1 hora, 59 minutos, 30 segundos
La gesta de Sawe, primer hombre en correr un maratón en menos de dos horas, abre una era en el atletismo y en la ciencia del deporte


La imagen de Sabastian Sawe levantando los brazos en el centro de Londres bajo una pancarta de meta en la que el reloj marca 1:59:30 es ya uno de los momentos estelares de la historia del deporte profesional y abre una época de marcas impensables en la prueba más épica del atletismo. El corredor keniano, de 31 años, es el primer hombre de la historia en correr los 42,195 kilómetros del maratón en menos de dos horas, un récord que los mejores de esta distancia, como Kipchoge o Gebreselassie, han perseguido sin éxito durante todo este siglo. Lo extraordinario es que el segundo en la carrera, Yomif Kejelcha, también bajó de las dos horas. La hazaña de Sawe, y la menos publicitada de Kejelcha, recuerda que hay límites humanos que parecen insuperables, y no lo son.
La otra imagen que define este momento en el atletismo es la del propio Sawe mostrando las zapatillas Adidas con las que corrió el histórico maratón. La proeza no se explica sin la evolución de la tecnología del calzado deportivo desde que el keniano Abebe Bikila corría descalzo por las calles de Roma en los Juegos de 1960 porque las zapatillas le hacían ampollas. Las de Sawe pesaban solo 96 gramos cada una. Una pluma. Es una carrera tecnológica que comenzó Nike con el patrocinio del campeón olímpico Eliud Kipchoge. El triunfo del domingo en Londres también es un triunfo de las marcas deportivas que llevan décadas compitiendo por esa fotografía y para las que se abre un jugoso mercado.
Detrás de la gesta de Sawe hay toda una industria de la nutrición deportiva que evoluciona con la misma fiereza competitiva que la de la tecnología del calzado. La imagen del corredor de maratón solitario que agarraba una botella de agua por el camino, se refrescaba la cabeza y la tiraba al suelo es hoy más mito que realidad. Durante la carrera, Sawe ingirió 115 gramos de carbohidratos por hora en botellitas de fructosa-glucosa repartidas por el recorrido. El combustible justo para rellenar su depósito de energía y nunca quedarse seco. Hoy los avances en fisiología y el conocimiento del funcionamiento del organismo gracias al progreso de la investigación biomédica son parte integrante de los récords.
Esta realidad choca con la mística de un deporte, el atletismo, que el público no aficionado sigue viendo como un esfuerzo humano solitario y contra los elementos practicado por anacoretas con una resistencia sobrehumana al sufrimiento. Pero un corredor de maratón de su nivel tiene hoy mucho en común con un piloto de Fórmula 1, rodeado de patrocinadores e ingenieros que deciden cómo se va a correr la carrera.
Desde que Filípides corrió desde Maratón hasta Atenas para morir después de anunciar la victoria sobre los persas, la carrera de los 42,195 kilómetros ha sido una lucha individual, el empeño de una persona para superar sus límites de manera heroica. La del campeón de maratón es una imagen que cautiva, y cada generación tiene la suya grabada en la memoria: Bikila, Gebreselassie, Kipchoge. Este domingo, Sabastian Sawe y su inmediato perseguidor, Yomif Kejelcha, corrieron en Londres por debajo de las dos horas. La ruptura de la barrera física y psicológica será recordada con justicia. Pero también nos muestra hasta qué punto los atletas han perdido el aura épica de la pura superación física para compartir podio con una ciencia que los impulsa hacia nuevas metas imposibles.


























































