Frente al retroceso democrático
Numerosos informes alertan sobre el avance del autoritarismo, pero la derrota de Viktor Orbán demuestra que el proceso no es irreversible


Las democracias retroceden, el autoritarismo avanza año tras año, y la tendencia se intensifica en una época dominada por dictaduras que, como la de China, exhiben como atractivo su gestión y poderío económico, estados autocráticos como Rusia que invaden y bombardean a un vecino sin respetar la legalidad, o unos Estados Unidos dedicados, con el presidente Donald Trump, a socavar algunos de los pilares de su propio estado de derecho y las normas internacionales. El último informe de la organización no gubernamental Amnistía Internacional, publicado este martes, retrata gráficamente un mundo de “depredadores voraces, de saqueadores brutales a la caza de trofeos injustos”. Pero la “recesión democrática”, término acuñado por el profesor Larry Diamond, no es una fatalidad, como demuestran las recientes elecciones en Hungría, donde el máximo exponente de la democracia iliberal —una forma de democracia degradada y de baja calidad— ha perdido el poder tras una derrota severa en las urnas.
El informe de Amnistía Internacional, centrado en las violaciones de los derechos humanos, confirma los de otras organizaciones. El Instituto V-Dem, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), contabiliza 87 democracias liberales e iliberales en el mundo frente a 92 autocracias. Aunque el número de democracias es mayor que hace 50 años, el centro sueco registra un retroceso en las últimas décadas, y retira a EE UU, en su último estudio, el estatus de democracia liberal plena. Esta degradación, según el documento, se explica por “la concentración de poder rápida y agresiva” en la Casa Blanca. También por el desprecio por las normas y equilibrios de poderes en el país que en otra época se proclamó como faro del mundo libre. “Rusia y China son menos libres ahora que hace 20 años. Estados Unidos, también”, alerta Human Rights Watch en su último estudio. Un 72% de la humanidad, según esta organización no gubernamental, vive bajo una autocracia.
Son datos inquietantes, no por su novedad sino porque ya se han prolongado durante más de una década. No son un mero paréntesis. Queda lejos la esperanzadora ola que empezó con el fin de la dictadura en Portugal y España, y se prolongó después de 1989 con la caída del Muro de Berlín. El politólogo Samuel Huntington hablaba de una tercera ola de democratización. La primera se habría extendido entre 1820 y principios del siglo XX; la segunda, entre 1945, al final de la II Guerra Mundial, y 1962; la tercera, a partir de los años 70. En algún momento, con las ilusiones del fin de la Historia al terminar la Guerra Fría, llegó a parecer que el camino hacia la libertad era inevitable. No fue así.
Hoy las pulsiones autoritarias anidan también en democracias consolidadas. EE UU ni siquiera esgrime la bandera de los derechos humanos y el pluralismo cuando invade o bombardea países como Venezuela o Irán. En Europa prosperan los partidos que cuestionan la separación de poderes o los derechos fundamentales. Un sondeo publicado en noviembre detectó que, en España, casi una cuarta parte de los jóvenes cree que a veces puede ser preferible un régimen autoritario. La democracia pierde prestigio. Una lección de Hungría es que la unión amplia de los demócratas puede derrotar a los autoritarios. Pero serán sobre todo las elecciones legislativas de noviembre en EE UU las que servirán para medir la capacidad de un sistema de división de poderes para resistir a los embates del trumpismo. La recesión democrática no es irreversible.


























































