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11 meses de angustia por un error policial

Dos informes forenses apuntan a que José Bretón incineró a sus hijos en Córdoba

La Policía Científica dijo en octubre que los huesos hallados eran de animales

Otro análisis que encargó la madre determina ahora que eran restos de niños

José Bretón, esposado, explica al juez el pasado 21 de octubre el lugar del parque Cruz Conde en el que supuestamente perdió a sus hijos.
José Bretón, esposado, explica al juez el pasado 21 de octubre el lugar del parque Cruz Conde en el que supuestamente perdió a sus hijos.

Los niños Ruth y José, de seis y dos años, nunca salieron de la finca cordobesa de Las Quemadillas —un nombre que pasará a la historia ignominiosa del crimen y a la de los errores policiales— a la que les llevó su padre, José Bretón, entre la tarde del 7 y la mañana del 8 de octubre del año pasado. Dos informes de prestigiosos antropólogos han determinado que los más de 200 restos óseos y seis dientes hallados en una hoguera prendida en la finca por el padre de los niños desaparecidos no eran restos de pequeños roedores —como determinó hace más de diez meses la Policía Científica— sino de humanos menores de edad. Y, si todo se acaba confirmando tal y como esos informes y la investigación señalan, fue el padre de los niños quien los mató y los arrojó a una pira sobre la que construyó un rudimentario horno crematorio, para luego mantener durante 11 meses una farsa sobre qué ocurrió aquel 8 de octubre en el que dijo haberlos perdido mientras jugaban en el parque Cruz Conde de Córdoba. Supuestamente; porque el padre, José Bretón, en prisión desde hace meses, lo sigue negando todo.

Ruth y José. ampliar foto
Ruth y José.

Los nuevos informes han dado un vuelco total a 11 meses de investigación hasta llevarla al principio. La hoguera ya apagada en la que estaban esos huesos fue el primer sitio en el que la policía miró, convencida desde el principio de que José Bretón mentía y de que nada bueno le había pasado a los niños, a los que consideraba víctimas de una venganza de su padre, recién separado y resentido por ello. Bretón aseguró ante la policía y el juez que en esa hoguera había quemado ropas, objetos y documentos desechados tras la reciente ruptura conyugal con su esposa. Así, la mirada policial se desvió hacia el resto de la parcela de Las Quemadillas, una propiedad situada a las afueras de Córdoba que ha sido rastreada más de 15 veces desde octubre.

La búsqueda se desvió en busca de una fosa excavada en la finca porque la responsable de Antropología Forense de la Comisaría General de Policía Científica, con más de 20 años de experiencia en catástrofes, dijo que los huesos hallados en la hoguera pertenecían a “roedores o pequeños carnívoros”, no a humanos. ¿Es posible un error así en el CSI español, la joya de la corona policial? Según el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, “un error científico”, que es como lo llamó ayer, lo tiene hasta el mejor equipo. Fernández Díaz añadió que no piensa buscar responsabilidades por este fallo. Muchos miembros de la Policía aseguraban ayer sentirse abochornados por el sufrimiento añadido a la familia materna de los niños.

Tres informes sobre los mismos restos

  • El primer informe de una antropóloga forense de la Comisaría General de Policía Científica señaló el 11 de octubre que los restos óseos hallados eran de “roedores o pequeños carnívoros”
  • El informe del forense Francisco Etxeberria, conocido por sus trabajos en las fosas de la Guerra Civil, fijó que los restos son de “humanos de entre dos y seis años de edad”. Fue encargado por la madre de los niños y entregado el 17 de agosto.
  • El tercer informe, entregado el pasado día 22, lo elaboró José María Bermúdez de Castro, director de Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana. Determinaba que los dientes que había analizado corresponden a un humano con una edad de 6,22 años, con un error de más-menos 43 días.

El fallo ha llevado a que durante 11 meses la policía haya puesto del revés la finca: la última vez, a finales de julio y primeros de agosto. Pero apenas nada se había avanzado hasta el 17 de agosto. Ese día, Francisco Etxeberria, subdirector del Instituto Vasco de Criminología, entregaba el informe sobre los restos óseos que había elaborado a petición de Ruth Ortiz, la madre de los niños desaparecidos. Los huesos y dientes, decía el informe hecho con permiso judicial, son “humanos y pertenecen a dos niños de dos y seis años”. No les ponía nombre y apellidos (de momento ha sido imposible extraer ADN), pero decía que los niños a los que pertenecían esos restos habían padecido “una muerte violenta de tipo homicida desde el punto de vista médico legal”. Y añadía que los huesos fueron sometidos a temperaturas de unos 800 grados, las propias de un horno crematorio.

La policía cree que el exmilitar José Bretón pudo construir un pequeño horno con una chapa metálica y ladrillos para lograr esas altas temperaturas capaces de dejar los cuerpos casi en cenizas. De hecho, durante el rastreo con georradar del terreno se detectó un inusual endurecimiento de la arcilla bajo el lugar en el que estaba la hoguera, propio del que se logra con el barro en un horno.

El informe daba tal vuelco a la investigación que Interior pidió un informe de cotejo, que fue encargado a otro científico de prestigio: José María Bermúdez de Castro, director de Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, paleoantropólogo y experto en dientes. Su conclusión fue que algunos de los dientes correspondían a un menor con una edad de 6,22 años, con un error de más-menos 43 días. Y, ahora, ¿qué?

La contradicción entre los informes (el primero, el policial, y los dos segundos) ha llevado al juez del caso, José Luis Rodríguez Lainz, a encargar nuevas pruebas forenses para determinar si, como todo parece y como cree firmemente la policía, esos restos son los de Ruth y José.

La policía, según las fuentes consultadas ayer, se ha reafirmado en su teoría inicial de que José Bretón, como él mismo dijo, llevó el 8 de octubre a los pequeños a la parcela, donde previamente había guardado 140 litros de gasóleo que había comprado días antes. Creen que allí los hizo dormir con unos tranquilizantes (Orfidal y Motiván) que también compró poco antes. Creen que les dio muerte, los incineró y comenzó a montarse la coartada de que los había perdido en un parque de Córdoba.

Eso es lo que cree la policía. El supuesto infanticida, “en su fuero interno, está convencido de que esos no son sus hijos y de que no hay restos humanos”, según aseguró ayer José María Sánchez de Puerta, su abogado.

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