El fin de la impunidad digital
Las multas a Meta y Google por utilizar algoritmos diseñados para crear adicción abre el camino a una regulación inexcusable


Durante años, Silicon Valley se ha amparado en la ley que establece que las compañías no son responsables del contenido generado por sus usuarios y ha defendido que la tecnología es neutra y que los algoritmos solo persiguen mejorar la experiencia de navegación. Esta semana, sin embargo, un jurado de Los Ángeles ha dictaminado que las aplicaciones de dos de las grandes tecnológicas, Meta y Google, son adictivas, que han sido diseñadas expresamente para mantener a los usuarios enganchados y que sus propietarios han sido negligentes en la protección de los niños y adolescentes que las utilizan. En otro caso en Nuevo México, un jurado ha condenado a Meta —matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram— por no haber prevenido la explotación sexual infantil en sus plataformas.
Se trata de dos sentencias sin precedentes —y con implicaciones de alcance global— que responsabilizan a las compañías por los daños causados por sus decisiones de diseño, en lugar de por el contenido que alojan. El fallo de Los Ángeles constata que las técnicas de navegación que aplican las empresas de redes sociales para ganar afluencia —el scrolling infinito, las recomendaciones algorítmicas, los vídeos de reproducción automática o los filtros de belleza— impiden poner límites claros al tiempo de uso y favorecen dinámicas adictivas que afectan especialmente a los menores. De ahí deriva su responsabilidad.
Tras años de preocupación por parte de padres y autoridades, las tecnológicas han acabado por implantar herramientas, principalmente destinadas los progenitores, con el fin de proteger a los menores y restringir el acceso a determinados contenidos. La justicia acaba de dictaminar que esas medidas son claramente insuficientes. El veredicto de Los Ángeles da la razón a países como Australia, Francia, Dinamarca o España, que quieren prohibir el acceso a estas aplicaciones a los menores de 16 años. El uso creciente de las redes en la última década y media ha coincidido con un aumento exponencial de los niveles de depresión, ansiedad y otras enfermedades mentales entre los menores. Y pese a la dificultad para establecer una relación directa entre estos dos hechos, se amontonan las pruebas contra un ecosistema digital que amplifica las vulnerabilidades en una etapa especialmente sensible del desarrollo.
Las repercusiones financieras de estos casos son leves para empresas con ganancias milmillonarias. El fallo de Los Ángeles condena a Meta y a Google a pagar en daños compensatorios a la denunciante tres millones de dólares cada una; la sentencia de Nuevo México obliga a la compañía de Mark Zuckerberg a desembolsar 375 millones de dólares. En 2025, Meta alcanzó un beneficio neto de 60.458 millones de dólares; 132.172 millones en el caso de Google. Sin embargo, ambos veredictos pueden sentar las bases para las más de 3.000 demandas de particulares y familias que siguen pendientes en los tribunales. De hecho, las plataformas TikTok y Snap llegaron a un acuerdo extrajudicial con los demandantes para evitar enfrentarse a la batalla legal.
La historia está plagada de fallos millonarios contra empresas que han sobrevivido a cuantiosas multas y han seguido haciendo negocios como si nada. Pero también hay una larga lista de compañías y sectores que se ven obligados a cambiar la composición de sus productos tras una ola de sentencias en su contra y cuya percepción por parte de la sociedad cambia radicalmente tras las evidencias demostradas en esos juicios. Pasó con las tabaqueras y podemos estar asistiendo al principio del fin de la era de las redes sociales tal y como las conocemos. Es decir, impunes.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































