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El PSOE acepta probar en Galicia el voto de las bases al secretario general

Rubalcaba y Pachi Vázquez pactan una fórmula mixta para apagar el incendio

Alfredo Pérez Rubalcaba arropa a Pachi Vázquez en su designación por el PSdG como candidato a la presidencia de la Xunta en octubre de 2012.
Alfredo Pérez Rubalcaba arropa a Pachi Vázquez en su designación por el PSdG como candidato a la presidencia de la Xunta en octubre de 2012.

Galicia será la primera federación del PSOE en la que los militantes participen de forma “directa” en la elección de su secretario general: lo harán el 1 de junio a través de una especie de primarias consultivas, complementadas más tarde por un congreso; una fórmula que no figura en los estatutos del partido y que plantea varios interrogantes en la práctica. A pesar de ello, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el secretario regional en Galicia, Pachi Vázquez, sellaron ayer el acuerdo felicitándose de que la nueva fórmula de elección —que será desarrollada en un “reglamento ad hoc” en próximos días— da respuesta a la voluntad de ambas partes. Rubalcaba apaga así uno de los incendios que se le habían declarado en el partido en el último mes.

Los estatutos del PSOE señalan que, aunque los candidatos a las elecciones son elegidos por primarias, los secretarios generales son elegidos en un congreso, por delegados con voto “individual, directo y secreto”. Los socialistas gallegos, sin embargo, aprobaron el pasado día 2 que su próximo secretario general sería elegido a través de una “consulta a la militancia”, sin darle el nombre de primarias. La dirección federal advirtió entonces que eso supondría una vulneración de los estatutos, y pidió a los gallegos que rectificaran, cosa que no hicieron.

Y se inició una negociación que culminó ayer, con una reunión entre Rubalcaba y Vázquez en Madrid tras la cual el PSOE anunció en un comunicado que se ha acordado un nuevo “procedimiento” de elección porque la “voluntad política” de ambas partes es “potenciar al máximo la participación directa de los militantes”.

El procedimiento será este: el 1 de junio, los cerca de 10.000 militantes del PSdeG-PSOE elegirán en cada agrupación a sus delegados al congreso, pero con la novedad de que esos delegados se habrán identificado previa y públicamente con uno de los candidatos a secretario general, y de hecho cada lista de delegados irá encabezada con el nombre de un aspirante. Así, votando a los delegados, los militantes estarán manifestando al mismo tiempo a quién preferirían como secretario general. Esos delegados acudirán “con un mandato expreso” al congreso, que se celebrará el 6 de julio, y será este órgano el que elija formalmente al secretario general y a su ejecutiva. No habrá, por tanto, unas primarias fetén, porque la última palabra la tendrá el congreso —y eso es lo que lleva a ambas partes a sostener que se respetan los estatutos—; pero la voz de la militancia será muy tenida en cuenta.

La aplicación práctica de esta fórmula mixta suscita varios interrogantes. Por ejemplo, está por ver qué pasaría si inicialmente se presentan varios candidatos a secretario general y uno de ellos recibe el apoyo mayoritario de los militantes —a través de las listas de delegados— pero después, en el congreso, los otros dos candidatos se unen y uno de ellos es elegido secretario general. Se daría entonces un choque de legitimidades, entre el candidato preferido por la militancia y el finalmente elegido, un conflicto que el primero de ellos podría utilizar como arma permanentemente durante los años siguientes. Fuentes del PSOE admiten que ese escenario se puede dar, pero consideran que no sería un problema y defienden que esa es la prueba de que el congreso seguirá teniendo un papel determinante.

Otro caso práctico: un candidato que se presentara a última hora en el congreso podría sentirse en desventaja porque, por más que lograse convencer en ese órgano a los delegados de que su proyecto es el mejor, ellos teóricamente no estarían autorizados a votarle, ya que tendrían un “mandato” cerrado. El congreso, en ese caso, habría perdido de facto la soberanía para elegir al secretario general, a pesar de que se la dan los estatutos. A ese escenario la dirección federal responde que es “más que improbable”; de todas formas, el reglamento que se redactará en los próximos días abordará todos esos posibles conflictos, según las mismas fuentes.

El congreso federal de 2011, que aupó a Rubalcaba, rechazó por inmensa mayoría la opción de las primarias para la elección de secretario general; el argumento central para esa negativa fue entonces que la nueva fórmula provocaría un choque de legitimidades entre el secretario general, arropado por la militancia, y su ejecutiva, elegida solo por un congreso. Ahora la iniciativa de los socialistas gallegos ha vuelto a abrir el debate y esas reticencias se han mitigado mucho; en la ejecutiva federal se muestran dispuestos a replantearlo y subrayan que Rubalcaba siempre fue partidario de la máxima participación y por eso defendió las primarias abiertas para elegir al candidato a presidente del Gobierno.

Hasta ahora el único dirigente del PSdeG que ha admitido estar en la carrera por suceder a Pachi Vázquez es el presidente de la Diputación de Lugo, Xosé Ramón Gómez Besteiro; su mentor, el exministro José Blanco, se ha autodescartado tras pedir la fiscalía el suplicatorio para juzgarle en el caso Campeón. Otro exministro, Fran Caamaño (alineado con Carme Chacón), admitió ayer que se lo sigue pensando y de paso dijo que con el acuerdo de ayer “han ganado las voces que pedían dar más participación a las bases”. La propia Chacón escribió en Twitter: “Felicidades PSdeG por el acuerdo para realizar primarias a la secretaría general. La gente quiere soluciones, apertura, transparencia y participación”. Desde el PSdeG, sin embargo, desvinculan esta iniciativa de la batalla entre sectores del partido.