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Coordinado por Fernando Casado

¿Dónde quedó la Nueva Agenda Urbana?

La Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General revisa el progreso realizado desde Hábitat III. A pesar de algunos avances, la Agenda destaca por lo mal representada que ha estado en el discurso global

Vista aérea del barrio chabolista de Maipu, en Santiago, el 9 de mayo de 2022.
Vista aérea del barrio chabolista de Maipu, en Santiago, el 9 de mayo de 2022.MARTIN BERNETTI (AFP)

El pasado jueves 28 de abril tuvo lugar la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General en la que el Secretario General de Naciones Unidas presentó el Segundo Informe Cuadrienal sobre los avances en la implementación de la Nueva Agenda Urbana. El objetivo del encuentro fue revisar el progreso en la implementación de la Nueva Agenda Urbana seis años después de su adopción en la Conferencia Hábitat III en Quito, Ecuador.

La reunión se centró en los cuatro pilares clave de acción que promovía la agenda: poner fin a la pobreza y combatir las desigualdades; impulsar economías urbanas equitativas y sostenibles; desvincular la urbanización de la contaminación ambiental, y promover enfoques de planificación urbana participativos para la prevención de crisis urbanas.

Tal y como confiesa ONU Hábitat, la reunión llega en un momento crítico para el desarrollo urbano en el que todas las ciudades se enfrentan a desafíos sustantivos sobre cómo garantizar un futuro habitable para sus residentes. La pandemia de covid-19 no solo ha expuesto las desigualdades sistémicas existentes en las ciudades prácticamente en todo el mundo, sino que ha creado nuevas vulnerabilidades y ha empujado a cientos de millones de personas a la pobreza.

Por otro lado, África y Asia se urbanizan rápidamente, mientras que las poblaciones urbanas en otras partes del mundo se estancan o reducen. Las ciudades son responsables de la mayor parte del consumo mundial de recursos y de las emisiones de gases de efecto invernadero, con una drástica disparidad entre los niveles de ingresos: el 1% más rico del mundo genera el doble de emisiones de dióxido de carbono que el 50% más pobre, que es el más vulnerable a los efectos del cambio climático.

África y Asia se urbanizan rápidamente, mientras que las poblaciones urbanas en otras partes del mundo se estancan o reducen

En el discurso de apertura de la Reunión de Alto Nivel, el Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas que convocó la reunión, Abdulla Shahid, no empezaba con tono positivo: “Si bien la urbanización sostenible está relacionada con el logro de todos los objetivos de desarrollo sostenible”, comentó Shahid en su discurso de apertura, “solo unos pocos países pueden afirmar verdaderamente que cuentan con la gobernanza y las políticas necesarias, incluso sobre planificación urbana inclusiva, desarrollo de capacidades, acceso a la tecnología y financiación necesarios para garantizar una urbanización sostenible”.

Efectivamente, los datos no son muy alentadores. A pesar del progreso, en 2020 las personas viviendo en pobreza extrema aumentó por primera vez desde 1997. Asimismo, casi mil millones de personas, que representan a uno de cada cuatro habitantes urbanos, viven en asentamientos informales. Y la migración sigue creciendo, afectando de forma especial a las ciudades. Actualmente, hay más de 280 millones de migrantes en todo el mundo (en comparación con 180 millones en el año 2000).

Otro gran reto que la Reunión de Alto Nivel enfatizó fue el déficit de vivienda, que en 2025 ya afectará a más de 440 millones de personas. Collen V. Kelapile, presidente de ECOSOC, hizo especial hincapié en la necesidad de financiar este reto para abordar las desigualdades urbanas. “La vivienda se ha convertido en un bien comercial y los mercados de tierras urbanas son capturados por la élite política. Por lo tanto, se insta a los Estados miembros a posicionar la vivienda por encima de todo como un derecho humano”, comentó en su discurso de apertura.

También alentó a los países a ver el desafío de desbloquear la financiación para viviendas asequibles como una oportunidad para crear empleos y un catalizador para mejorar los ingresos recaudados por las ciudades. Precisamente, Raquel Sánchez, ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno de España, participó en el evento realizando un llamamiento a implementar políticas que aseguren viviendas dignas, adecuadas y asequibles para los ciudadanos, y que al mismo tiempo, garanticen entornos construidos sostenibles, de calidad y accesibles.

Barcelona es una de las ciudades más referenciadas del informe, reconociendo su respuesta durante la pandemia para impulsar la mejora de los barrios marginales

La apuesta del Gobierno de España por la agenda urbana parece estar avalada por la asignación de recursos presupuestarios: según comunicó la ministra, un total de 6.820 millones de euros de fondos europeos se canalizarán a este ámbito, con la puesta en marcha de un ambicioso Programa de fomento de la regeneración y renovación urbanas y rural.

De hecho, el informe del secretario general destaca la labor en materia de políticas urbanas en España y enfatiza que el país “estableció una serie de mecanismos innovadores de gobernanza que han facilitado la elaboración de las agendas urbanas de cinco comunidades autónomas españolas (País Vasco, Andalucía, Extremadura, Cataluña y Valencia) y los planes de urbanismo de más de 100 ciudades”.

En este contexto, Barcelona es una de las ciudades más referenciadas del informe, reconociendo su respuesta durante la pandemia para impulsar la mejora de los barrios marginales, sus programas de apoyo a la población sin hogar, sus estrategias para la integración de los migrantes y su enfoque antropocéntrico para la transición hacia urbes inteligentes.

Sin embargo, a pesar de algunos avances, la Nueva Agenda Urbana destaca sobre todo por lo mal representada que ha estado en el discurso global y la poca atención que ha recibido por parte de los Estados miembros.

Si la inestabilidad en todas sus formas es la amenaza (principalmente la mitigación y la adaptación a las emergencias climáticas, la inestabilidad social debido a la desigualdad creciente y las actuales amenazas a la paz), parecería razonable pensar que un enfoque holístico de la gobernanza urbana sería la respuesta. Aunque la Nueva Agenda Urbana se diseñó precisamente para proporcionar ese marco conceptual para la urbanización sostenible, existe un consenso generalizado que el discurso no ha calado como prioridad política. “Ahora necesitamos cambiar esta tendencia”, clausuró Shahid, haciendo un llamamiento a un mayor compromiso de todas las partes.

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