cambio también tuvo que dar algo para bajar la presión. Por una parte, garantizó a los barones que la fecha y el reglamento de las primarias se aprobará en un Comité Federal en diciembre, antes de lo que Alfredo Pérez Rubalcaba deseaba. Y por otra, aceptó rebajar los avales necesarios para participar en las primarias —del 10% de la militancia se pasó al 5%, lo que implica bajar de 22.000 a 11.000 militantes si se incluye el PSC— y otras medidas para limitar el control del aparato. En el último congreso ya se apuntó la posibilidad de bajar esos avales pero sin concretar cantidades. Ahora queda fijado.

Toda la conferencia del PSOE parece concentrada en un fuerte empeño de enmienda de su pasado reciente. Y en ese contexto, la dirección también aceptó otro cambio en las primarias: una limitación máxima de avales para evitar lo que pasó en Andalucía, donde Susana Díaz, la candidata oficial del aparato, acumuló tal cantidad de avales que dejó sin margen a los otros dos candidatos alternativos, con lo que finalmente no hubo primarias y se ofreció una imagen nada positiva del proceso. La cifra se fijará en el Comité Federal.

El asunto de las primarias y en general el modelo de control del poder interno fue uno de los asuntos que más debate interno generó. Hasta última hora de la tarde seguían votándose enmiendas entre las 12.000 que habían llegado de todas las federaciones.

A pesar de pacto de dejar la fecha de las primarias para más adelante y centrarse en la Conferencia en las grandes propuestas económicas y sociales, en la comisión del modelo de partido algunos intentaron forzar un adelanto de esas primarias. Es el caso de Tomás Gómez, líder del PSOE madrileño, que sometió a votación una enmienda para fijar la elección interna del PSOE en el primer semestre de 2014, antes por tanto de las europeas de mayo. Fue rechazada por 200 votos en contra y 8 a favor, lo que da idea de que Gómez está en clara minoría en este asunto. Lo más probable es que se dejen para el otoño de 2014 o incluso más tarde.

La noche anterior, Óscar López ya había reunido a todos los secretarios de organización regionales para pactar con ellos que las primarias no dominaran la conferencia. Entre todos acordaron que la fecha, lo más importante en este momento y que genera más debate interno, se decidirá en el próximo Comité Federal, en diciembre o como mucho enero.

Muchas enmiendas pedían además que se extiendan las primarias no solo a la elección del candidato a la presidencia del Gobierno, como está ya fijado, sino también al secretario general del PSOE. Ahí la dirección tenía muchas más reticencias, aunque algunas federaciones como Andalucía lo defienden. Después de un intenso debate se llegó a la conclusión que la dirección quería: que se decida en el próximo Congreso del PSOE. El aparato, en este caso comandado por el presidente de esta comisión clave, Rodolfo Ares, controló todas las votaciones y las ganó sin problemas. La dirección insiste en que el texto venía muy pactado con las federaciones y por eso no hubo problemas en las votaciones.

Lo que sí está claro, pactado y redactado es que las primarias serán abiertas no solo a militantes sino a simpatizantes, al estilo de lo que se hizo en Francia e Italia. Aunque el reglamento de esas primarias, es decir, el texto que precisará los detalles clave para este tipo de elecciones, por ejemplo las condiciones para poder participar, se dejará para el Comité Federal. Ayer se aprobó una novedad pedida por Juventudes Socialistas: que puedan votar todos los mayores de 16 años, y no de 18 como estaba previsto. Primero se abrirá un plazo para ver si hay más de un candidato y después se permitirá a los ciudadanos registrarse para votar.

Reforma fiscal

Una de las grandes apuestas, que supone un giro radical con la política de prácticamente todos los años del Gobierno de Zapatero, es una profunda reforma fiscal. Es la propuesta estrella que sin duda concentrará hoy el discurso de Alfredo Pérez Rubalcaba. Buena parte de la propuesta no estaba en la ponencia, se reservó para el final y se aprobó ayer: una bajada de impuestos importante para todos los ciudadanos que ganen menos de 16.000 euros, que quedarán exentos del IRPF. Eso supone, según el PSOE, una especie de “rescate” a las rentas más bajas que costará al Estado unos 5.000 millones de euros. Para compensarlo, los socialistas, que llegaron a eliminar el impuesto de patrimonio —aunque lo recuperaron en plena crisis— y aprobaron todo tipo de deducciones para las grandes empresas, plantean una profunda reforma centrada en ampliar las bases imponibles y buscar dinero sobre todo en las rentas más altas, en los grandes patrimonios y en las grandes empresas. Con ello se recaudarían 45.000 millones en cinco años, según el PSOE. El PP también prepara una gran reforma fiscal para presentarla en 2014 y aplicarla en 2015 —año electoral— pero esta parece más centrada en una bajada generalizada de impuestos. Los socialistas quieren diferenciarse del PP y sobre todo lanzar un mensaje a sus votantes con un giro a la izquierda que implica crear un nuevo “impuesto sobre la riqueza” que unificaría el de la renta y el de Patrimonio pero con una fórmula novedosa para impedir que las grandes fortunas se escapen atribuyendo su dinero a distintas empresas. Además, la ponencia defiende recentralizar parcialmente el impuesto de sucesiones y donaciones, hoy autonómico, para que el Estado fije un tipo mínimo.

Muchas comunidades han entrado en una especie de batalla para ver quién baja más estos impuestos y así atrae a los ricos de otras regiones. Es el caso de Madrid, muy criticada por otras comunidades y por el propio ministerio de Hacienda porque no aplica el impuesto de patrimonio y de esta manera atrae a millonarios del resto de España. La reforma implica además subir los impuestos a las grandes empresas a través de la eliminación de deducciones y la imposición de un mínimo para evitar que algunas grandes empresas paguen tipos por debajo del 5% como sucede ahora. Además, se impondría una doble tasa a los bancos y a los bonus de sus directivos; y se pide a la Unión Europea la creación de un IVA para bienes y servicios de lujo y el fin de la exención de ese impuesto a colegios y hospitales privados no concertados.

Otra de las iniciativas que ha surgido en plena conferencia es que el PSOE plantea que se prohíba por ley que se le pueda cortar el suministro de agua y —en invierno— de luz y gas a las familias que no puedan pagar esos servicios “por estar en situación de pobreza”.

Ningún hogar podrá ser privado de “un mínimo de cobertura de subsistencia” de luz y gas “entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo”.

Las reformas constitucionales

El gran problema del PSOE tras su derrota electoral es de credibilidad, admiten sus dirigentes incluso públicamente. Y tal vez por eso la dirección ha cambiado la estrategia. Ya no promete hacer cosas, como era habitual en los programas electorales. Promete blindarlas en la Constitución. Como una garantía mayor, para que sus votantes potenciales, sobre todo esos 4,5 millones que le abandonaron en las elecciones de 2011, crean que es verdad el gran mensaje de la Conferencia Política: que nunca volverá a pasar lo de 2010 y 2011, que el PSOE no volverá a traicionar a su electorado base como admiten haber hecho al final del mandato de José Luis Rodríguez Zapatero.

Por primera vez los socialistas plantean que se reconozca en la Constitución la sanidad pública como derecho; y mientras en 2011 reformaron la Constitución para garantizar en ella un límite al gasto público, algo que les alejó definitivamente de su electorado, ahora plantean crear un “fondo de garantía del Estado del bienestar” que asegure el gasto público. Las reformas constitucionales que promete promover el PSOE —aunque son de difícil o casi imposible aprobación sin el concurso del PP— son muy detalladas e incluso plantean prohibir las amnistías fiscales. Dos de las tres que se hicieron en España llegaron con gobiernos socialistas. Durante muchos años el PSOE ha evitado hablar siquiera de tocar la Constitución. Ahora forma parte del eje de su propuesta, también para resolver la tensión independentista en Cataluña, aunque este asunto ha quedado aparcado en la conferencia porque, según la dirección, ya se resolvió en una cumbre de dirigentes autonómicos en Granada.

Más democracia

Hay un paquete muy completo de reformas que afectan a lo que el PSOE llama “más y mejor democracia”. Cambios en los funcionamientos de los partidos —con prohibición de donaciones de empresas— reformas profundas del funcionamiento del Parlamento, para dar más autonomía a los diputados y permitir que entren más iniciativas ciudadanas, y listas semiabiertas. Sin embargo, el PSOE no plantea un cambio de la ley electoral para hacerla más proporcional como piden IU y UPyD. También se propone una reforma completa, de nuevo, del Senado como cámara territorial.

La laicidad

Otro de los asuntos centrales, y también un giro radical, es la apuesta por la laicidad. En los debates ayer se destacó que el PSOE votó en contra en 1979, con Gobierno de la UCD, del concordato con la iglesia católica. Sin embargo, como destacaron varios intervinientes en un diálogo moderado ayer por Eduardo Madina, los obispos han tenido tanta fuerza o el PSOE tanto miedo que en 22 años de gobierno socialista nunca se atrevieron a denunciar ese concordato. Para el PSOE ha llegado ahora el momento de romperlo y renegociarlo para caminar hacia posiciones más cercanas a lo que sucede en Francia.

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