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Coordinado por Gonzalo Fanjul

Noticias malas y regulares en el Informe del Fondo Mundial sobre VIH, malaria y tuberculosis

El esfuerzo múltiple ha amortiguado el enorme impacto de la covid-19 en la lucha contra las tres principales enfermedades de la pobreza. Lo peor podría estar por llegar

Armados con listas de mujeres para contactar, dos trabajadoras comunitarias hablan con personas en el distrito de luz roja del puerto de Maputo, Mozambique, para brindar información sobre prevención y derivación del VIH a quienes la necesitan.
Armados con listas de mujeres para contactar, dos trabajadoras comunitarias hablan con personas en el distrito de luz roja del puerto de Maputo, Mozambique, para brindar información sobre prevención y derivación del VIH a quienes la necesitan.The Global Fund / John Rae

Me he preguntado muchas veces cuánto importa esta pandemia a quienes pasan su vida acechados por enfermedades mortales. Para centenares de millones de personas, la emergencia sanitaria es un hecho cotidiano, que se traduce en patologías olvidadas, precios farmacéuticos abusivos y sistemas de salud maltrechos. Es posible que muchos de ellos no lleguen a enfrentarse a la covid-19, o que esta les toque sin darse cuenta.

Sin embargo, todos y cada uno verán sus vidas amenazadas por la sombra larga de esta pandemia.

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Los datos que ha hecho públicos hoy el Fondo Mundial contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis (todos los detalles en esta estupenda pieza de Glòria Pallarès) ofrecen noticias malas y regulares. Déjenme empezar por las segundas. Como en cualquier otro ámbito del desarrollo, la lucha contra estas tres enfermedades —que matan hoy todavía a no menos de 2,4 millones de personas— ha sufrido un varapalo durante este año de pandemia. Caen los casos testados y tratados, se interrumpen las cadenas de suministro y se desborda la precaria infraestructura sanitaria. Las consecuencias se miden en un número aún indeterminado de decenas de miles de muertes prevenibles.

Y esta es, paradójicamente, una noticia mejor de lo que podría parecer. Hace solo catorce meses el propio Fondo temía que las muertes por sida, malaria y tuberculosis llegasen a doblarse como consecuencia de la pandemia. La intervención decidida de gobiernos, ONG y comunidad científica ha permitido amortiguar en parte ese golpe para ofrecer las cifras que hoy se publican. Los donantes públicos y privados permitieron incorporar 3.300 millones de dólares (2.700 millones de euros) en fondos adicionales para adaptar parcialmente las actuaciones al contexto de la covid-19. Haciendo de la necesidad virtud, las campañas de cribado del coronavirus fueron aprovechadas para limitar los daños en los programas de otras enfermedades.

Como han advertido los responsables del Fondo Mundial contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis, la prevención no realizada hoy se traduce en muertes y sufrimiento mañana

Basta mirar a otros sectores —educación primaria, seguridad alimentaria o programas rutinarios de vacunación contra la neumonía, por ejemplo— para saber que las peores noticias podrían estar por llegar. Como han advertido los responsables del Fondo, la prevención no realizada hoy se traduce en muertes y sufrimiento mañana. La inmensa mayoría del planeta carece de las redes de seguridad fiscales que Europa y otras regiones desarrolladas han desplegado en respuesta a la pandemia. No tenemos ninguna ilusión de que hagan un esfuerzo similar para los países pobres, pero sí que se garanticen los compromisos mínimos realizados hasta ahora. Por un lado, acelerar las donaciones de dosis a través de Covax para romper la obscena desproporción en la inmunización de países de ingreso bajo y desarrollados —1,8% versus 82%, en primera dosis. Por otro, asegurar la financiación de las organizaciones que continúan atendiendo a las enfermedades de la pobreza. El próximo año le toca el turno a la Global Financing Facility y, muy especialmente, al Fondo Mundial. En 2024 llegará el de Gavi, la alianza mundial de inmunización.

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