Ir al contenido
_
_
_
_

Los bombardeos y el miedo a la represión amordazan a los iraníes: “No voy a protestar y les digo a mis amigos que no vayan. Queremos seguir vivos después de la guerra”

En Teherán las bombas de EEUU e Israel no dan tregua, las autoridades vigilan de cerca las calles y el precio de los alimentos sube, mientras los ciudadanos evitan las manifestaciones, aún traumatizados por la sangrienta respuesta a la revuelta de enero

00:35
Así se ven las calles de Teherán tras el ataque de Israel
Una mujer pasa por delante de un comercio este sábado en Teherán, mientras continúan los bombardeos de EE UU e Israel. Foto: ABEDIN TAHERKENAREH (EFE) | Vídeo: EPV
Faraam Shakarian

En la capital iraní, algunas escenas en las zonas más dañadas recuerdan a las de Gaza. Tuberías de agua rotas, coches aplastados por los impactos, enormes agujeros en el suelo y escombros por todas partes son imágenes que muchos iraníes solo habían visto por televisión y no la realidad con la que ahora se despiertan por la mañana, mientras Estados Unidos e Israel intensifican su ofensiva, que ha causado ya más de 1.300 muertos. Detrás de las ventanas, se adivinan sombras de personas que en medio de la noche tratan de averiguar cuáles han sido los nuevos objetivos.

Aún traumatizados por la sangrienta represión de las protestas contra el Gobierno de enero, los ciudadanos tratan de seguir adelante con sus vidas bajo una nube de humo y el estruendo de los proyectiles estadounidenses e israelíes.

El sábado, último día festivo de una semana de luto por la muerte del líder supremo, Ayatolá Ali Jameneí, las calles de Teherán amanecieron aparentemente tranquilas, a pesar del ruido de los aviones de combate, que cruzaban un cielo algo nublado. Algunos ciudadanos hacían recados esenciales y compraban alimentos, sin rastro alguno de los famosos y eternos atascos de la capital. La mayoría de las tiendas estaban cerradas, excepto las de alimentación y productos de primera necesidad. Muchos han evacuado la ciudad durante estas largas vacaciones y se han desplazado en masa a las zonas turísticas del país, en la costa del mar Caspio.

Miles en todo el país han celebrado ceremonias nocturnas de duelo por la muerte de Jameneí, el 28 de febrero, al inicio de la campaña militar liderada por Estados Unidos. Los partidarios de la República Islámica esperan con impaciencia el funeral de su idolatrado líder. Un vídeo viral muestra a un grupo de motociclistas con la bandera de la República Islámica coreando “esta es la batalla final, Jameneí volverá”, deseando que el próximo líder de Irán sea un hijo del difunto.

Otros corean desde sus ventanas consignas a favor de la monarquía, en un ejemplo claro de la polarización que invade la sociedad. “Estoy deseando que termine la guerra”, dice Orkideh con una sonrisa en la voz, pensando en volver a las calles con sus amigos y retomar las protestas de enero. Esta mujer de 42 años, que prefiere que su nombre completo no sea publicado, trabaja por cuenta propia y abandonó la capital para dirigirse a las costas del Caspio con su perro bajo el brazo cuatro días después del inicio de la guerra, para reunirse con un grupo de amigos que se encontraban a salvo.

A una buena amiga de Orkideh le rompieron las costillas por gritar en contra de las fuerzas de seguridad que circulaban en motocicleta vestidas de civil, durante las protestas del pasado invierno. Orkideh ayudó a su amiga, que apenas respiraba y estaba cubierta de sangre, durante aquella brutal represión del 8 de enero, tras una convocatoria de protesta de Reza Pahlavi, hijo del último rey de Irán. Desde entonces, miles de personas han sido asesinadas y muchas más detenidas y procesadas. Ella apoya a Pahlavi como el único líder emergente “sin manchas en su pasado”.

Las fuerzas de seguridad vigilan algunas calles de Teherán, en un escenario que recuerda a los días posteriores a las protestas antigubernamentales, temerosas de que vuelvan a brotar

Sentencia de muerte a los enemigos

En medio de los ataques aéreos masivos, las fuerzas de seguridad, vestidas de distintas maneras, vigilan algunas calles de Teherán, en un escenario que recuerda a los días posteriores a las protestas antigubernamentales, temerosas de que vuelvan a brotar. Un vídeo que se ha viralizado muestra a un antiguo oficial de la Guardia Revolucionaria y ahora miembro del Parlamento, Salar Velayatmadar, amenazando con que “para aquellos que están del lado del enemigo, ya se ha dictado la sentencia de muerte por fusilamiento”.

Además, el fiscal general del país, Mohammad Movahedi, ha advertido de que “se tomarán medidas disuasorias contra las reuniones ilegales”. Los abundantes mensajes de texto del Ministerio de Inteligencia alertaron de que cualquiera que intentara instigar la inseguridad sería tratado como un “soldado israelí” e instaron a denunciar a las personas que fotografiaran “lugares sensibles, edificios y lugares dañados”, bajo sospecha de ser agentes de EE UU y de Israel. “No voy a ir a protestar y les digo a mis amigos que no lo hagan. Queremos seguir vivos después de la guerra”, asegura Orkideh. Gran parte de los ingresos de Orkideh dependen de una conexión a Internet fiable, algo imposible de conseguir porque el Gobierno ha bloqueado internet. El Gobierno afirma que esta medida tiene como objetivo proteger la seguridad del país. Probar varios protocolos, configuraciones, VPN e IP para conseguir una conexión débil es uno de sus rituales diarios.

Aparte del impacto en las empresas, el corte de internet es muy doloroso para las familias que no pueden comunicarse con sus seres queridos en el extranjero. Los iraníes que se encuentran fuera del país se ponen en contacto con quienes aparecen conectados, para pedirles que se informen sobre sus allegados, con quienes no pueden comunicarse por teléfono. “Este año no tendremos Nowruz. No habrá mesas puestas, ni encuentros y no solo por la guerra, sino también por las víctimas del Dey [el levantamiento de enero]”, explica Narges, de 63 años, que a pesar de sus impedimentos físicos participó en las protestas de enero. El Nowruz marca las festividades nacionales del nuevo año iraní, que comienza el 21 de marzo, cuando las familias preparan el plato tradicional de sabzi polo mahi, arroz con pescado y eneldo, y celebran el momento exacto del equinoccio de primavera alrededor de una mesa decorada para la ocasión.

Esta mujer se suma a los cánticos nocturnos a favor de Pahlavi, ya que ha vivido bajo la monarquía de su padre, el último shah de Irán, y cree que respecto al momento actual, es como comparar “el paraíso y el infierno”. Narges es una ama de casa, normalmente apolítica, que durante el día se dedica a las tareas domésticas y después se pega a la pantalla del televisor para no perderse las últimas noticias sobre la guerra. Le asusta el sonido penetrante de los aviones de combate por la noche. “No voy a ir a ninguna parte. Si muero, mejor que sea en mi propia casa”, afirma a este periódico.

Hace años que los canales por satélite son la principal fuente de noticias de los iraníes, frente a los medios de comunicación estatales. Lo reconoció Salar Velayatmadar en unos comentarios incendiarios en la propia televisión estatal. “A aquellos que escuchan [la cadena de noticias] Iran International y no escuchan nuestros medios de comunicación... no es culpa nuestra si sus hijos e hijas no nos ven”, dijo Velayatmadar, pidiendo a los padres que transmitan estas amenazas veladas a sus hijos. A pesar de las frecuentes interferencias de las autoridades, las cadenas por satélite en lengua farsi con sede en Reino Unido o EE UU, siguen estando disponibles para una gran parte de la población que, como Narges, no tiene los conocimientos tecnológicos necesarios para utilizar otros dispositivos para informarse.

No bastaba con que antes de Año Nuevo subieran los precios sin sentido cada año, ahora también tienen la excusa de la guerra
Iraní en la cola de una panadería

Patatas un 60% más caras

Aunque humeantes y sacudidas por los continuos ataques de EE UU e Israel, las calles de Teherán recuerdan irónicamente a la época del Nowruz, cuando la gente se va de vacaciones y deja la capital libre de atascos, con un cielo azul y limpio y una tranquilidad refrescante. Por miedo a la guerra, un gran número de teheraníes han evacuado deliberadamente la ciudad y se han instalado en zonas menos propensas a los ataques aéreos.

Y la vida se sigue abriendo paso en Teherán: se oye a los niños jugar en los complejos residenciales, las cadenas de supermercados controladas por el Estado, con precios más baratos, están llenas de compradores, y la consulta del dentista está repleta de pacientes que no se inmutan por los impactos en el barrio. “Me pondré un vestido decente, un traje con un bonito pañuelo al cuello y me teñiré el pelo para que vean que nuestro movimiento no consistía en llevar poca ropa”, dice Parvin, de 42 años, entristecida por la muerte de inocentes a causa de los bombardeos. “¿Por qué tiene que ser así?”.

Un hombre joven, que no quiere desvelar su identidad, explica en la cola de una panadería que estaba un poco asustado por el aumento de los precios de los alimentos y productos básicos, y se queja de que otro día compró patatas a un precio un 60% más alto que antes de que empezara la guerra. “No bastaba con que antes de Año Nuevo subieran los precios sin sentido cada año, ahora también tienen la excusa de la guerra”, dice refiriéndose a la inflación anual que se produce en torno a las fiestas de fin de año. Por muy angustiante que resulte sentir cómo los misiles impactan en el suelo de Teherán, los iraníes nunca pierden su sentido del humor. “Está lloviendo papel”, canta un hombre en una publicación en las redes sociales, mientras conduce su coche entre hojas y polvo volando por los aires y graba el bombardeo estadounidense-israelí a poca distancia.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_