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columna

El Dragon Khan social de Carlos Peguer

El joven ‘influencer’ ha comprado su piso soñado, y ha aprovechado para decir que no se lo merece y denunciar un mercado inmobiliario demencial

Mariang Maturana y Carlos Peguer, de 'La Pija y la Quinqui'. ATRESMEDIA

Carlos Peguer, coautor del podcast La pija y la quinqui e influencer, ha cumplido a los 27 años su sueño de comprarse un piso en Chamberí, uno de los barrios más caros de Madrid. Es un apartamento de 60 metros, con ladrillo visto, vigas de madera y unos balconcitos que lo llenan de luz. Ha costado tanto que no se ha atrevido a decirle el precio a sus padres. Eso no quiere decir que no pueda permitírselo: él y su cofundadora en el podcast, Mariang Maturana, han protagonizado uno de los casos de éxito súbito más espectaculares de los últimos tiempos, y han sabido rentabilizarlo haciendo publicidad para marcas en sus redes. En pocas semanas, y con 22 años, pasaron de contar sus dramas amorosos en la cocina de ella a entrar en la lista de podcasts más escuchados en España. El capítulo con Pedro Sánchez fue clave en su campaña, acercándolo al votante joven, y han entrevistado a Rosalía o Almodóvar. A pesar de su evidente inteligencia (o mejor dicho, gracias a ella), Peguer tiene claro que no se lo merece, que los sueños no siempre se cumplen, que ha podido adquirirlo por su posición privilegiada y que ha tenido mucha suerte. “He trabajado para llegar hasta aquí, pero igual que trabajan todos mis amigos, familiares y conocidos que echan cientos de horas a la semana en oficinas y de cara al público, y no me lo merezco ni una pizca más”, ha dicho en Instagram. En el vídeo donde muestra la casa, denuncia un mercado inmobiliario demencial que “hay que intervenir”. Su anuncio está siendo muy debatido en redes esta semana, y las reacciones oscilan entre la alegría (“hemos hecho famosa a la gente adecuada”) y la sorpresa porque la fama y el dinero den para tan pocos metros cuadrados, y además con hipoteca.

En un texto publicado en Substack, y ya de forma más íntima, Peguer confiesa el agobio que le produce algo que debería hacerle una ilusión desmedida. No posee el soporte de una familia con dinero, y aún le queda una deuda de 30 años por delante. Acuña un concepto que me parece clave para entender no sólo lo que le ha pasado a él, sino también la inestabilidad económica y emocional de un mundo que ha cambiado, y que afecta incluso a sus triunfadores: el Dragon Khan social. “Siempre se nos ha hablado de que no existe el ascensor social, pero creo que este nuestro internet ha creado algo parecido al Dragon Khan social: una montaña rusa que permite ponerte en un puntito un poco más alto de forma rápida y fácil para luego devolverte al punto de partida”. Calcula que le quedan unos cinco años para bajar.

En su ensayo recién publicado Hijos del optimismo (Debate, 2026), María Álvarez explica lo que él practica: que los influencers son los nuevos emprendedores del sistema porque dominan un mundo que buena parte de la sociedad, anclada a la economía material, ya no entiende, lo que produce su resquemor. Para la autora, el discurso de la meritocracia, útil durante buena parte de la historia y especialmente durante la Revolución Industrial, es en este siglo una trampa mortal porque ha dejado de funcionar. En un mundo que cambia tan rápido, esforzarse “significa bloquear la intuición, ignorar las señales del entorno y persistir en lo que uno esté haciendo, aunque se haya quedado obsoleto”. Peguer, con su hallazgo lingüístico brillante, es muy consciente de este cambio. Cuando ni que te toque la lotería ni alcanzar lo más alto de tu profesión garantiza poder comprarse un buen piso sin preocupaciones es que han cambiado hasta nuestros sueños.

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