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Díaz Ferrán usó su cargo en la CEOE para hipotecar sus pisos de lujo en Nueva York

Obtuvo cinco millones de una línea de crédito destinada a iniciativas empresariales

Interior de una de las estancias del lujoso apartamento de Díaz Ferrán en Nueva York. Ampliar foto
Interior de una de las estancias del lujoso apartamento de Díaz Ferrán en Nueva York.

Gerardo Díaz Ferrán logró hipotecar en 2010 con el Banco Sabadell, que le dio cinco millones de euros, los dos apartamentos que posee en el hotel Plaza de Nueva York (en Central Park). Los millones por sendas hipotecas los obtuvo del Sabadell meses después de firmar, como presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), un acuerdo mediante el que esta entidad ponía a disposición de los empresarios una línea de crédito de 3.000 millones de euros. Así consta en las diligencias que han permitido abrir la causa por delitos de insolvencia punible, estafa y evasión de capitales que ha llevado a Díaz Ferrán a la cárcel. Fuentes de la entidad confirmaron este miércoles el crédito y señalaron que este fue cancelado posteriormente. La policía sostiene que Díaz Ferrán mantiene aún grandes deudas con este y otros bancos. Y que, en concreto, logró hipotecar sus casas de Nueva York merced a su cargo, ya que por entonces algunas de sus empresas estaban en quiebra o se cernía sobre ellas la quiebra.

El expresidente de la CEOE recibió esos cinco millones que supuestamente eran parte del dinero que debía emplear en iniciativas empresariales. Ambos apartamentos, de superlujo, fueron adquiridos por dos de las firmas de su conglomerado empresarial: Holdisan Central Park, y Holdisan Inversiones New York, registradas ambas en el Estado de Nueva York. Los millones los obtuvo en marzo de 2010, cuando algunas de sus compañías ya estaban inmersas o abocadas al concurso de acreedores. Uno de los apartamentos fue comprado en marzo de 2008, y el otro el 20 de junio de 2007. En representación de ambas sociedades intervino Marta Díaz, su hija, según las pesquisas. Esos apartamentos estaban medio pagados, y lo que hizo Díaz Ferrán fue pedir esos cinco millones y avalar su pago con ellos.

Los apartamentos están en el recinto del famoso Hotel Plaza de Nueva York, diseñado por Henry J. Hardenbergh, el mismo arquitecto que creó el edificio de apartamentos Dakota. Este hotel fue remodelado a principios de 2007, con 181 departamentos en condominio y 282 unidades de llaves hoteleras. El condominio permite al comprador disfrutar del apartamento, que se vende amueblado, durante cuatro meses al año. Uno de los inmuebles, con tres habitaciones, fue adquirido por 2,2 millones y el otro por siete. Ahora ambos apartamentos están a la venta por 12,8 millones de dólares, según las pesquisas.

El expresidente de los patronos urdió compraventas falsas para eludir embargos

Los investigadores policiales de este caso (que han contado con abundante documentación facilitada por una importante agencia de detectives de Madrid) aseguran que la operación de los apartamentos del Central Park es solo una de las urdidas por el expresidente de los patronos. Con la finalidad de esconder o gravar sus bienes y evitar el reparto judicial de ellos entre sus 10.000 acreedores.

La alianza entre el expresidente de la CEOE, cuando ya estaba ahogado en deudas, y el empresario Ángel de Cabo, uno de los testaferros que ha usado para vaciar su patrimonio, fue una auténtica carrera delictiva, como acreditan los documentos públicos y privados que suscribieron y a los que ha tenido acceso EL PAÍS. Ambos actuaron sin ningún temor al Código Penal, que castiga con penas de cárcel a quien se deshace, vende o arrienda sus bienes para esquivar pagar a sus acreedores (insolvencia punible).

Con una deuda algo superior a los 400 millones de euros, embargos por doquier y concursos de acreedores en marcha o en ciernes, Díaz Ferrán (otrora envidia de muchos empresarios) se afanó en preservar su patrimonio a toda costa. Lo que fuera con tal de que no se lo arrebataran sus acreedores. Y todo para esconder, aparte de los apartamentos neoyorquinos, algunos de sus bienes más preciados. Entre ellos, fincas de ocho hectáreas conectadas a las aguas del golfo de California, en México; o el lujoso chalé de 328 metros cuadrados en el que aun vive su familia en la calle de Juan Belmonte de Madrid, con una parcela de más de 1.200 metros cuadrados, sin contar otros inmuebles en Mallorca, Alicante y Lugo. En esta provincia posee una finca de 60.000 metros.

Díaz Ferrán y De Cabo hicieron pactos sin temor al Código Penal

El PAÍS ha tenido acceso a escrituras y documentos privados que firmó para no pagar las deudas y despidos de gran parte de sus miles de empleados. En muchos de esos documentos constan las rúbricas de las esposas de Díaz Ferrán, y de su socio Gonzalo Pascual (fallecido el pasado junio). Estos documentos acreditan cómo Díaz Ferrán ingenió maravillas jurídicas, quizás viendo la que tenían encima, para salvar in extremis sus haciendas en detrimento de sus acreedores.

El siguiente caso es solo un ejemplo de cómo actuaban los exdueños de Viajes Marsans. El 15 de febrero de 2010, Díaz Ferrán y su socio fueron a un notario, haciendo constar que eran los propietarios de las empresas Travel Bus y Teinver. A la misma hora y ante el mismo notario se presentaron los supuestos dueños de las firmas Desarrolladora Saclol y de Lismore Investments B.V. (esta última representada por la abogada valenciana Michelle Díaz Pilar). Lismore Investment está domiciliada en Holanda, pero tiene cuenta en el Banco de Valencia, ciudad donde vive De Cabo.

Gerardo Díaz Santamaría, familiar del expresidente de la CEOE, intervino en nombre de Desarrolladora Saclol, firma domiciliada al otro lado del Atlántico, en el municipio mexicano de Benito Juárez. Según hace constar el notario, en ese momento, febrero de 2010, Díaz Ferrán exhibe un escrito privado, datado en 2007, donde, sin más pruebas, confiesa haber contraído una deuda de 26 millones de dólares por la compra de la sociedad holandesa Ubert Real State con fecha 28 de septiembre de 2007.

Según ese papel privado (que los investigadores consideran falso), Díaz Ferrán anticipó nueve millones por la compra y dejó fiados dos pagos que sumaban otros 29 millones. En el documento, la empresa holandesa señala que Díaz Ferrán incumplió los plazos de los pagos y que, para garantizarlos, aportó como aval, en régimen de hipoteca, parte de sus bienes. Con esta hipoteca, los exdueños de Marsans querían retener una finca de ocho hectáreas, colindante con el mar, situada en Baja California, México. Para embrollarlo aún más, Díaz Ferran contó con la connivencia de la firma mexicana Desarrolladora, que acudió al notario como garantista de que esas ocho hectáreas jamás serían gravadas por nadie hasta el pago de los 26 millones pendientes con la citada compra de acciones en Holanda.

Con la escritura notarial, el equipo del testaferro De Cabo se presentó ante el administrador judicial del concurso de acreedores del grupo de Díaz Ferrán diciendo que esas fincas no se podían embargar porque respondían de otras deudas o habían sido vendidas a terceros de buena fe. Todo mentira. De Cabo y Díaz Ferrán actuaban en connivencia.

Ya no son mis trabajadores

Fachada principal del Hotel Plaza de Nueva York.
Fachada principal del Hotel Plaza de Nueva York.

Antes de entrar en la cárcel, Ángel de Cabo, testaferro del expresidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán, se vendía como un empresario reflotador de empresas en crisis. Era mentira. Los mismos pactos que en su día hizo con la familia Ruiz-Mateos (apartar con ardides legales del concurso de acreedores de Nueva Rumasa los máximos bienes posibles y luego repartírselos con ellos), hizo después De Cabo con Díaz Ferrán. Para sus negocios con Díaz Ferrán, De Cabo usó la firma Possibilitum. Documentos en poder de este periódico revelan cómo Díaz Ferrán simula ventas de sus empresas por precios ridículos a Possibilitum y de camino le desplazó las cargas laborales. Cuando ambos fingieron la compraventa de, por ejemplo, Viajes Marsans, el expresidente de la patronal se preocupó de que en la escritura de enajenación quedase bien claro que desde ese momento todos los compromisos laborales los asumía Possibilitum.

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