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Una contabilidad B de libro

Los manuscritos de Bárcenas tienen plena coherencia con el manejo de una caja paralela

Dice un chiste del gremio que la contabilidad puede probar cualquier cosa, incluso la verdad. Pero los contables saben muy bien que si hay una cuenta que se presta a pocas interpretaciones es el libro de caja. En el debe, los ingresos y en el haber, los gastos, aunque Luis Bárcenas, el extesorero del PP, prefería poner eso: “ingresos” o “entradas”, de un lado, y “gastos” o “salidas”, de otro, aparentemente para no liarse. Los papeles de Bárcenas muestran plena consistencia con la forma de llevar una contabilidad B o paralela por múltiples motivos: el origen apuntado a los fondos, su destino, la forma “chapucera” de llevar los apuntes (como la definió la ministra Fátima Báñez) y el hecho de que movimientos millonarios se realizasen en efectivo.

Empezando por esto último, en algunas de las páginas se refleja decenas de veces consecutivas: “efectivo”. En una cuenta de caja ni siquiera hace falta ponerlo, pero esa mención resulta llamativa por algunas de las cantidades y de los conceptos. Por ejemplo, en julio de 1992, los papeles reflejan un ingreso en “efectivo” de 40 millones de pesetas (240.405 euros). Incluso en billetes de 10.000 pesetas, la denominación más alta entonces, harían falta 4.000 billetes para sumar dicha cantidad. En los papeles hay registrados también numerosos movimientos en efectivo de 30, 21, 15 o 10 millones de pesetas. Luego, con la moneda única, figuran ingresos por 100.000, 150.000, 200.000 y hasta 250.000 euros. No hacen falta muchas explicaciones.

Lo mismo se puede decir de los movimientos confirmados por Calixto Ayesa, exconsejero de Sanidad de Navarra. Jaime Ignacio del Burgo recibía una media de 600.000 pesetas en “efectivo” que luego le entregaba a Ayesa (que no ha explicado si los declaró a Hacienda) como sobresueldo. La mecánica es del todo coherente con la de una contabilidad paralela.

Con los ingresos ocurre lo mismo. En su gran mayoría, las anotaciones son de aportaciones de empresas que vulnerarían la ley, tanto por superar el máximo admitido como por proceder de empresas constructoras que tenían prohibido dar dinero a los partidos. Esos ingresos no podrían figurar en una contabilidad oficial.

Cuando se tiene dinero negro, la mejor forma de darle salida es en pequeñas cantidades o blanqueándolo. Ambas cosas figuran en los papeles de Bárcenas. Los sobresueldos apuntados son recurrentes y suman, en pequeñas cantidades, buena parte del destino del dinero. Hay, además, una fórmula sencilla de lavar el dinero, con los periódicos ingresos en efectivo en la cuenta del Banco de Vitoria / Banesto, donde se recibían los donativos legales. El Tribunal de Cuentas ha expresado reiteradamente sus reservas sobre el origen de ese dinero y el cumplimiento del límite legal. Aunque lo habitual es que la contabilidad A y la B no estén conectadas, en este caso entra en la lógica de una contabilidad paralela.

También es del todo coherente con una doble contabilidad el apunte de Pío García-Escudero en los papeles. Lo que registra Bárcenas es el pago al presidente del Senado de un millón de pesetas y lo que registra la contabilidad oficial del PP es el ingreso por García-Escudero de un millón de pesetas en el Banco de Vitoria. Lo uno no niega lo otro.

La apariencia de contabilidad B es de libro (o de cuaderno). La gran pregunta que surge con los fondos en Suiza detectados a Bárcenas es si había también una contabilidad C.