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Coordinado por Gonzalo Fanjul

La era del impacto social

Apenas sabemos qué es lo que se genera de verdad cuando donamos, invertimos o consumimos productos sostenibles. Ni cómo medirlo de forma unificada. Un grupo de la Universidad de Comillas publica un manual de orientación sobre este tipo de economía

Espacio de trabajo compartido en la Fábrica de Innovación Azadi, en Teherán, un proyecto mixto público-privado para promover el emprendimiento entre los jóvenes, en meses previos a la pandemia.
Espacio de trabajo compartido en la Fábrica de Innovación Azadi, en Teherán, un proyecto mixto público-privado para promover el emprendimiento entre los jóvenes, en meses previos a la pandemia.YALDA MOAIYERI

Muchos nos hemos preguntado cuál es el impacto real que generamos cuando donamos a una ONG, consumimos productos sostenibles o invertimos. No es una respuesta fácil, pero cada vez hay más análisis que nos aproximan mucho a esta realidad. Por ejemplo, un proyecto de medición ha cuantificado los cambios que los programas de Voluntariado Corporativo de varias empresas han generado. Y ahora ya podemos saber que, por cada euro invertido en esta iniciativa, por ejemplo, Endesa generó 10,30 euros de valor social para la sociedad.

La economía global ha logrado ganancias inmensurables para la humanidad, pero también ha generado externalidades negativas, consecuencias no deseadas y riesgos sistémicos que están minando las perspectivas de futuro, la seguridad y el bienestar. El calentamiento global y la desigualdad son solo dos de los indicadores que corroboran la imperante necesidad de una transformación del modelo en el que no hay vuelta atrás.

En torno a esta idea de cambio de enfoque se han ido haciendo propuestas alternativas entre las que se encuentra la economía de impacto social. Esta nueva forma de entender la economía permite poner las variables medioambientales y sociales al mismo nivel contrarrestando la supremacía económica. Su singularidad reside en que espera que sus participantes puedan, de manera simultánea, satisfacer sus deseos y tener un impacto positivo sobre la sociedad y el planeta. En un futuro todas las empresas se convertirían en empresas sociales.

El impacto social no será más que una moda pasajera si no se logra entender los cambios que ha generado

Dicho esto, el impacto social no será más que una moda pasajera si no se logra entender los cambios que ha generado. Esa medición permitirá fomentar los impactos positivos y prevenir o mitigar los negativos. A su vez, la medición se podrá quedar en un término vacío si los resultados que se obtienen no se utilizan para gestionar. Eso significa incorporar los aprendizajes de la medición en la toma de decisiones de la organización.

Por ello, es fundamental que el crecimiento de este nuevo ecosistema vaya intrínsecamente unido a los datos y gestión. Sin ella, no podríamos saber, por ejemplo, que Triodos Bank, referente europeo en banca ética y sostenible, se ha ido moviendo hacia la gestión del cambio logrando mejorar el impacto de su intervención gracias a la auditoria social externa a la que se somete.

La inversión de impacto, compuesta por un nutrido número de actores entre capital privado, banca ética y social, ha tomado el liderazgo en los últimos años fortaleciendo el sector con un crecimiento del 26% entre 2019 y 2020. La rapidez con la que ha evolucionado y crecido este ecosistema es prometedora, aun así, solo se han puesto sus cimientos y queda mucho por construir.

Se necesita que de manera continua más organizaciones entren a formar parte de esta industria. Esto ocurrirá cuando las normas (prácticas, políticas, principios y estándares) sean ampliamente aceptadas, consistentes y estables, tal y como ocurre con las que rigen el sistema financiero. Entrar o moverse en un mercado donde hay certeza y transparencia estimulará a grandes y pequeños ofertantes de capital asignando más recursos a la financiación de iniciativas sociales, al mismo tiempo que los demandantes diseñarán modelos de negocio alineados con esa oferta.

Con este espíritu, 50 organizaciones (incluidas empresas sociales, empresas tradicionales, inversores, ONG, Administración, aceleradoras, entre otras) se han reunido para acordar un lenguaje común y sentar las bases del ecosistema. Todo ese proceso de reflexión de meses se ha recogido en el primer informe del think tank de Impacto Social de la Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas. Esta amalgama es única en el ecosistema español, lo cual la hace especialmente rica y necesaria en una fase embrionaria donde es necesario construir conjuntamente para establecer unas bases sólidas.

El informe pretende ser una guía para todas las organizaciones que conforman el grupo pero además quiere ser un manual para todas aquellas que se quieren iniciar en el mundo del impacto. Creemos que el trabajo, la reflexión y los acuerdos alcanzados y reflejados en este documento pueden ser un importante estímulo para hacer crecer el ecosistema y, además, hacerlo con una narrativa compartida y ampliamente extendida.

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