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El ministro Margallo veta para cónsul a un ex secretario de Estado con Moratinos

La Junta de la Carrera Diplomática propuso para Roma a Juan Pablo de Laiglesia

Juan Pablo de Laiglesia, en julio de 2007. EFE

En una decisión de la que no se recuerdan precedentes, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha hecho uso de su derecho de veto para rechazar el nombramiento de Juan Pablo de Laiglesia como cónsul general en Roma.

De Laiglesia (Madrid, 1948) es uno de los diplomáticos españoles más veteranos y de más brillante currículo: ha sido embajador en Guatemala, México y Polonia; y responsable de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) de 2004 a 2009, cuando fue nombrado secretario de Estado para Iberoamérica, un cargo al que sumó en julio de 2010 el de secretario de Estado de Asuntos Exteriores, convirtiéndose en el número dos del Ministerio en la última etapa del socialista Miguel Ángel Moratinos. En noviembre de ese año, con Trinidad Jiménez de ministra, fue designado embajador ante la ONU, puesto en el que cesó en febrero de 2012, ya con el Gobierno del PP.

El pasado día 17, la Junta de la Carrera Diplomática (órgano asesor en materal de personal en el que se sientan representantes de todas las categorías) elevó su propuesta de asignación de puestos en el exterior; un proceso que se conoce internamente como bombo. De Laiglaesia pidió cinco de las vacantes y, a la vista de sus méritos, la junta le asignó la que había solicitado en primer lugar: el Consulado General en Roma.

Los destinos que entran en el bombo pueden ser, según la jerga diplomática, con o sin asterisco. Los primeros son que aquellos que el ministro se reserva para nombrar libremente a quien considere oportuno; mientras que los segundos se adjudican por criterios puramente profesionales. El consulado de Roma era de esta segunda clase.

Sin embargo, Margallo, que aceptó todas las demás propuestas, rechazó nombrar a De Laiglesia. Según fuentes de Exteriores, aunque el puesto sea sin asterisco, eso no significa que la propuesta de la junta sea vinculante. En otras palabras, Margallo no puede nombrar a quien quiera, pero tampoco tiene por qué nombrar a quien no quiera.

En consecuencia, el consulado de Roma quedó vacante y De Laiglesia se quedó sin plaza; ni en Roma ni en ningún otro lugar.

¿La razón del veto? Margallo recibió el pasado viernes al afectado para explicárselo. Fuentes próximas al ministro sostienen que le molestó sobremanera el telegrama irónico que le remitió personalmente De Laiglesia cuando cesó en la ONU, en febrero de 2012. “Con esta fecha ceso [...] para incorporarme a mi nuevo puesto en el pasillo, aunque [...] hubiera preferido ventanilla”, decía el texto, jugando con el término pasillo, que es como se denomina coloquialmente al lugar en el quedan los diplomáticos que regresan al ministerio.

Margallo consideró el telegrama como una grave falta de respeto, aunque es cierto que entonces no se le abrió expediente disciplinario, por lo que no cabría aplicar ahora un castigo. Fuentes próximas al ministro alegan que, si no se hizo, fue para no “manchar” su hoja de servicios e impedirle un futuro ascenso.

El bombo deparó más sorpresas. Ángel Lossada, que fue secretario de Estado de Asuntos Exteriores con Moratinos hasta que en abril de 2010 sufrió un grave accidente cerebral, no obtuvo, como pedía, el Consulado en Orán (Argelia). En este caso, la actitud de Margallo ha sido muy distinta. El ministro le llamó para ofrecerle el consulado en Boston, en sustitución de Pablo Sánchez-Terán, destituido por cerrar la oficina tras el atentado de la maratón. Pero Lossada rechazó la oferta por razones personales. Margallo se ha comprometido a buscarle otro puesto. Quizá el consulado en Roma.