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Rajoy da una última oportunidad a Mas para rectificar con “grandeza”

Reclama olvidar la consulta: “Aún hay tiempo, no generemos falsas expectativas”

Rajoy, con el presidente de Kazajstán, en Astaná.

En la política española se ha extendido un ambiente de enorme preocupación por la crisis catalana. Sin embargo, en ese clima de inquietud, el máximo responsable de la solución, Mariano Rajoy, parece no solo tranquilo, sino convencido de la fortaleza de su posición y la debilidad de su rival, Artur Mas. Tanto que este lunes, por primera vez en meses, el presidente habló con calma de Cataluña pero no para ofrecer nuevos avances, ni dinero ni nada concreto. Lo hizo para pedir a Mas que reflexione, que analice adónde conduce su apuesta —posible hundimiento electoral de CiU y el riesgo para Cataluña de salir de la Unión Europea— y rectifique.

Le ofreció una especie de salida honrosa, siempre que abandone la idea de la consulta soberanista a la que Mas, ya lo ha dejado claro, no está en condiciones de renunciar. Le dio casi una última oportunidad para evitar una derrota aún mayor, ya que Rajoy parece absolutamente seguro de su éxito y de que la consulta nunca se producirá porque no es legal.

Rajoy: “Yo no quiero a Cataluña fuera de Europa, quiero una España catalana”

Después de semanas de perfil bajo, el discurso más trabajado de Rajoy sobre la crisis catalana llegó en el lugar más insospechado: Kazajstán. En la rueda de prensa conjunta con el presidente kazajo, Nursultan Nazarbayev, cuyo régimen controla desde 1991, un país rico en petróleo y gas, Rajoy lanzó un mensaje de fondo a Mas al que siempre había renunciado en España: “Yo pido que las decisiones que se tomen se piensen mucho. Creo que se han dado muchos pasos equivocados pero aún se está a tiempo de hacer gestos de grandeza”, señaló el presidente, que parece sentirse fuerte con el fracaso de Mas en la esfera internacional, y le ofrece un pacto siempre si primero rectifica.

“Yo no quiero una Cataluña fuera de Europa, fuera de los grandes organismos internacionales ni aislada. Yo quiero una Cataluña española y una España catalana”, dijo en tono pausado, nada agresivo, casi de oferta de último momento a un rival a quien ve débil. “Pido responsabilidad. Que no creen divisiones ni se generen incertidumbres ni falsas expectativas”, insistió sobre la idea que planteó Felipe González, esto es que la independencia de Cataluña es imposible. “Si hay algún momento en que los políticos deben estar a la altura son estos. Pido que se piensen bien las decisiones, que se le dé una vuelta y la contraria, que se estudien bien las consecuencias”, aseguró.

Rajoy ve a Mas hundido por su apuesta independentista y le ofrece volver a negociar si deja de lado la consulta. Al Gobierno le gusta la idea, aprobada por el Parlamento catalán, de que la consulta sea llevada como iniciativa al Congreso, donde será rechazada con los votos de PP y PSOE, aunque está por ver qué harían allí los diputados del PSC.

Aún así, en La Moncloa son conscientes de que Mas tendrá que intentar hacerla en 2014 porque ha ido ya demasiado lejos, pero confía en que, cuando el Gobierno la recurra y el Tribunal Constitucional la pare, Mas acate esa decisión y le diga a los suyos: “Lo he intentado y no he podido”.

A partir de ahí el escenario más probable que maneja La Moncloa es el de elecciones plebiscitarias —todos los partidos independentistas se presentan juntos con esa propuesta— en 2016, pero siguen pensando que la debilidad de Mas abre espacio a negociaciones con Rajoy para buscar una salida pactada.

“Alguien debería hacer una reflexión, ver cuál ha sido el resultado de las decisiones que se han tomado en el último año y medio”, señaló Rajoy en referencia al mal resultado electoral de Mas y al deterioro de su imagen en estos meses, que han colocado a ERC por encima de CiU en las encuestas. “Un dirigente político tiene que pensarse las cosas muy bien, valorar las consecuencias. A veces se dice que se tarda mucho en tomar las decisiones. Es que producen resultados”, dijo para defenderse de quienes le acusan precisamente a él de inmovilista.

Rajoy dejó claro que va a “dar la batalla” para que Cataluña siga siendo española. “El Gobierno va a actuar con responsabilidad y seriedad, Cataluña y el resto de España han vivido siempre juntos, hemos hecho muchas cosas juntos en la historia. Vivimos una etapa en la que se va a grandes uniones, no a procesos de división. ¿Qué sentido tiene que estemos hablando de unión fiscal o bancaria y alguien plantee cosas que van en otra dirección? El mundo no va por ahí, por generar nuevas fronteras, es cada vez más libre y con menos aranceles”, remató el presidente, aparentemente convencido de que en el problema catalán él tiene la sartén por el mango y es Mas quien tendrá que rectificar.

En realidad Rajoy no ofreció ninguna salida concreta ni novedosa, pero su toma de posición, la más clara de los últimos meses, mucho más que la carta que envió a Mas, sí sirve para comprobar que siente que él está ganando la batalla y el líder de CiU la está perdiendo.

El viaje de Rajoy a Kazajstán, un país que hoy abandona para dirigirse a Japón, no está obviamente centrado en Cataluña sino en cuestiones económicas. El presidente ha acudido a esta enorme exrepública soviética del Asia central apenas poblada porque el régimen de Nasarbayev —amigo del Rey Juan Carlos— está utilizando los colosales ingresos por sus materias primas para importantes planes de obra pública, precisamente la que ya apenas hay en España por la política de austeridad. Rajoy ha impulsado contratos por valor de 600 millones de euros para grandes empresas españolas como Talgo —ya instalada con una fábrica en Kazajstan—, Maxam —que lleva allí 10 años—, Indra o Typsa. Y ahora el presidente viaja a Japón también con empresarios a buscar el negocio que en España el Estado ya no les ofrece.

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