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El Rey pide a Rousseff que Brasil contrate a españoles y que invierta en España

Don Juan Carlos le sugiere que cuenten con empresas españolas para la Copa del mundo de fútbol y los juegos de Río

El Rey conversa con Rousseff, en presencia de  doña Sofía. Ampliar foto
El Rey conversa con Rousseff, en presencia de doña Sofía.

El Rey, que camina con dos muletas, ha recibido hoy en el Palacio Real a la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, el último acto público del monarca antes de operarse de la cadera izquierda esta semana. Antes de almorzar, don Juan Carlos ha recordado en su discurso "las elevadas tasas de paro de España", que dijo, "está haciendo un gran esfuerzo para recuperar cuanto antes la senda del crecimiento" y ha pedido a Rousseff que cuente con las empresas españolas de cara a la Copa del Mundo de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Río en 2016. El monarca también ha sugerido la "posibilidad de poner en práctica procedimientos que faciliten la estancia temporal de profesionales españoles altamente cualificados".

"Al mismo tiempo", ha añadido el Rey, "queremos animar a las empresas brasileñas a invertir en España". Y a continuación, les ha dado algunos incentivos: "Nuestro país tiene una de las economías más abiertas del mundo, legislación favorable, modernas infraestructuras y gran afinidad cultural, por lo que constituye una excelente plataforma para la penetración de estas empresas en los mercados de Europa, Mediterráneo, Oriente Medio y África. España se ha convertido ya en la base europea para muchas empresas iberoamericanas y queremos que también lo sea para las brasileñas".

El jefe del Estado ha calificado las relaciones entre ambos países de "creciente interdependencia" y ha recordado que España es el segundo mayor inversor extranjero en Brasil y el primero europeo.

Durante su discurso, el Rey ha asegurado que le "complace mucho conocer la notable mejora producido en lo referente a la entrada de ciudadanos brasileños que visitan España", en alusión a la llamada guerra de repatriaciones, cuando la expulsión de compatriotas de Rousseff en los aeropuertos españoles provocó el enfado de las autoridades brasileñas, que respondieron con la misma moneda y endurecieron los requisitos de entrada de españoles en su país.