El oxímoron de Guardiola
Ver a la candidata del PP a la presidencia de Extremadura es ver en vivo y en directo cómo se doblega a una mujer hasta la humillación


Ver a María Guardiola hablando del feminismo de Vox, con la expresión aséptica, sin rastro alguno de todo lo que dijo antes, de todas las veces que señaló el machismo de los de Santiago Abascal, es ver en vivo y en directo cómo se doblega a una mujer hasta la humillación. Como si una mano en la nuca le hundiera la cara en el barro. Se la somete a ella, pero en esa degradación pública también hay un mensaje para todas: un ahorcamiento en la plaza pública para que quede claro quién manda y qué le va a pasar a la que se atreva a desafiar el poder patriarcal. Que en este caso viene de Génova por mandato de los ultras.
Nos hemos acostumbrado a que los políticos renuncien a su ideología y sus principios para conservar la silla y el sueldo y el poder, y aun así el caso de Guardiola es sangrante. Tragando con las exigencias de Vox, lo que hace es traicionar los 300 años de historia del feminismo que le ha permitido tener voz propia, votar y ser representante política; pero también tener derecho a ser tan persona como un hombre, a amar a quien quiera, a estudiar y trabajar, a la igualdad salarial, a decidir sobre su propio cuerpo y a tener soberanía sobre su propia capacidad reproductiva. Lo más grave es que se vende a cambio de un precio muy alto: el de darles la espalda a las víctimas de violencia machista. A las golpeadas y vejadas, a los niños que viven en ese infierno dentro de las casas, a las asesinadas y a las que no han podido escapar de la cárcel del maltrato. Tanto la ley contra la violencia de género como los recursos destinados a atender a las víctimas pueden y deben ser mejorados, pero imaginar que ese avance pueda ser derogado es imaginar el infierno. No sé si Guardiola tiene hijas o hermanas, pero espero que nunca tenga que afrontar el dolor de ver a las que más quiere sufriendo esa realidad tan terrible. ¿Le vale la pena sacrificar todo lo ganado en igualdad por seguir en el poder? En unos años ella ya no será presidenta y dejará atrás esta etapa; pero las consecuencias de su pacto serán irreversibles para muchas mujeres.
Llevo desde pequeña observando la violencia y reflexionando sobre ella; y hace mucho que entendí que, si sigue existiendo y no parece terminar nunca, no es tanto por la fuerza de los verdugos sino por la complicidad de los que, al presenciarla, no dicen nada. La indiferencia se vuelve aquí complicidad y la traición de Guardiola traerá más mujeres asesinadas.
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