El S.O.S. de los jóvenes colombianos

Con imágenes de impacto y la denuncia por bandera, un grupo de jóvenes colombianos residentes en Madrid recorrieron las calles de la ciudad para manifestar su dolor por los asesinatos, las masacres y la grave violación de los derechos humanos por parte de la fuerza pública de su país

Manifestación de jóvenes migrantes colombianos en Madrid contra las masacres y violencia policial de los últimos meses en su país.
Manifestación de jóvenes migrantes colombianos en Madrid contra las masacres y violencia policial de los últimos meses en su país.Jimmy Ramirez Vasqez / EL PAÍS

Normalizar la muerte es una de las grandes tragedias que le puede pasar a una sociedad. Convivir con ella y hacerla tan cotidiana que su presencia no nos haga volver la cabeza para saber qué pasó es, además de una tragedia, un retroceso de la humanidad. Cuando una parte de la sociedad y la gran mayoría de los gobernantes colombianos guardan silencio frente a las masacres y cuando las protestas por los crímenes en los que se ve involucrado el Estado colombiano, los grupos paramilitares y el narcotráfico se reprimen con más muertos por parte de una fuerza pública desmedida en su agresión, obliga a los colombianos allí y en cualquier rincón del mundo en el que se encuentren, a buscar distintas formas para manifestar su desesperanza.

Más información

Para denunciar la tragedia de ese país ya no bastan las pancartas ni las consignas al uso, hay que recurrir a la creatividad y echar mano de todos los medios posibles que logren la atención de la comunidad internacional, sobre la desbordante violación a los derechos humanos que el Gobierno del presidente Iván Duque Márquez maquilla con eufemismos, esto, cuando no los niega.

En días pasados, un grupo de jóvenes colombianos residentes en Madrid, en su mayoría artistas que se niegan a guardar silencio ante la muerte, irrumpieron en las calles de la ciudad para tomarse la palabra con una acción cultural que propone nuevas y contundentes formas de contar al mundo lo que pasa en Colombia.

Los transeúntes del centro de Madrid presenciaron con asombro cómo un amplio grupo de personas recorría la calle Alcalá en una actuación que, mediante el riguroso luto y sin mediar palabra, caían al suelo como si fuesen víctimas que, baleadas, terminaban en el asfalto. Una acción artística de una potencia icónica bastante fuerte que incluía dos enormes lápidas con el mapa de Colombia y unos cuantos ataúdes cubiertos con flores, que no dejó indiferente a ningún transeúnte.

Los responsables y protagonistas de esta original, a la vez que contundente denuncia, son jóvenes colombianos que en su mayoría llegaron a España por estudios, por alguna actividad laboral y, alguno que otro, por amor. Son jóvenes que han hecho de Madrid su lugar de residencia y el sitio en el que desarrollar su actividad, en la mayoría de los casos, cultural y artística. No traen a cuesta la dolorosa carga del exilio y, aparentemente, no son víctimas directas del largo conflicto colombiano, pero todos, de una u otra forma, se han visto tocados por la guerra y la crisis social que ha permeado todas las capas de la población a lo largo y ancho del territorio colombiano.

“Buscábamos imágenes de impacto, cuestionamientos, que la gente que las viera se acercara a preguntar quiénes somos y qué pasa. Y así fue. La gente se detenía para hacer fotos, se paraba a observar lo que iba sucediendo en el recorrido, tanto así, que hasta los mismos policías que acompañaban la marcha mostraron su interés en saber de qué se trataba aquella puesta en escena y qué es lo que sucede en Colombia”, afirma Leonardo Robayo, el coreógrafo bogotano encargado de dar forma a esta lúdica denuncia.

Robayo estaba en México estudiando danza contemporánea, pero una beca de dos años lo hizo aterrizar en el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila, de Madrid, y se quedó. De esto hace ya ocho años y actualmente, investiga y enseña danza clásica, además de crear piezas para distintas compañías artísticas.

“Es la primera vez que participo en un acto así, jamás me había manifestado por nada, pero la situación actual es tan desbordante que hay que pasar a la acción y a la denuncia. Creo que trabajando desde la imagen de una propuesta artística podemos impactar, crear más conciencia en la comunidad internacional para que ponga los ojos en nuestro país y nos ayude a poner freno al autoritarismo de este Gobierno que se niega a que sus ciudadanos tengan paz”, apremia.

El coreógrafo cree que la realidad en Colombia es que les están matando. “No hay justicia ni procesos legales: seas o no delincuente, igual te matan. La muerte está permitida, generalizada y, sobre todo normalizada. Soy artista y me encanta lo poético y contar cosas de esa forma, aun cuando esta situación sea tan dura, contarlo en una performance tiene algo de poético. Pienso que el arte debe cumplir, además, con otra función aparte de la que es que el público pague por presenciar un espectáculo, pues debe ser funcional, servir para la denuncia”.

Asegura el artista que, la sola premisa de haber nacido en Bogotá hace que la violencia policial le haya tocado de una u otra forma. Por eso, quedó sorprendido, para bien, cuando al inicio del recorrido de la marcha, un miembro de la policía local se le acercó para preguntarle sobre el orden de salida. Lo hizo con todo respeto y en buenos términos, aun cuando él, por ese solo hecho, se pusiera nervioso. “Una situación tan normal como esta no es posible en Colombia. Si en una manifestación allí se me acerca un policía, además de peligroso, es una muy mala señal y un síntoma de que muy seguramente terminará en algún tipo de agresión por su parte”.

Trabajando desde la imagen de una propuesta artística podemos impactar, crear más conciencia en la comunidad internacional para que ponga los ojos en nuestro país
Leonardo Robayo, coreógrafo y manifestante

La socióloga Nadia Hakim fue la encargada de preparar y leer el manifiesto con el que, a lo largo del recorrido que cubrió desde la Puerta de Alcalá hasta la Puerta del Sol, dejó en evidencia la grave situación de violación a los derechos humanos por la que atraviesa el país sudamericano. La particularidad de esta puesta en escena callejera es, según asegura Hakim, que está realizada con gente que lleva muchos años fuera de su país "y la distancia tiene un efecto sobre cómo se ve la situación de allí. Somos otra generación, que quiere aportar sus ganas de salir del ciclo infernal de enfrentamiento de nuestro país, que se cambie el lenguaje y la forma de comunicarnos para salir de la guerra. Lo que vemos estando fuera no nos gusta.

Hakim salió de su país siendo muy joven. Llegó a Salamanca a estudiar Sociología y al terminar, ofertas laborales la hicieron tomar la decisión de quedarse. Hoy en día, tiene su propia empresa de asesoría en escritura académica.

“Decidí salir a la calle a participar de manera espontánea para denunciar que ni aun estando lejos nos libramos de la difícil situación de violencia” afirma la antropóloga, a quien hasta Madrid le llegó el tufo de la muerte que acecha a los jóvenes en Colombia. El pasado mes de diciembre y mientras se encontraba disfrutando de su luna de miel en el Caribe colombiano, la ambientalista Natalia Jiménez ―su mejor amiga― y su esposo Rodrigo Monsalve fueron asesinados de un tiro de gracia y encontrados en una zona rural de la ciudad de Santa Marta, un crimen de lesa humanidad que aun así no movilizó a un país embebido en las celebraciones decembrinas.

El rap como catarsis

“Por todos los caídos, que su memoria no se pierda. Luchamos por la paz y el Gobierno grita ‘guerra’, queriendo callar, pero cada vez somos más los que queremos un cambio y no la misma mierda”, cantaba Alejandro Neva, un rapero de Las Cruces, un barrio muy popular del centro de Bogotá quien, junto con otros artistas, fue el encargado de cerrar la manifestación con un tema de su autoría que no dejó indiferente a nadie.

Para Alejandro el amor es la fuerza que mueve al mundo y fue el amor el que hace un año lo trajo a España de la mano de Cristina Jiménez, una reconocida rapera y feminista madrileña. “Mi país vive una realidad horrible que desde los 12 años estoy denunciando a través de mi música, pero que también necesita ser contada y escuchada en todos los rincones del mundo y ese es otro de los motivos por los que haya decidido venir a vivir a España. Aun cuando la pandemia nos tiene frenados temporalmente, no cesaremos en nuestro intento por visibilizar la grave situación de nuestro país”, asegura el artista.

Por su condición humilde, por nacer en un barrio pobre, por formar parte de un sector de la sociedad al que históricamente se le han negado las oportunidades, él cantautor afirma que no conoce un momento de su vida en el que no haya sufrido estigmatización o rechazo por parte de algunos sectores de la sociedad, o en el que la policía no le haya acosado y agredido por su forma de vestir y su arte. “Entiendo que son seres humanos como nosotros, pero ser policía en Colombia requiere de una alta dosis de agresividad, de maldad y crueldad, luego entonces entiendo que lo que falla es el sistema que les exige actitudes inhumanas”, critica.

“No importa que ahora pongan precio a mi cabeza. Lo sabe el mundo entero, comisiones internacionales. Centro Democrático mano de cobardes. No confundan, no comparen, sus propuestas son un fraude”. Así cerraba el rap que Alejandro cantó a los pies de una gigantesca pancarta en la que se leía: S.O.S Colombia nos están matando, alrededor de la cual los manifestantes se sentaron a conversar con la gente que curiosa se acercaba a preguntar sobre la estremecedora escena que enmarcaban tres ataúdes blancos cubiertos con la bandera colombiana.

El blog Migrados no se hace responsable de las opiniones de los autores invitados. Los textos se eligen por su interés, su actualidad y diversidad y su capacidad para generar debates sobre el fenómeno migratorio.

Más información

Lo más visto en...

Top 50