tribuna
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La cita de la OTAN con la historia

Las sanciones son importantes para señalar la unidad occidental y castigar a Putin y su régimen. Pero es hora de tomar decisiones audaces y estratégicas, no solo de celebrar comunicados

Edificio destruido por los ataques rusos en el barrio Saltivka, en las afueras de la ciudad ucrania de Járkov, el pasado 14 de junio.
Edificio destruido por los ataques rusos en el barrio Saltivka, en las afueras de la ciudad ucrania de Járkov, el pasado 14 de junio.Orlando Barría (EFE)

Todas las cumbres de la OTAN suelen presentarse como históricas. Pero algunas suponen un cambio más drástico que otras. Para que la cumbre de la OTAN en Madrid pueda calificarse de verdaderamente histórica, los dirigentes tendrán que ir más allá de los titulares sobre la unidad y empezar a sentar las bases de un rol estratégico a largo plazo.

Lo primero y más inmediato es que la O de la OTAN debe significar algo más tangible para Ucrania. El presidente Volodímir Zelenski, que asistirá virtualmente a la cumbre, haría bien en instar a la OTAN a que se deje de retórica y dé un paso adelante. Sus fuerzas están perdiendo cada día una media de 100 soldados con cinco veces más de heridos. Se estima que el desgaste de Rusia es el mismo, si no más. La diferencia es que Ucrania cuenta con una reserva más amplia de ucranios motivados dispuestos a luchar. Pero necesitan entrenamiento para reponer las unidades de primera línea agotadas y equipar los sistemas de armas suministrados por Occidente. Los esfuerzos de adiestramiento realizados por los distintos aliados han sido fundamentales, pero es evidente que no son suficientes para que Ucrania pueda seguir el ritmo de lo que se está convirtiendo rápidamente en una larga guerra de desgaste. La OTAN tiene todo lo necesario para aumentar el adiestramiento: la experiencia adquirida en anteriores misiones de adiestramiento, una estructura de mando de probada eficacia y la capacidad de combinar el equipamiento con el adiestramiento. Una misión de adiestramiento de la OTAN para Ucrania también haría que los esfuerzos de los aliados sean más sostenibles a lo largo del tiempo, permitiendo que todos, incluidos los aliados más pequeños, contribuyan de diferentes maneras.

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La posibilidad de que Viktor Orbán vete dicha misión podría disuadir a Estados Unidos y a otros aliados de seguir adelante. Sin embargo, no sería la primera vez que la OTAN acuerda una misión a pesar de que algunos aliados no están de acuerdo. Todas las misiones de la OTAN, excepto la ISAF, han tenido al menos un aliado que ha optado por no participar. Si no se aumenta el apoyo de la OTAN, los dirigentes tendrán que explicar al mundo cómo pueden entrenar en tierras lejanas a soldados iraquíes y, sin embargo, no lo hacen con los soldados ucranios que luchan en una guerra en nombre de Europa. Aumentar el entrenamiento de las fuerzas ucranias podría ser uno de los factores que podrían inclinar drásticamente la balanza a favor de Kiev, o por lo menos darle una oportunidad justa de aguantar el largo recorrido contra el duro asalto ruso. También podría ser el preludio de una misión de adiestramiento de la OTAN en suelo ucranio después de la guerra, similar al centro de adiestramiento de Georgia, pero a mayor escala.

En segundo lugar, al decidir pasar a una postura de defensa más permanente en el flanco oriental, la OTAN debería ser coherente y suspender el Acta Fundacional OTAN-Rusia. Sus términos hace tiempo que fueron incumplidos por Rusia. Reflejan una época pasada en la que la cooperación con Rusia era el principal objetivo. Si hubiera alguna duda después de 2014-2015, el problema no es solo el comportamiento de Vladímir Putin, sino el propio Putin. Con el cambio de régimen como una no opción, una contención sistemática es ahora el imperativo clave. Por eso, los líderes no deberían responder a la línea roja de Putin contra la presencia de la OTAN en Suecia y Finlandia. En su lugar, deberían mantener cierta ambigüedad estratégica. En primer lugar, no está claro si un refuerzo de los territorios de los nuevos miembros nórdicos podría no ser necesario en el futuro. Quién hubiera pensado hace diez años que miles de fuerzas y equipos pesados de la OTAN estarían estacionados en Europa Central. En segundo lugar, los acuerdos de defensa para los nuevos miembros nórdicos, especialmente Finlandia, es una de las mayores ventajas que tiene la OTAN frente a Putin. No es ningún secreto que mantener el statu quo en la frontera ruso-finlandesa es fundamental para Putin. Responder a un posible refuerzo en el territorio finlandés supondría una importante presión para las ya de por sí presionadas fuerzas rusas. No se trata de tomar esa decisión ahora, sino de dejar la suficiente ambigüedad como para que la OTAN pueda crear cierta influencia para cuando llegue el momento de las negociaciones serias sobre Ucrania con Rusia.

En tercer lugar, estamos entrando en una nueva era nuclear. Rusia se dedica a hacer ruido de sables y señales nucleares. China está construyendo rápidamente su arsenal nuclear, y se estima que se unirá al exclusivo club de más de mil cabezas de guerra a finales de la década, junto con Rusia y Estados Unidos. La aspiración de los líderes occidentales de reducir la relevancia de las armas nucleares puede ser moralmente encomiable, pero está cada vez más en desacuerdo con el mundo real. Por muy incómodo que resulte, los dirigentes de la OTAN deberían estar dispuestos a discutir el papel de las armas nucleares en su postura global de disuasión. Esto no significa reflejar la gesticulación o doctrina nuclear rusa, que considera las armas nucleares como formas de imponerse en un conflicto convencional. Pero significa responder a la pregunta de cómo restaurar cierta estabilidad y previsibilidad con el objetivo final de evitar un conflicto nuclear. Ignorar o señalar a medias es una receta segura para dejar a Putin o Xi Jinping el control de la escalada nuclear.

Instintivamente, los líderes de la OTAN buscan evitar la escalada, mantenerse justo por debajo de un determinado umbral y esperar una resolución diplomática. Sin embargo, las circunstancias extraordinarias exigen un enfoque diferente. Las sanciones son importantes para señalar la unidad occidental y castigar a Putin y su régimen. Pero es poco probable que cambien fundamentalmente el comportamiento de Putin, especialmente a corto plazo. Las armas sí lo harán. Mientras los ucranios estén dispuestos a luchar en esta guerra, la OTAN no puede detenerse a mitad de camino para permitirles prevalecer en el campo de batalla. Es hora de tomar decisiones audaces y estratégicas, no solo de celebrar comunicados.

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