La increíble historia de cómo un solo hombre logró llevar mascarillas a toda América Central

El proyecto de un farmacéutico y empresario costarricense demuestra que podemos superar los desafíos sanitarios mundiales si unimos a innovadores conscientes de su responsabilidad cívica con fabricantes de países en desarrollo

A falta de mascarilla, un hombre se protege de la covid-19 con una pantalla realizada con un bidón de plástico en San José, Costa rica, el 27 de julio de 2020. Este ciudadano participaba en una manifestación convocada por diversos grupos sindicales y sociales en contra de las medidas económicas aplicadas por el Gobierno durante la pandemia y para exigir un fondo de emergencia que auxilie a los desempleados.
A falta de mascarilla, un hombre se protege de la covid-19 con una pantalla realizada con un bidón de plástico en San José, Costa rica, el 27 de julio de 2020. Este ciudadano participaba en una manifestación convocada por diversos grupos sindicales y sociales en contra de las medidas económicas aplicadas por el Gobierno durante la pandemia y para exigir un fondo de emergencia que auxilie a los desempleados.Jeffrey Arguedas / EFE

Hace nueve meses, a medida que se extendía la pandemia de covid-19, me reuní con varios compañeros para intercambiar ideas. El virus se propagaba con rapidez. ¿Cómo podíamos ayudar a los países en desarrollo y menos adelantados a acelerar el acceso a tecnologías sanitarias de calidad que permitan salvar vidas? Comenzamos a investigar, consultamos a los expertos y movilizamos nuestras redes; no había tiempo que perder.

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Al mismo tiempo, el señor Mario Sánchez, un farmacéutico y empresario costarricense, estaba a punto de subir a un avión y emprender una misión para intentar adquirir mascarillas de uso médico. No obstante, lo que a priori parecía una transacción sencilla acabó convirtiéndose en una odisea que lo llevó desde Costa Rica hasta los Estados Unidos, Polonia, Alemania y los Países Bajos. Encontrar materiales y tecnologías auténticos, de calidad y asequibles para la fabricación de productos sanitarios relacionados con la covid-19 no es tarea fácil para los pequeños empresarios y fabricantes. De hecho, durante la primera mitad de 2020 era prácticamente imposible. El señor Sánchez se dio de bruces con obstáculos a cada paso del camino: pistas falsas, materiales defectuosos, vendedores sin escrúpulos y una reticencia a compartir tecnologías.

Pocos días antes de que cerraran las fronteras, Sánchez volvió a Costa Rica con las manos vacías y consciente de una difícil realidad: su país afrontaba una escasez acuciante de mascarillas y otros equipos de protección personal (EPP) que los profesionales sanitarios necesitarían para combatir la pandemia. Y Costa Rica solo conseguiría una cantidad suficiente de dichos suministros si empezaba a producirlos de forma local.

Lo cierto es que, en muchos aspectos, Sánchez era la persona idónea para acometer este desafío: es propietario de una empresa farmacéutica e incluso su tesis de fin de máster versó sobre la escasez de material médico. Aun así, tuvo problemas a la hora de conseguir acceso a la tecnología necesaria para fabricar las mascarillas de uso médico que los hospitales tanto necesitaban.

Mientras el empresario se encontraba de viaje, nuestro proyecto estaba ya en marcha. Había nacido la Alianza para el Acceso a la Tecnología, una forma de poner en contacto a fabricantes, empresarios y otros interesados por la tecnología en los países en desarrollo con innovadores mundiales, universidades y otros grupos que ponen su propiedad intelectual al servicio del bien común. A los pocos días pusimos a Sánchez en contacto con una empresa turca, MEMSIS, que había desarrollado una membrana para mascarillas de uso médico. Acompañamos a ambas partes a medida que estas alcanzaban un acuerdo y navegaban el proceso de regulación. Esta era una asociación en la que Sánchez podía confiar.

En apenas unos meses, este costarricense ha diseñado y fabricado un tipo de mascarilla apta para fines médicos, ha obtenido la aprobación normativa del Gobierno de Costa Rica y ha producido y probado varios prototipos. En cuanto aumente el ritmo de producción, suministrará mascarillas a su país, así como al resto de la región de América Central y el Caribe, hogar de casi 90 millones de personas. Trabajamos tanto con el desarrollador como con Sánchez, con el objetivo de ayudarle a entender las normativas y evaluaciones necesarias para que su mascarilla recibiera el visto bueno nacional e internacional.

El proyecto de Sánchez demuestra que podemos superar los desafíos sanitarios mundiales si unimos a innovadores conscientes de su responsabilidad cívica con fabricantes de países en desarrollo. En la Alianza para el Acceso a la Tecnología registramos las solicitudes y ofertas, examinamos y seleccionamos las tecnologías en cuestión y aprovechamos la experiencia tanto externa como de las Naciones Unidas a fin de concertar combinaciones idóneas para la transferencia de tecnología. Así se garantiza que las asociaciones tengan más probabilidades de dejar una huella indeleble. Estamos en proceso de negociar con otros asociados locales en Lesotho y Sudáfrica, y estamos seguros de que colaboraciones de esta índole tienen el potencial de reforzar los sistemas sanitarios de los países, así como sus economías en general.

Pese a estos avances, aún queda mucho por hacer. El comportamiento de la covid-19 no siempre ha sido el esperado. A medida que el virus y las necesidades de los países en desarrollo cambian y se adaptan, nosotros también debemos hacerlo.

Si bien las mascarillas comunitarias constituyen una opción efectiva y adecuada para el público, las mascarillas de uso médico son fundamentales para proteger a los trabajadores sanitarios. Al menos 7.000 trabajadores sanitarios en todo el mundo han fallecido a causa de la covid-19. No cejaremos en nuestro empeño de unir a empresarios que hacen gala de civismo, como el señor Sánchez, con la tecnología que precisan para contener la marea.

A medida que el virus y las necesidades de los países en desarrollo cambian y se adaptan, nosotros también debemos hacerlo

Con la evolución del tratamiento del virus hemos comprobado que nuestra previsión inicial respecto a la necesidad de contar con más respiradores no se ha materializado. Lo que sí necesitan los países en desarrollo es una mayor capacidad para mantener y reparar los respiradores de los que ya disponen, o bien adaptarlos para que puedan emplearse con pacientes de covid-19. Estamos en proceso de movilizar a otros actores para ampliar su apoyo a los países, además de hacer un llamamiento a los países que actualmente disponen de un exceso de respiradores, con la esperanza de que consideren asociarse con nosotros para ponerlos a disposición de aquellos países que todavía carecen de una capacidad adecuada. La Alianza para el Acceso a la Tecnología también pasará a abordar estas necesidades vitales en el ámbito de los dispositivos médicos: oxígeno y oxímetros de pulsos.

Pese a que muchos de los pacientes más graves de coronavirus precisan de oxígeno adicional para sobrevivir, son muchas las personas sin acceso a estos tratamientos que les salvarían la vida por el simple hecho de residir en países con una escasez de oxígeno. Resulta alentador comprobar que se han llevado a cabo algunos estudios piloto con el objetivo de aumentar la capacidad de producción de oxígeno de los sistemas sanitarios con recursos escasos. Redoblar estos esfuerzos es vital a día de hoy, y creemos que la transferencia de tecnología puede desempeñar un papel preponderante a tal respecto.

Asimismo, los oxímetros de pulsos conforman otra herramienta crucial para determinar si los niveles de oxígeno en la sangre de un paciente de covid-19 han caído por debajo del umbral de peligro. Con todo, la mayoría de los oxímetros de pulsos actualmente en el mercado solo ofrecen lecturas en los tonos de piel más claros, lo que puede ocasionar errores médicos de gran riesgo para las personas de piel más oscura. Esta circunstancia no es sino otro ejemplo de una situación en la que es necesario negociar una transferencia de tecnología entre los titulares de propiedad intelectual y los fabricantes locales, a fin de producir oxímetros de pulsos apropiados para la población a la que se destinan.

Entretanto, pese a que los fabricantes se han comprometido recientemente a poner una cantidad determinada de pruebas de diagnóstico rápido a disposición de los países menos avanzados por medio del Acelerador ACT de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas donaciones no bastan para gestionar la pandemia de forma adecuada a largo plazo. No liberan a los países en desarrollo de la dependencia de terceros para satisfacer sus necesidades sanitarias, mientras que la transferencia efectiva de tecnología sí puede conseguirlo. Seguiremos desempeñando un papel preponderante en la transferencia de tecnología con miras a aumentar la producción crucial de pruebas a escala local. De forma simultánea, tanto nosotros como nuestros asociados seguiremos abogando por abordar la falta de inversiones para desarrollar estas capacidades de diagnóstico esenciales, en especial en los países en desarrollo.

Existe potencial para aplicar la transferencia de tecnología a otros problemas acuciantes que atañen a los países menos adelantados

Mientras materializamos nuestro compromiso de ayudar a otros países a superar sus desafíos sanitarios, observamos que existe potencial para aplicar la transferencia de tecnología a otros problemas acuciantes que atañen a los países menos adelantados. Los desechos médicos constituyen uno de estos problemas. La OMS estima que, como parte de la respuesta a la covid-19, se necesitan 89 millones de mascarillas de uso médico, 76 millones de guantes y 1,6 millones de gafas de seguridad a escala global cada mes. La pandemia ha generado montañas de equipos EPP descartados, lo que lastra los esfuerzos en aras de contener la pandemia, además de ser nocivo para el medio ambiente. La Alianza para el Acceso a la Tecnología se ha comprometido a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible y ha comenzado a sopesar formas de abordar los desafíos relativos a la eliminación de desechos de EPP mediante tecnologías respetuosas con el medio ambiente y prácticas de economía circular.

Actualmente nos encontramos sumidos en la incertidumbre, puesto que los sistemas que hacen posible la vida —desde nuestros sistemas sanitarios hasta nuestros ecosistemas— se encuentran bajo una presión sin precedentes. No debemos dudar a la hora de adaptarnos y aspirar a las mejores condiciones posibles. El señor Sánchez corrió un riesgo que ha dado sus frutos gracias a que encontró al socio adecuado. Nunca antes ha importado tanto contar con asociaciones auténticas y de confianza. Durante la Cumbre Mundial de Innovación para la Salud esta semana en Qatar, espero poder compartir cómo la transferencia de tecnología ofrece motivos para mirar el futuro con optimismo, tanto en el ámbito comercial como en el social. Se necesitará un esfuerzo colectivo y veloz para hacer llegar las tecnologías capaces de salvar vidas a aquellos que las necesitan, así como para crear sistemas sanitarios sólidos que puedan afrontar los mayores desafíos sanitarios de nuestro tiempo.

Joshua Setipa es el director gerente del Banco de Tecnología de las Naciones Unidas para los Países Menos Adelantados. La Alianza para el Acceso a la Tecnología es fruto de la colaboración entre el Banco de Tecnología de las Naciones Unidas, el PNUD, la UNCTAD y la OMS.

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