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Coordinado por Anna Argemí

El juego del calamar, la banca y la vida

El dinero en los bancos convencionales financia combustibles fósiles en plena emergencia climática, armas en medio de conflictos con víctimas muy reales o juegos de azar en el barrio

Fotograma de la serie de Netflix, El juego del calamar.
Fotograma de la serie de Netflix, El juego del calamar.

Es asombroso hasta qué punto cada persona piensa en algo distinto al mirar la misma cosa. Así ocurre, por ejemplo, con El juego del calamar, el éxito de Netflix sobre un juego salvaje en el que un grupo de parias de la sociedad arruinados arriesgan la piel.

Además de un entretenimiento muy adictivo, en la serie me pareció ver el retrato de varios enfrentamientos entre pares simbólicos puestos a competir: una persona mayor contra otra joven, una con estudios contra otra que no los tiene, una contienda político-cultural entre una norcoreana contra una surcoreana, una mujer contra un hombre, ricos contra pobres…

Pero, hace unos días, una colega me regaló una visión distinta: es una serie sobre nuestra relación con el dinero. ¡Cuánta razón! Intentaré no hacer un spoiler, pero quien haya visto la serie recordará que en esta historia el precio de la vida humana es muy concreto, el poder económico tiene bastante que ver con la existencia del propio juego y todo se produce en medio del desconocimiento o la indiferencia de la sociedad, desdibujada en los márgenes del circo romano privado que centra la ficción.

Con esto en mente, la reflexión de mi compañera me lleva, con motivo del reciente Día internacional de la banca con valores, fijado el 3 de noviembre por la Global Alliance for Banking Values, a reflexionar sobre qué se hace mientras escribo estas líneas con todos esos miles de millones que fluyen por el sistema financiero sin mucho más rumbo que encontrar el máximo premio en forma de rentabilidad económica. Ese dinero que financia combustibles fósiles en plena emergencia climática, armas en medio de conflictos con víctimas muy reales, o juegos de azar en el barrio… Con sus damnificados a la vuelta de nuestras esquinas.

Qué sería de la vida sin lo lúdico, sin jugar y sin la ficción. Pero se me hace extraño que no haya ya más personas interesadas en saber qué hace el banco con su dinero y no solo —aunque también sea interesante— cuál es la calidad del servicio o el rendimiento de determinado producto financiero o entidad.

Por suerte, c omo en casi todo en la vida, siempre hay más opciones de las que conocemos en un primer momento y personas que han dado el paso y a las que merece la pena acompañar. Como las que trabajan con las 67 entidades financieras de los cinco continentes que conmemoran el Día de la banca con valores, entre las que están, en España, Triodos Bank y Fiare Banca Ética. Son bancos que nacieron como una alternativa, con el propósito de promover una mayor transparencia sobre el destino del ahorro y las inversiones y el compromiso de no apoyar sectores con un impacto social o ambiental negativo.

¡Que vivan los juegos que nos hacen la vida más agradable y rica, pero que la vida no se convierta en un juego ciego movido por dinero del que nadie se hace realmente responsable! Ese dinero que encierra a tantas personas en mundos indignos mientras estamos en otras cosas.

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