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Coordinado por Gonzalo Fanjul y Patricia Páez

Los debates urgentes para la cooperación al desarrollo

Tras la pandemia, temas como la descolonización o el feminismo encabezan algunos de los desafíos que las ONG tienen pendientes

Una mujer recoge firmas de apoyo a la legalización del aborto, el 3 de septiembre de 2022, en Caracas, Venezuela.
Una mujer recoge firmas de apoyo a la legalización del aborto, el 3 de septiembre de 2022, en Caracas, Venezuela.Miguel Gutiérrez (EFE)

La pandemia los pospuso y algunos de los desafíos que enfrentan las ONG no son nuevos. Es hora de plantarles cara pues, de lo contrario, se puede dar el síndrome de la rana hervida. Las críticas ya no nos vienen de los donantes, ni de gobiernos conservadores que retiran los fondos a la cooperación, nos vienen desde la misma sociedad civil del sur, de los movimientos populares detrás de muchos de los cambios que después celebramos e incluso, en ocasiones, injustamente nos apropiamos.

En un contexto global marcado tanto por conquistas sociales como por zarpazos autoritarios, donde movimientos sociales tienen tantas conquistas como derrotas, ¿dónde se encuentra el sector del desarrollo? Amitabh Behar, exdirectivo de CIVICUS y una de las voces más autorizadas en el sector a nivel global, nos lo señala con contundencia: “mientras los movimientos populares desafían el poder, los grupos de desarrollo permanecen desconectados y perdidos en la burbuja del desarrollo, desaprovechando un papel relevante en estos tiempos históricos”.

Mientras los movimientos populares desafían el poder, los grupos de desarrollo permanecen desconectados y perdidos en la burbuja del desarrollo

El tercer sector tiene una deuda pendiente en revisar cuál está siendo su contribución al desarrollo, sin culpar a otros, mirándose a sí mismo. La aspiración al mundo que desea tiene que corresponder con el aporte que para ello puede dar. Y esto no sucede mirándose al ombligo, pensando antes en cuánto contribuye la cooperación a sensibilizar a las sociedades del norte antes que a reducir pobreza en las poblaciones del sur. Siendo las dos importantes, la segunda debe ser sin duda la prioridad.

Los cuatro debates propuestos en este artículo no son más que un abrir de boca que requieren ser profundizados, pues sin tomárselos con seriedad, la cooperación internacional y las ONG corren el riesgo de no estar a la altura de lo que la sociedad civil del sur espera de ellas:

La distribución del poder en las ONG

El primero de los debates tiene que ver con el poder, con la necesidad de descolonizar la cooperación. Viviana Krsticevic, secretaria ejecutiva del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional de América Latina (CEJIL) considera que esta debe verificar sus sesgos implícitos pues, aunque todos coincidimos con los idearios, no son siempre coherentes con unas prácticas en las que subyace quién sabe, quién tiene el dinero y quién decide. Esta demanda es recurrente en las organizaciones de la sociedad civil a la que la cooperación apoya.

El primero de los debates tiene que ver con el poder, con la necesidad de descolonizar la cooperación

Esta es una de las tensiones más fuertes en las ONG internacionales. Para solucionarlo, avanzan en el cambio de sus sedes a países del sur, introducen nuevos liderazgos y órganos de gobernanza inclusivos que dan poder a las mismas organizaciones sociales a quienes apoyan. En definitiva, cambiando sus identidades. En países como Bélgica, Dinamarca o Finlandia se ha abierto el debate entre donantes y sus ONG para asegurar que sus programas generan capacidades locales y cómo las personas afectadas participan también de las tomas de decisiones. La revista The New Humanitarian recomendaba 10 puntos para este proceso de descolonización de la cooperación.

Necesidad de contribuir a cambios sistémicos

El segundo debate tiene que ver con la necesidad de contribuir a cambios sistémicos. Gabriela Bucher, directora ejecutiva de Oxfam, decía recientemente es una entrevista que “da mucha satisfacción ayudar a transformar vidas, pero a la vez es agotador estar haciéndolo uno a uno. Por eso es fundamental llegar a transformaciones más estructurales del sistema. Las dos cosas se necesitan, pero tiene que estar conectadas”.

Un grupo de mujeres voluntarias de la ONG Pen Path celebra un encuentro de puertas adentro en una casa de Kabul por las restricciones de los talibanes para reivindicar su derecho a la Educación, el 2 de agosto.
Un grupo de mujeres voluntarias de la ONG Pen Path celebra un encuentro de puertas adentro en una casa de Kabul por las restricciones de los talibanes para reivindicar su derecho a la Educación, el 2 de agosto. LUIS DE VEGA

Hemos aprendido hace años que solo cambiando las leyes no se transforman realidades, debemos incidir también en el cambio de narrativas. Por ejemplo, apoyar proyectos de agua tiene que estar conectado con incidir en las políticas de agua en el propio país. También hemos aprendido que los proyectos aislados de procesos mayores o sin posibilidad de ser escalables a la larga son hasta contraproducentes con el desarrollo, pues generan relaciones perversas de dependencia con la cooperación y contribuyen a invisibilizar el rol del estado como responsable de garantizar los derechos.

Los proyectos aislados de procesos mayores o sin posibilidad de ser escalables, a la larga, son contraproducentes con el desarrollo

Este es un desafío para ONG pequeñas o medianas en un sector que todavía se quiere mantener diversificado. Tendrían así que ir dando pasos para el establecimiento de alianzas más amplias que contribuirán a una complementariedad de esfuerzos que sumen capacidades y permitan que los cambios puedan escalarse lo suficiente como para hacerlos sostenibles. O un progresivo proceso de especialización dando valor agregado en una serie de áreas específicas. No es esto diferente a lo que hacen en otros países como Luxemburgo. El libro How to fight inequality, de Ben Phillips, da algunas ideas al respecto, igual que el enfoque de programas de Action Aid.

Feminismo y cooperación

Es en el área donde más avances ha tenido la cooperación en los últimos años se cuenta con un decálogo feminista para la cooperación, propuestas de principios feministas para las ONG, un compromiso de las nuevas leyes a través de las cuales se regirán donantes e informes de la OCDE sobre la inversión en derechos de las mujeres de la cooperación. Pero el diablo está en los detalles y en la implementación. ¿Solo el trabajo con organizaciones de mujeres debe tener enfoque de género?, ¿trabajamos con movimientos sociales que tienen prácticas machistas? O ¿somos capaces de visibilizar la misoginia de las organizaciones basadas en la fe?

Burocracia y financiación

Y el último debate es interno, pero no menos importante: el nivel de burocracia que actualmente se les exige a las ONG no es sostenible, limita toda capacidad para avanzar en los desafíos anteriormente señalados y separa la cooperación de sus objetivos y acciones más políticas. A día de hoy el trabajo en una ONG termina siendo, sobre todo, resolver exigencias internas. Los responsables de programas dedican gran parte de su tiempo a elaborar informes y cada vez son más las organizaciones sociales que prefieren no recibir recursos de ONG ante la alta demanda de reportes de rendición de cuentas.

Se suma a esto el incremento de burocracia exigida por los países donde las ONG operan, estrategia que aplican para limitar su actuación y que sufren especialmente las organizaciones humanitarias. Es esta una demanda de larga data y los donantes deben redoblar los esfuerzos para poder avanzar y exigir la información realmente necesaria para la rendición de cuentas y el aprendizaje, manteniendo un correcto equilibrio entre el necesario control y la confianza que asegure eficiencia.

Pero, lo que en realidad da libertad para el accionar de una ONG, es el contar con recursos libres, que no provengan de ningún donante, sino de socios y colaboradores. Sin embargo, cuanto más fácil es conseguir estos recursos (lo hacen pódcast, medios de comunicación y diferentes iniciativas) es menor el esfuerzo de las ONG por conseguirlos y contribuir con ello a un mayor arraigo social y una legitimidad.

Cada vez son más las organizaciones sociales que prefieren no recibir recursos de ONG ante la alta demanda de reportes de rendición de cuentas.

Según el último informe de CIVICUS, la democracia está siendo atacada, pero aun así se siguen consiguiendo cambios positivos como en Chile o en Colombia; a pesar de los ataques, se avanza en la lucha contra la desigualdad social como en Sierra Leona con la ley de progresividad fiscal. Además, la sociedad civil mantiene la presión sobre la acción climática y por el cual se logró el reconocimiento del medio ambiente saludable como un derecho humano.

Vivimos en un momento histórico de profundas transformaciones en el que la cooperación internacional ha desempeñado un papel transcendental para que puedan lograrse conquistas tan importantes como el fin del Apartheid en Sudáfrica o en la justicia y reparación ante las crueles dictaduras sudamericanas de la década de los setenta. Debe jugarlo también ahora, pero para ello debemos estar preparados, ser honestos con nosotros mismos y preservar el fuerte compromiso que siempre nos ha caracterizado.

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