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Así consiguieron activistas armenios que los hombres gais pudieran donar sangre

Las organizaciones LGTBI de la ex república soviética batallan por lograr pequeños cambios que alivien la discriminación del colectivo en el país, donde el delito de odio por la orientación sexual o identidad de género no está reconocido

Una persona donando sangre, en una imagen de archivo.
Una persona donando sangre, en una imagen de archivo.Boy_Anupong (Getty Images)

A una oficina en la calle con el nombre del poeta Sayat Nova y repleta de tiendas de electrónica, en el centro de Ereván, la capital armenia, llegan los que no tienen dónde acudir para hablar de su orientación sexual. El lugar es la sede de Pink Armenia, la organización más antigua para la defensa y protección de los derechos de la comunidad LGTBI del país; un luminoso espacio decorado con banderas arcoíris y transgénero, en el que su fundador, Mamikon Hovsepyan, y su equipo, llevan 16 años luchando por pequeñas victorias. La última la lograron junto a otras organizaciones y activistas en enero de 2023, cuando se revocó la prohibición de donar sangre a hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres.

Hace una década, cerca de 50 países impedían a los hombres homosexuales y bisexuales donar sangre. En 2014, el abogado general de Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitió un dictamen en el marco del caso de un hombre contra el ministerio de Sanidad francés, que les prohibía la donación desde 1983: “El mero hecho de que un hombre mantenga o haya mantenido relaciones sexuales con otro hombre no constituye por sí solo una conducta sexual que le expone a un alto riesgo de contraer enfermedades infecciosas graves que pueden ser trasmitidas por la sangre”. Dos años después, el país galo sustituyó la prohibición por otra medida menos restrictiva, la de exigirles abstinencia sexual durante un periodo determinado de tiempo, que también se eliminó en marzo de 2022.

Armenia fue uno de los 10 Estados que, entre 2022 y 2023, suspendieron este tipo de prohibición (junto con Alemania, Austria, Chipre, Eslovenia, Francia, Grecia, Irlanda, Lituania y Suiza), aunque mantiene el requerimiento de no haber mantenido relaciones sexuales en los meses anteriores a la donación. Eso mismo pedían Bélgica y Estonia, que mantienen la exigencia, pero han reducido el tiempo. Estados Unidos, por su parte, retiró la obligatoriedad de la abstinencia, pero sí demanda asegurar que se mantiene una relación monógama.

Si un hombre masculino estaba ahí sentado, se pensaba que podían extraerle sangre porque no era gay, pero si llegaba una persona trans se le podía rechazar debido a nuestra regulación

El Ministerio de Sanidad armenio prohibía desde 2013 que los homosexuales donasen sangre porque pertenecían al grupo de riesgo, al ser considerados “promiscuos”. Dice Hovsepyan que el veto, en la práctica, no suponía que en los hospitales se preguntara la orientación sexual. “Se asumía”, aclara. “Si un hombre estaba ahí sentado, se pensaba que podían extraerle sangre porque no era gay, pero si llegaba una persona trans se le podía rechazar debido a nuestra regulación”.

Comportamiento frente a orientación sexual

Con el objetivo de presionar para poner fin a la prohibición, las organizaciones pusieron en marcha un pequeño grupo de trabajo y entablaron conversaciones con los diferentes ministerios. Su principal argumento era la ineficacia de la medida. Los datos ponen de manifiesto que la regulación de donaciones de sangre es mucho más efectiva si se centra en el comportamiento del donante y no en su orientación sexual o identidad de género.

Donación Sangre Homosexuales LGTBI
Mamikon Hovsepyan en la sede de Pink Armenia, una organización que defiende los derechos de las personas LGTBI.Lola García-Ajofrín

El argumento de la ineficacia de la medida para frenar la transmisión por transfusión fue clave en las negociaciones para lograr su objetivo, recuerda Hovsepyan. Los activistas explicaban a los funcionarios que no funcionaba porque la prohibición solo se basaba en la identidad del donante y no en su comportamiento.

Además, cuando se difundía información falsa, ellos la contrarrestaban. En 2016, recuerda, Smbat Daghbashyan, hematólogo jefe del Ministerio de Salud armenio, argumentaba en el medio Epress.am que la prohibición se debía a la alta prevalencia de la infección de VIH entre los homosexuales. Sin embargo, los colectivos LGTBI defendían con estadísticas que tal afirmación no era precisa. Los principales modos de transmisión del VIH en Armenia se producen a través de contactos heterosexuales (68%), seguido por el consumo de drogas inyectables (22,5%), según un informe de la Coalición Euroasiática sobre Salud Masculina (ECOM, de 2018. La transmisión de VIH entre hombres que mantienen sexo con otros hombres apenas representa el 3,4% del total de casos registrados, según ese mismo estudio.

El fundador de Pink Armenia subraya que la prohibición no solo era discriminatoria, sino que era inútil. El último informe de Onusida, publicado días antes de la conmemoración el 1 de diciembre del Día Mundial del Sida, revela que Europa del Este es una de las regiones en las que más han aumentado los nuevos contagios de VIH desde 2010, un 49%.

Tras muchas reuniones, correos electrónicos y justificaciones, los activistas lograron que el ministerio de Sanidad cambiara la regulación. “Ahora es mucho más progresista, porque no se centra en la identidad de las personas”, agrega Hovsepyan. En la actualidad, los requisitos para donar sangre en Armenia ya no discriminan por orientación sexual. En su lugar, se ha incluido un nuevo elemento en la lista de contraindicaciones para la donación de sangre: haber tenido relaciones sexuales con una pareja no habitual en los últimos seis meses. Otros requisitos son ser mayor de edad, no padecer enfermedades infecciosas o cardiovasculares, no haber sido intervenido quirúrgicamente en los últimos seis meses, incluido un aborto, o no haber regresado de una zona endémica de malaria.

“Todos los países deberían poner fin a las leyes y políticas discriminatorias contra las personas LGBTI para donar sangre”, publicó el pasado enero en su cuenta de X, la organización ILGA-Europa. “Excluir a los hombres gais era una medida totalmente inaceptable”, dice Hayk (nombre ficticio), un joven armenio gay de 18 años. “Pero no creo que esto vaya a cambiar nada en la sociedad, para mí es solo una norma y un deber, no un regalo del Gobierno,” añade.

Una medida de los años ochenta

Los gobiernos empezaron a imponer restricciones a las donaciones de sangre basadas en la orientación sexual a mediados de los ochenta. Tras la aparición del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) a finales de los setenta y en un momento en el que las pruebas para detectar el virus en la sangre no estaban tan desarrolladas, los gobiernos mundiales decidieron prohibir la donación de sangre a los grupos de riesgo. Muchos países incluyeron entonces a los varones homosexuales como grupo de riesgo. Armenia fue uno de ellos.

Desde la oficina de Pink celebraron la noticia del fin de esta medida con cautela. El país es uno de los tres peores para la comunidad LGTBI, de una lista de 49 Estados en Europa y Asia Central, según un estudio anual de ILGA-Europe, solo por detrás de Turquía y Azerbaiyán. Pero Armenia subió su puntuación en 2023 debido, precisamente, a la modificación en los requisitos para donar sangre.

Armenia es uno de los tres peores países de una lista de 49 Estados en Europa y Asia Central para la comunidad LGTBI, según la organización ILGA-Europe

Hovsepyan explica que se centran en acciones pequeñas como esta porque en Armenia “los líderes políticos tienen miedo a los cambios grandes” por temor a no revalidar su poder en futuras elecciones. “Pero sí se atreven a cambios menores a través de los ministerios, sin hacer ruido”, añade.

Todavía queda mucho trabajo, reconoce. “En Armenia no existen leyes para proteger a la comunidad LGTBIQ de los delitos de odio”, lamenta. “Muchos tienen miedo a salir del armario, puesto que después de contarlo pueden exponerse a muchos problemas”. Por ejemplo, menciona los casos de violencia doméstica por parte de padres o hermanos. Cuando se trata de hombres gais, ejercen la violencia física contra ellos; “con las mujeres lesbianas, se usan violaciones correctivas, aunque hay pocas denuncias”, añade. Otros ocultan su condición al depender económicamente de sus familias, pues temen que, si son rechazados, no podrían irse de casa y pagar un alquiler.

El secreto produce una angustia insoportable, asegura Hovsepyan. Algunos de los que se atreven a contarlo pasan por su oficina, situada en una calle con nombre de poeta. “Para hacer amigos, para documentarse o pedir consejo a profesionales, abogados o psicólogos”. Este apoyo es fundamental para evitar desenlaces fatales, como el de hace solo unos días, en noviembre, cuando un adolescente armenio de 17 años se quitó la vida tras sufrir acoso por su orientación sexual.

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