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El Príncipe apela al Estado de derecho en referencia al pulso soberanista

Don Felipe alude a las tensiones territoriales apelando a un "futuro basado en el respeto y la confianza mutua entre todos los españoles"

No hubo referencias directas, pero nadie dudó de la enorme significación política de las palabras pronunciadas por don Felipe en su tradicional discurso de entrega de los Premios Príncipes de Asturias en Oviedo. Defendió el "valor de la convivencia" para "resolver diferencias, respetando las leyes en el marco del Estado de derecho". Y en clara alusión a las tensiones territoriales y al cada vez más difícil encaje de Cataluña en España, abogó por "un futuro basado en el respeto y la confianza mutua entre todos los españoles y en el que podamos trabajar cada uno con su propia personalidad y con espíritu constructivo en una empresa común en un mismo proyecto de convivencia".

"Vivimos momentos decisivos de nuestra historia", continuó el Príncipe, quien presidió el acto junto a su esposa, doña Letizia. Con continuas referencias a la crisis económicas, tiempo en que los españoles están "obligados a dar, cada uno, lo mejor" de sí mismos, se refirió a sus responsabilidades "como heredero de la Corona" desempeñadas con "vocación y espíritu integrador". "Es, sin duda, mi obligación, es mi deber; pero es también mi convicción. Es lo que pienso, lo que siento y en lo que creo", agregó en pleno pulso entre el Gobierno central y la Generalitat por el pacto fiscal y el referéndum reclamado por Artur Mas.

El foro elegido por don Felipe también está cargado de enorme significado. Es comúnmente aceptado que esta es la ocasión del año en la que tiene margen a explayarse sobre la actualidad política, a expresar algo así como un ideario largo y cavilado sobre la situación política. En este contexto, la decidida elección del campo semántico de la unidad tampoco fue casual. “Los españoles tenemos ante nosotros, en estos momentos, nuevos objetivos comunes en los que trabajar unidos", señaló, "concentrando toda nuestra energía para llevar a España por el camino del siglo XXI".

El heredero de la Corona se remontó en sus palabras a la Constitución de Cádiz, para apuntalar la decidida apuesta por esa tradición constitucional. "Desde el año 1978 millones de españoles hemos sido educados en libertad y democracia; hemos aprendido a expresar nuestras opiniones y a escuchar y valorar ideas distintas a las nuestras", indicó para recordar el "patrimonio extraordinario de libertad, de respeto y de civismo" acumulado "a lo largo de estos años de democracia". Un patrimonio que, en su opinión, todos juntos "deben cuidar, proteger y –como toda obra humana– acrecentar y perfeccionar".

Las palabras del Príncipe llegan un mes después de que don Juan Carlos inaugurara su web con un inequívoco y contundente mensaje en el que reclamaba también unidad y abogaba por recuperación del espíritu de la Transición para superar la crisis política, económica y social. “Es un momento decisivo para asegurar o arruinar el bienestar”, afirmaba don Juan Carlos, que se dirigió así a los españoles, los agentes sociales, los Gobiernos central y autonómicos y los partidos políticos. "En estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. No son estos tiempos buenos para escudriñar en las esencias ni para debatir si son galgos o podencos quienes amenazan nuestro modelo de convivencia", subrayó entonces el Rey.

Una semanas más tarde, durante las celebraciones del Doce de Octubre, las cámaras de Cuatro captaran un diálogo en el que el Rey hablaba a Rajoy de “españolizar catalanes”, las mismas palabras que, pronunciadas por el ministro de Educación, José Ignacio Wert, echaron gasolina al incendio de las aspiraciones soberanistas de Mas. Horas después, la Casa del Rey desmintió que el Monarca se estuviera refiriendo, en concreto, a las palabras del titular de Educación. Ese mismo día el Príncipe aseguro: “Cataluña no es un problema. Confío más en la Cataluña real que en la espuma que estamos viendo con lo que hacen unos y otros”.

La ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias estuvo marcada desde su inicio por una concentración contra las políticas de austeridad y los recortes que se ha celebrado en sus proximidades frente al teatro. Los asistentes a la concentración mostraron sus protestas con pitos, cánticos y banderas republicanas muy cerca del lugar por donde han ido entrando las diferentes personalidades y los ocho premiados. Los abucheos arreciaron con la llegada los Príncipes de Asturias y la Reina.Tras bajarse del vehículo y posar para los fotógrafos, entraron por la alfombra azul al Campoamor. Fuera, cuando las tradicionales y ensordecedoras gaitas callaron, se pudo escuchar a los manifestantes corear: "Manos arriba, esto es un atraco".

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