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El pequeño país que da un gran ejemplo al eliminar la malaria

El hito de El Salvador de erradicar el paludismo no hubiera sido posible sin el fuerte compromiso político y sin un financiamiento nacional sostenido

Imagen de 1963 en la que unos operarios preparan un vuelo de fumigación del mosquito Anopheles, portador del parásito de la malaria, dentro del programa de control de la enfermedad del país, que acaba de ser certificado por la OMS como libre de la enfermedad.
Imagen de 1963 en la que unos operarios preparan un vuelo de fumigación del mosquito Anopheles, portador del parásito de la malaria, dentro del programa de control de la enfermedad del país, que acaba de ser certificado por la OMS como libre de la enfermedad.Yutaka Nagata/ ONU
María Isabel Rodríguez y Francoise Vanni

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La certificación de la eliminación de la malaria que El Salvador recibió la semana pasada de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un extraordinario logro que viene a coronar décadas de compromiso y arduo trabajo en el país centroamericano. Es también la demostración de que, cuando se invierte en salud comunitaria y en las personas, se puede poner fin a enfermedades infecciosas mortales y hacer que el mundo sea un lugar más seguro para todos.

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Con la excepción de un brote en 1996, El Salvador redujo constantemente su carga de malaria durante las últimas tres décadas. El número de casos disminuyó de más de nueve mil en 1990 a 26 en 2010. Conocido como el Pulgarcito de las Américas debido a su pequeño tamaño, El Salvador perseveró en el trabajo a pesar de unas características geográficas propicias para la malaria y de haber vivido una guerra civil, huracanes y terremotos, dedicando recursos financieros y humanos para cumplir su meta. El Salvador no ha notificado ningún caso autóctono de la enfermedad desde el 2017, lo que le ha valido la distinción de convertirse en el primer país en Centroamérica en obtener dicha certificación.

Este hito no hubiera sido posible sin el fuerte compromiso político de El Salvador y sin un financiamiento nacional sostenido. Desde el principio, El Salvador reconoció la importancia de dedicar un presupuesto suficiente para mantener sus metas en materia de salud, incluida la lucha contra la malaria. Este compromiso se ha reflejado a lo largo de los años en las líneas presupuestarias nacionales.

Gracias al apoyo de socios internacionales como la Organización Panamericana de la Salud, reorientó con éxito su campaña contra la malaria, lo que se tradujo en una mejor asignación de los recursos y las intervenciones en función de la distribución geográfica de los casos. También se introdujo un sistema electrónico de información sobre paludismo. La descentralización del programa de malaria y su red de laboratorios permitió una vigilancia, detección de casos y tratamientos más rápidos y mejores.

La participación de miles de voluntarios en la lucha contra la malaria fue fundamental para reforzar la exitosa estrategia del país de diagnosticar, tratar e investigar. Gracias a sus esfuerzos, las personas podían recibir tratamiento en sus propias comunidades, sin tener que visitar un establecimiento de salud, lo que reducía el riesgo de transmisión. Tomemos el ejemplo de Edilberto Cruz, un voluntario. Durante 25 años, Edilberto ha viajado en su bote con su kit antipalúdico para visitar comunidades y realizar la prueba de la gota gruesa a las poblaciones de mayor riesgo, incluidos las y los trabajadores migrantes de los países vecinos.

El caso de El Salvador también nos recuerda la importancia de construir una cobertura de la atención primaria de salud

El caso de El Salvador también nos recuerda la importancia de construir una cobertura de la atención primaria de salud para garantizar que todas las personas se mantengan saludables y puedan recibir atención cuando la necesiten. La reforma del sistema de salud en El Salvador sentó las bases para un modelo de atención primaria destinado a brindar acceso a un sistema de salud universal y equitativo. La inauguración de un nuevo hospital en la capital es siempre celebrada en los medios de comunicación, pero la apertura de un centro de atención primaria de salud en una comunidad rural apenas recibe la atención que se merece, a pesar de que este centro llega a las personas que más necesitan atención médica.

Cuando las comunidades tienen salud, las personas tienen oportunidades de crecer y contribuir al desarrollo de un país. Una madre que no tiene malaria puede ir a trabajar. Un niño o niña que no tiene malaria puede ir a la escuela. Pero el acceso a la educación es igualmente importante. No se puede tener salud sin educación. Esto comienza por enseñar a los menores de edad que la salud es clave para el desarrollo humano.

La región de las Américas ha logrado un progreso extraordinario contra la malaria, con una caída del 62% en los casos entre 2000 y 2015. Sin embargo, la pandemia actual amenaza con deshacer este progreso. Incluso antes del impacto del nuevo coronavirus, algunos países de las Américas habían registrado un aumento de casos desde 2015. La covid-19 es un formidable desafío adicional: muchos países han adaptado la forma en que entregan mosquiteras, diagnósticos y medicamentos para garantizar la seguridad de los trabajadores sanitarios de primera línea y las comunidades.

Si bien los países de América Latina están en camino de eliminar la malaria, la enfermedad sigue siendo un enorme problema en el África subsahariana, donde unas 400.000 personas mueren cada año debido a ella, la mayoría de ellos menores de cinco años. El Informe Mundial sobre la Malaria 2020 de la OMS publicado en noviembre calculó que una interrupción del 10% en el acceso a un tratamiento eficaz contra este parásito en el África subsahariana podría provocar 19.000 muertes adicionales. Las interrupciones de los tratamientos eficaces del 25% y 50% podrían resultar en 46.000 y 100.000 muertes adicionales, respectivamente.

No podemos permitir que esto suceda. Debemos poner fin a la malaria en el mundo. Desde que comenzó la pandemia de la covid-19, el Fondo Mundial está ayudando a los países a mitigar su impacto en los programas de malaria, VIH y tuberculosis, y a combatir el coronavirus. El Fondo Mundial se complace en haber apoyado a El Salvador en eliminar la malaria. Somos plenamente conscientes de que nos esperan grandes desafíos por delante. Necesitamos proteger los logros que tanto trabajo han costado y mantener el impulso, con más colaboración, más recursos y más innovación. Como declaró el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, El Salvador es una prueba y una inspiración para todos y todas de que podemos soñar con un futuro libre de malaria.

María Isabel Rodríguez es exministra de Salud de El Salvador y exasesora presidencial en Salud y Educación. Francoise Vanni es directora de Relaciones Externas y Comunicaciones del Fondo Mundial.

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