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Bruselas obligaría a llamar otra vez a quien quisiera volver a la UE

La ausencia de regulación sobre un caso de secesión provoca un vacío jurídico que ha producido interpretaciones contradictorias.

La Unión Europea tiene suficientes problemas sobre la mesa como para darle vueltas a supuestos teóricos como la potencial secesión catalana y su encaje en el club comunitario. José Manuel Durâo Barroso, presidente de la Comisión, pasó recientemente de refilón sobre el asunto, limitándose a declarar que nacionalismos como los que se dan en Escocia o Cataluña son cuestiones internas del Reino Unido y España, en las que la Unión no debe interferir. El Tratado de la UE no prevé secesiones en sus socios, que de producirse deberán regirse por el derecho internacional. El secesionista podrá volver a llamar a la puerta del club y seguir el estricto procedimiento habitual de ingreso. “Mientras tanto, esta nueva entidad no es parte de la UE”, señala la Comisión.

La opinión del presidente sobre los nacionalismos no puede ser más negativa, y en repetidas ocasiones los ha asociado con xenofobia, racismo y populismo.

Como la UE no tiene prevista en sus tratados la secesión de una parte de un Estado miembro (ni su presunto interés en seguir siendo miembro del club por cuenta propia), se da un vacío jurídico que ha producido interpretaciones contradictorias.

La vicepresidenta de la Comisión, Viviane Reding, provocó mar de fondo político cuando manifestó en septiembre al Diario de Sevilla: “La legislación internacional no dice nada que se parezca” a que un Estado secesionista deba abandonar todos los organismos internacionales de los que es miembro el Estado de procedencia. El Gobierno español saltó como un resorte, pidiendo explicaciones a Bruselas y a Reding, quien, según el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, reconoció “que sus declaraciones fueron extraordinariamente desafortunadas”.

La Comisión señala que “no hay disposiciones en el Tratado sobre la secesión de una región en un Estado miembro” y que “corresponde a las fuerzas a nivel regional o nacional discutir estas cuestiones en el ámbito interno”, según Olivier Bailly, portavoz del Barroso. Bailly precisa que el derecho internacional determina el procedimiento para que una secesión vea la luz y sea reconocida por la comunidad internacional.

Y Joaquín Almunia, también vicepresidente de la Comisión, reafirmó esta semana que la separación de parte de un Estado miembro de otro Estado que pertenezca a la UE dejaría al secesionista fuera de la Unión.