Tribuna
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Un amigo

Santiago Carrillo no solo ha sido una figura histórica que ha recorrido en primer plano la política del siglo XX. También ha sido una persona que ha concebido siempre la política como una actividad al servicio de los trabajadores y los más débiles, lo que da más valor a su figura en este momento de desafección hacia la política.

Desde sus orígenes en el Partido Socialista, a su papel en la construcción de la Juventud Socialista Unificada y su incorporación al Partido Comunista de España, fue protagonista de la defensa de la República y la democracia durante la Guerra Civil.

En la posguerra, desde el exilio, dedicó todo su esfuerzo a la reconstrucción del Partido Comunista de España y la vuelta de la democracia a nuestro país. Convencido de que la recuperación de la libertad requería el acuerdo de todas las fuerzas democráticas, de la derecha a la izquierda, poco antes de ser elegido Secretario General del PCE fue el primero que apostó por la reconciliación nacional.

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La primavera de Praga y la intervención soviética en Checoslovaquia, que el PCE criticó abiertamente, le reafirmó en que el socialismo era indisoluble de la libertad y en la apuesta por el eurocomunismo, que compartió con otros partidos comunistas europeos.

Impulsó el papel del PCE y su confluencia con otras fuerzas democráticas en la lucha contra el franquismo. Desde sus responsabilidades en el PCE apoyó e impulsó decididamente el desarrollo de las Comisiones Obreras. Por otra parte, cuando hoy tantos revisionistas, desde la derecha a la izquierda, ponen en cuestión la transición democrática en España, la muerte de una figura como la de Santiago, nos sirve para reivindicarla, aunque solo sea por el respeto que merecen los miles y miles de luchadores, gracias a los que la Transición fue posible y entre los que la figura de Santiago Carrillo siempre ocupará un papel destacado.

Su compromiso con los trabajadores y la izquierda se ha mantenido hasta el final de su vida, ya que con sus opiniones en los medios de comunicación ha defendido la necesidad de una salida justa de una crisis que hasta ahora solo están pagando los que no la han causado.

Para nosotros, más allá de la política, Santiago ha sido un amigo del que nos enorgullecemos. Un amigo cercano, socarrón más que irónico, con juicios certeros y, muchas veces, divertidos. Un amigo que, en las comidas que periódicamente manteníamos los más cercanos a él, siempre tenía una opinión atinada, matizada, sabia y de izquierdas.

En estos duros momentos vaya para su mujer, sus hijos, nietos y demás familiares nuestro afecto y nuestros más profundos sentimientos.

Julián Ariza y Adolfo Piñedo, amigos y compañeros políticos inseparables de Santiago Carrillo.

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