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CARTAS AL DIRECTOR

La muerte de la infancia no puede normalizarse

Las lectoras y los lectores escriben sobre las víctimas de la guerra en Oriente Próximo, las consecuencias económicas del conflicto, la crisis de la vivienda y los 90 años de Manuel Vicent

El brazo de un niño fallecido en el bombardeo de la escuela en Minab, en el sur de Irán, emergía de los escombros del centro el pasado 7 de marzo. Associated Press/LaPresse (APN)

Hay algo profundamente roto en una sociedad que empieza a aceptar como una noticia más la muerte de criaturas tratadas como daño colateral en guerras y conflictos armados que castigan a la población civil y desgarran de forma especialmente cruel la vida de niños, niñas y adolescentes. La infancia encarna lo más frágil, valioso y digno de protección de la vida humana. No decide las guerras, no entiende de odio, codicia ni poder. Y, sin embargo, recibe su golpe más cruel. Quizá la derrota moral de nuestro tiempo no sea solo la violencia, sino la costumbre de que la pérdida de la infancia deje de interpelarnos y de que su muerte se diluya en cifras y termine confundida con el ruido de fondo del mundo. Erich Fromm decía que la libertad solo tiene sentido cuando se pone del lado de la vida. Todo lo que se aparta de ahí como la fascinación por la fuerza, la indiferencia ante el sufrimiento o el desprecio por la fragilidad es deshumanización. Como sociedad, como humanidad, no deberíamos permitirnos aceptar como normal lo intolerable. Cuidar y proteger a la infancia no es una cuestión ideológica, sino el deber moral más básico de cualquier civilización.

Raquel Páez González. Albacete

Guerra, muerte y gasolina

La muerte, la destrucción, son consecuencias de una guerra que no es nuestra. pero cuyos efectos sufrimos a diario: sube la gasolina, y con ella los transportes, la compra, la electricidad. De eso sí que oigo miles de quejas y muy pocas de los miles de muertos o desplazados, edificios destruidos; solo son noticias del telediario olvidadas según acaba y empiezan los deportes. Yo puedo apretarme el cinturón por la carestía del momento, pero habitantes de Irán o Líbano (sin olvidar los de Gaza, aunque ya no están en primera página de los periódicos) ya no tienen cinturón ni cintura que apretarse.

Lourdes Baeza Ruiz. Madrid

Inquilinos asfixiados

Cuando un casero se apresura un viernes a enviarte el contrato de renovación con cuatro meses de antelación para su firma inmediata, bajo amenaza de no renovarlo y te obliga a hacerlo o te vas a la calle, eso es no tener ética alguna. ¿Por qué? Porque se hablaba del decreto de prórroga y el hombre quería asegurarse una subida del 38% después de cinco años sin ningún incumplimiento e inquilinas ejemplares. Es cierto que no ayudan los fondos buitre, los grandes tenedores, la legislación, la ínfima disponibilidad de vivienda social y la política. Pero si como personas somos capaces de hacer eso, es lo que nos merecemos como sociedad mientras no cambiemos revisemos valores. Y no habrá solución mientras haya gente, particulares sin más, pensando solo en lucrarse a costa de la situación que a otros asfixia.

Rafael Amigo Quintana. Sevilla la Nueva (Madrid)

Feliz aniversario

Estos días, estoy celebrando dos aniversarios. Los 50 años de EL PAÍS y los 90 de Manuel Vicent. Para mí no existirían el uno sin el otro. Me encontraba haciendo la mili a finales de los setenta en el cuartel de El Goloso, a las afueras de Madrid, y tenía un amigo que era voluntario, estaba terminando Derecho y por la tarde se iba a su casa y regresaba al día siguiente con el EL PAÍS bajo el brazo. Yo entonces y ahora era lector de El Correo pero no podía conseguirlo a diario y cuando un día me prestó su periodico sucedió como en una novela romántica, surgió un flechazo que sigue hasta el día de hoy. Sigo siendo fiel lector del periódico y rendido admirador de Vincent. Muchas felicidades a los dos.

Joaquín Manuel de la Concepción. Guecho (País Vasco)

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